Cercar en aquest blog

dimecres, 21 de juny de 2017

Agustín Remiro Manero. 1942.


Hoy se cumplen los 75 años de la muerte de Agustín Remiro Manero, un tipo que recibió honores de las máximas autoridades de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos. Honores que rechazó. Las autoridades de por aquí abajo siempre han estado por otras cosas y a tipos como Agustín Remiro les conceden el honor de la fosa común.

Agustín Remiro Manero nació el verano de 1904 en Épila, en una familia campesina. Nacer en aquella casa no era ninguna novedad, lo hicieron 12 criaturas. Vivir ya empezaba a serlo. Sólo 5 sobrevivieron. Igual por eso Agustín hizo de la vida su lucha.

Había que doblar la espalda en el campo y fue poco a la escuela, lo justo para aprender a leer y empezar a devorar libros y periódicos. Leyendo se enteró de la Revolución de 1909 en Barcelona y el asesinato institucional de Ferrer i Guàrdia. Y se reconoce libertario. A los 15 años se afilia a la CNT y a los 21 lo mandan a la guerra colonial de Marruecos. No leva muy bien el autoritarismo y lo meten en un batallón disciplinario.

De regreso a Épila, dos años después, vuelta al trabajo en el campo y en la azucarera del pueblo. Y vuelta a la militancia clandestina, que son tiempos de Primo de Rivera. Caído el dictador, Remiro se convierte en una presencia popular allí donde se habla de revolución en la ribera del Jalón. En 1933 se casa con Francisca Rodríguez, por lo civil, la primera boda civil en Épila. Tendrán dos hijos, Germinal y Bienvenida.

El golpe de Estado fascista lo pilla en la siega, en Used. Sale a toda mecha para Épila a defender la República. Poco pueden hacer unas cuantas pistolas y bombas caseras contra el Ejército. El 26 de julio, de madrugada, deja el pueblo para huir a zona republicana. Una buena decisión. El 4 de agosto entran los fascistas y fusilan a un centenar de vecinos.

Tras varios días de caminata y escondiéndose a salto de mata, Remiro consigue llegar con otros a las líneas republicanas en Tardienta. Agustín se alista de inmediato en la Columna Durruti como responsable de centuria. Será integrante del grupo La Noche, que opera tras las líneas enemigas para rescatar a gente de la zona fascista, y luego del grupo Los Iguales, que a las tareas de evasión suman arriesgadas acciones de sabotaje.

En el frente de batalla participa en la toma de Fuendetodos, la ofensiva sobre Zaragoza y las tomas de Belchite y Teruel. Cuando los fascistas llegan a Vinarós partiendo la zona republicana en dos, Remiro y sus compañeros confederales se integran en el Ejército del Este, creando el Batallón de Ametralladoras C, el 'Batallón Remiro', integrado por guerrilleros anarquistas que en teoría disponía de cierta autonomía respecto al Estado Mayor.

La práctica es otra y prácticamente son aniquilados en misiones absurdas, con los fascistas delante y los comisarios stalinistas detrás. En la toma del Vértice Esplà, una de esas misiones suicidas, o mejor dicho, homicidas por parte de los mandos; Remiro es evacuado al hospital con el cuerpo lleno de metralla.

Cuando se reincorpora al frente la mayoría de sus compañeros del batallón original están muertos o dispersados en otras compañías. Apenas le dará tiempo a emprender la retirada en el frente del Segre y acabar pasando a Francia, para ser escupido a los campos de Argéles y Mazeres. Se escapa.

En Francia contacta con Francisco Ponzán y forma parte de su grupo de evasión y resistencia a través de los Pirineos. El grupo de Ponzán salvará miles de vidas. El mismo Remiro carga a sus espaldas a Albert Blumel, secretario de Leon Blum, para ponerlo a salvo en Andorra.

Agustín Remiro hace de enlace con la embajada británica en Lisboa, aprovechando su paso por España para actividades de propaganda. En enero de 1941 es detenido en Portugal por la PIDE de Salazar. Interrogado bajo tortura, no dirá nada y deciden entregarlo a las autoridades españolas.

Agustín Remiro pasa meses en una celda de 2 metros por metro cincuenta en la cárcel de Porlier, Madrid, hasta que el 27 de abril de 1942 lo condenan a muerte. Agustín tiene muy claro que sobre su vida sólo decide él. El 21 de junio de 1942, aprovechando la hora de la misa, salta el muro de la prisión. Unos vecinos dan la voz de alerta y una patrulla dispara, hiriéndole.

A trompicones, consigue llegar a un inmueble cercano y subir hasta el cuarto piso. Antes de ser apresado de nuevo ejerce un último acto de libertad y resistencia a la autoridad. Se arroja el vacío. Aún no había cumplido los 38 años. En uno de esos ejercicios de cinismo tan propios del franquismo, el 30 de junio los jueces militares le conmutan la pena de muerte por la inferior en grado.


dimarts, 20 de juny de 2017

Lillian Hellman. 1905.


Herir a personas inocentes a las que conozco y quiero desde hace años para salvar mi vida, me parece inhumano, indecente y deshonroso.

Un 20 de junio nacía Lillian Hellman, en Nueva Orleans. Si en 1905 o 1906 importa poco. La familia importa más. Padre zapatero, judío. La mamá de buena familia venida a menos en casi todo menos en humos y ademanes. Buena parte de sus palabras escritas son un ajuste de cuentas con esa parte del árbol familiar, petulante fruta podrida. Para un ajuste de cuentas puedes armarte de palabras y parapetarte en tu escritorio o armarte con un fusil y parapetarte en lo alto de un tejado con vistas a la avenida principal.

En pleno proceso de separación de su marido, Arthur Koeber, agente teatral y periodista, llega a Hollywood y en un restaurante le presentan a Dashiell Hammett, que arrastra una borrachera de cinco días y que amplían codo a codo cinco días más. Siempre estarán juntos, a su manera, que Hammett es un redomado alcohólico mujeriego en camino sin retorno hacia la autodestrucción. Pero es también un tipo comprometido e íntegro, comunista, que al frente de la Liga de Escritores Americanos se enzarzará contra los verdaderos enemigos de la democracia y la infame sombra del senador Joseph McCarthy y su becario Richard Nixon.

Lillian Hellman también estará ahí, sin arrugarse, pagando un alto precio, perdiendo los privilegios conseguidos con obras como The little foxes (La loba) y sus alimañas sureñas o The children's hour (La calumnia) y esa repugnante niña que destroza a dos profesoras acusándolas de lesbianismo. Es ya una autora incómoda, vetada en varios estados, que se pone al lado de los humillados.

Colabora con la Liga Anti-Nazi y viene a España en 1937 en defensa de la II República, dejando el documental The spanish earth. No era el mejor pasaporte para los tiempos que se venían en Estados Unidos, esos que parecen que están cambiando pero siempre acaban volviendo.

No dejó de escribir hasta su muerte, en 1984, en Cape Code, la dignidad intacta, la que le permitió cruzar el valle de las sombras del macarthysmo para sumergirse en la lucha por los derechos civiles. Quizás su obra literaria, a diferencia de la de Hammett, al que cuidó en sus últimos días, no pasará a la posteridad con pátina de clásico, pero su compromiso, nunca rebajado, como el whiskey que trasegaba, vale para todos los tiempos.

dimarts, 13 de juny de 2017

Valerio Isca. 1996.


No se dejen llevar por los estereotipos. Valerio Isca nació en Sicilia, hijo de siciliano y napolitana, y se fue a vivir a New Jersey, donde los Soprano, y nunca de dedicó profesionalmente a eso de la corrupción ni despachó en Génova, por poner un ejemplo.

Tercero de seis hermanos, apenas pudo pasar seis años en la escuela de Calatafimi, que al cumplir los 11 se le murió el padre y entró a trabajar de molinero. Compaginó como pudo con la escuela nocturna, hasta que al cumplir los 18 le llaman a filas para llevarlo a las trincheras. A veces la vida tiene unos regalos de cumpleaños...

Entre una y otra cosa se hizo socialista y al cumplir los 22 se fue con su hermana mayor a New Jersey. Mecánico, peón caminero, metalúrgico... cualquier trabajo era bueno para llevar adelante una vida honesta, la honestidad que le llevó a participar activamente en las campañas en defensa de la inocencia de Sacco y Vanzetti, mientras caían en sus manos lecturas de Kropotkin y Malatesta y recibía en sus brazos el amor de Ida Pilat, con quien se instalaría en Brooklyn.

Valerio e Ida se conocieron en el centro cultural que los libertarios españoles tenían en New York y se amaron el resto de sus vidas. El anarquismo ya es un poco eso, amarse, y Valerio siempre se opuso a la violencia y el individualismo. En su casa acogieron a Armando Borghi, a quien lo mismo persiguen en la Unión Soviética que en Italia que en Estados Unidos, que busca escondite mientras andan tramitando su expulsión del país. También participarán en las campañas contra las expulsiones de Domenico Sallitto y Vincenzo Ferrero.

Entre una y otra cosa, Valerio e Ida, miembros del grupo Road to Freedom, se irán a vivir a la colonia libertaria del lago Mohegan, teniendo como vecinos a Rudolf y Milly Rocker y sintiéndose muy cerca de Henry David Thoreau y de Francesc Ferrer i Guàrdia, colaborando en la Escuela Moderna de Stelton y escribiendo en el periódico antifascista Controcorrente.

Valerio Isca, enfermo de Parkinson, y su compañera Ida Pilat, estuvieron en la fundación del Libertarian Book Club. Ida Pilat, aquella muchacha judía de Odessa a la que Valerio conoció en los años 20, moría en 1980. Valerio Isca, aquel hijo de siciliano y napolitana, le escribió una hermosa carta que publicó en 1981 y la sobrevivió 16 años sin dejar nunca de dar largos paseos con ella. Valerio Isca murió el 13 de junio de 1996 en New York, en paz, como dicen que mueren los que han amado mucho. Y no es un estereotipo, es una actitud. 

dimarts, 6 de juny de 2017

Josep Barceló Cassadó. 1855.


El 6 de mayo de 1855, en una Barcelona tomada militarmente, una multitud se agolpa indignada en la plaza del portal de Sant Antoni, en Barcelona. Han venido a despedir a Josep Barceló Cassadó, que llega saludando entre aplausos y fumándose un buen cigarro. Nadie diría que van a ejecutarlo al garrote vil. Lo ejecutan.

Josep Barceló Cassadó había nacido el año 1824 en Mataró y llevaba toda su vida trabajando en el textil como hilador. La industrialización del sector estaba llevando al paro y la precariedad, aún más, a hiladores y tejedores. Así que Barceló empezó a defender los derechos laborales de su clase desde la Sociedad de Hiladores y de Tejedores de Algodón, ya fuera desde la presidencia o desde el sector más radical y combativo de la Unión de Clases, intento de unir i coordinar reivindicaciones.

En julio del 1854 estalla el conflicto de las selfactinas, máquinas automáticas que aumentaban la producción y dejaban a obreros en la calle. Y la calle es para manifestarse. Los obreros afectados, encabezados por Barceló y otros compañeros como Ramon Maseras o Josep Nogués, se manifiestan primero con virulencia y se les va un poco la mano destruyendo maquinaria y quemando talleres.

Tras la muerte de un propietario y su hijo en el incendio de un taller por un lado y seis obreros fusilados en la vía pública por otro, los ánimos se van calmando y dan paso a las negociaciones entre una comisión liderada por Barceló y el capitán general de Barcelona, Ramón de La Rocha, que el 25 de julio acaba emitiendo un bando prohibiendo las selfactinas.

Josep Barceló, un tipo popular y que se hace querer, es elegido capitán de la Milicia Nacional. La Milicia Nacional es un cuerpo armado de ciudadanos que eligen a sus propios mandos. Suelen funcionar cuando los liberales está en el gobierno y son disueltos cuando entran los conservadores, que la ven como un peligro por su tendencia a alinearse con la ciudadanía frente al Ejército.

Antes de acabar el año, también por votación popular, es elegido como compromisario en las elecciones que designarán al alcalde y concejales del Ayuntamiento, entrando por su mano en el consistorio Ángel Chufresa, Joan Miralles y Antoni Flotats, dirigentes obreros de talante moderado.

En marzo de 1855 hay relevo en capitanía general, ocupada interinamente por Juan Zapatero y Navas, curtido en las guerras carlistas y conocido en la ciudad por haber participado con el grado de coronel en el sitio de Barcelona de 1843. Viene con ganas. En poco tiempo levanta la prohibición de las selfactinas, prohíbe para compensar las asociaciones obreras y manda detener a Josep Barceló.

A Barceló se le acusa de un asesinato cometido en la masía de Sant Jaume, en Olesa de Montserrat, el 29 de marzo. En realidad los autores materiales de la muerte del hijo del propietario de la masía, a los que han torturado y quemado para que les digan dónde están las joyas, son Joan Poyo, antiguo capitán carlista, Francesc Arqué, Antoni Aguiló, Jaume Torres, Antoni Geis, Maties Valldeperas y Josep Duran. Los siete individuos, que iban disfrazados de mossos d'esquadra cuando cometieron el crimen, serán ejecutados.

No hay ninguna prueba para inculpar a Josep Barceló, así que Juan Zapatero le endilga la inducción moral de los hechos y lo condenan a muerte el 4 de junio de 1855. Lo asesinan dos días después. La ciudad de Barcelona decide tributarle el mejor homenaje posible y a los pocos días se convoca huelga general, la primera vez que pasa en España, y también se forma la primera manifestación encabezada por una bandera roja. La Milicia Nacional se niega a cargar contra los manifestantes.

Una comisión de obreros partirá a Madrid a negociar con Espartero el cese de l represión, la libertad de asociación y la jornada de 10 horas. Cuando vuelven es para embarcar directamente a Cuba como carne de cañón por tanta desfachatez. La represión irá in crescendo, llegando a cotas inauditas en julio del año siguiente.

A Juan Zapatero y Navas, una vez llegada la Restauración y por sus servicios prestados como asociado de la muerte, le nombrarán marqués de Santa Marina y senador vitalicio por Zamora. A Josep Barceló Cassadó basta con nombrarle para rendirle homenaje. La primera obra del Teatre Lliure, 'Camí de nit, 1854', escrita y dirigida por Lluís Pasqual, estrenada el 2 de diciembre de 1976, así lo hace.

dimecres, 31 de maig de 2017

Bombardeo Almería. 1937.


Nosotros creemos que la acción alemana en Almería es una forma mejor de defender el mundo civilizado del bolchevismo que meras discusiones en Londres. Essen National Zeitung.

El Comité de No Intervención creado para acotar la guerra de España dentro de sus fronteras era básicamente el Comité de Mirar para Otro Lado mientras algunos intervenían. Digamos que Alemania e Italia no le hacían ascos a la sangre mientras Gran Bretaña y Francia le hacían ascos a la democracia y la Unión Soviética iba haciendo sus aportaciones a la II República.

Buques de las potencias europeas patrullan las costas españolas para evitar ayudas militares a los bandos enfrentados. En teoría, porque los buques alemanes e italianos impiden al paso a cualquier sospechoso de alimentar la II República mientras colaboran en el suministro al esfuerzo bélico de los militares levantados en armas.

El 29 de mayo de 1937, aviones Tupolev SB-2 le dan dos viajes al crucero alemán Deutschland, anclado en la rada de Ibiza. Se supone que los pilotos son soviéticos, que a la vez suponen que le han dado una buena lección al crucero Canarias. A Hitler no le sirve la excusa y monta en cólera, algo ya habitual, y tampoco le importa un huevo, el que le queda, si el barco ha disparado primero a los aviones. Pequeños detalles al margen, lo cierto es que el buque de guerra alemán viola el Pacto de No Intervención, pasándose por sotavento las normas establecidas en una zona de patrullaje francés.

Un Hitler hiperventilado quiere bombardear Valencia, sede del gobierno republicano, como vendetta. Su ministro de Asuntos Exteriores, Konstantin von Neurath, le aconseja cambiar de objetivo, no vaya a entenderse un bombazo en pleno Consejo de Ministros republicanos como una declaración de guerra antes de tiempo. Y le sugiere bombardear Almería, ciudad sin apenas defensas y que posibilita una masacre discreta más llevadera para las democracias.

La madrugada del 31 de agosto de 1937, hoy se han cumplido 80 años, el acorazado de bolsillo Admiral Scheer y los destructores Albatros, Leopard, Seeadler y Lluchs entran por Cabo de Gata hasta la altura de Roquetas y viran en dirección Almería poniéndose en línea de combate a 12 kilómetros de la costa. Y puestos a romper el alba lo hacen a lo desfile de Nuremberg, abriendo fuego sin previo aviso sobre la ciudad. Cañonean durante treinta minutos sin interrupción y diez minutos más en intervalos de dos minutos, haciendo interminable el cese del horror. Disparan en abanico y en parábola, es decir, barriendo toda la ciudad desde primera línea de mar hacia el interior.

La escuadra alemana sale por Cabo de Gata rumbo a la zona del estrecho dejando una veintena de muertos, medio centenar largo de heridos y numerosos edificios destruidos, con impactos en la catedral, escuela de artes, Ayuntamiento y Cruz Roja Internacional. No hay más muertes porque buena parte de la población, que ya ha sufrido otros bombardeos, duerme en las afueras. Almería, alejada del frente, sin ningún interés estratégico militar, será bombardeada hasta en 52 ocasiones por su fidelidad a la II República.

Indalecio Prieto y Vicente Rojo son partidarios de atacar a la flota alemana en el Mediterráneo y provocar una reacción internacional en cadena para parar al fascismo. Se quedan solos en su propuesta y se impone la vía de la protesta diplomática que sirve al III Reich para ir ampliando su stock de confeti.  

La mayor parte de la opinión pública internacional se escandaliza y condena el ataque alemán sobre la población de Almería mientras sus respectivos gobiernos prefieren mirar hacia otro lado para no provocarle más prontos a Hitler, que esa noche duerme como un bebé. Las democracias parlamentarias siempre han sido más parlamentarias que democracias, esa ética que suele ser bombardeada a menudo desde un destructor.

Anthony Eden, ministro de Asuntos Exteriores británico, hace un llamamiento a no perder la flema por un puñado de españoles con hambre atrasada y el embajador británico en Berlín, sir Neville Henderson, pide por San Jorge que nadie les haga un favor a los rojos liándola por 200 bombas sobre Almería. En tres años las bombas empezarán a caer sobre Londres.

dimarts, 30 de maig de 2017

Felix Cadras y Jacques Decour. 1942.


¡Bien propio de vosotros y de vuestra vergonzosa empresa! Concebida de noche y de noche ejecutada. Bien hace en ocultarse este insolente acto de injusticia. Avanza osadamente, tú, el que trae la espada envuelta en su capa; aquí está mi cabeza, la más libre que jamás haya segado de un tronco la tiranía.
Egmont. J.W. Goethe.

Poco podrían imaginar Felix Cadras y Jacques Decour, atendiendo a sus dispares orígenes, que algún día podrían llegar a coincidir en la vida. Felix Cadras había nacido en 1906 en Calais. Cuando tenía nueve años le mataron a su padre en las trincheras de la Champagne, y como su padre acabó trabajando diseñando dibujos para encajes. Jacques Decour, nacido Daniel Decourdemanche en 1910, hijo de una acomodada familia de agentes de cambio, estudió en buenas escuelas y fue a la Universidad, primero para empezar Derecho y luego para abrazar su gran pasión, la literatura alemana que tanto amaba.

Felix Cadras, antimilitarista, se afilia a las Juventudes Comunistas con 17 años y escribirá el texto 'Unión para salvar Calais de la miseria' tras un detenido estudio sobre las causas que están provocando el hundimiento de la industria de los encajes que ha mantenido viva la zona. Jacques Decour también escribe, y a los 20 años publica su primera novela, Le sage et le caporal, ejerciendo de profesor de francés en Magdeburg y empezando una carrera literaria que le convierte en una de las grandes realidades de la literatura francesa.

Cadras, concejal en Calais, es nombrado miembro del comité central del Partido Comunista en 1937, el mismo año en el que Decour entra en el Partido Comunista, ejerce de profesor de alemán en el instituto Rollin de París y es nombrado jefe de redacción de la revista Commune bajo la dirección de Louis Aragon. La vida los va acercando, al fin y al cabo uno escribe palabras sobre el blanco del papel y otro formas sobre el blanco de la tela para encajes.

Cadras y Decour son movilizados cuando Alemania invade Francia. La unidad de Cadras se mete entre pecho y espalda 400 quilómetros a pie para evitar caer prisioneros de las tropas alemanas. Cuando son desmovilizados, Cadras y Decour entran en la Resistencia.

Felix Cadras se emplea a fondo en tareas de organización y reclutamiento, Jacques Decour crea la revista La Pensée Libre, la publicación clandestina más importante de la Francia ocupada, y prepara la edición de Lettres Françaises. Dice mucho, bajo ocupación nazi, resistir desde las letras y la belleza publicando una revista de literatura.

Cadras y Decour son detenidos en febrero de 1942 por efectivos de la policía francesa. Cadras tendrá el privilegio de ser apaleado en los calabozos por el mismísimo ministro de Interior del gobierno de Vichy, el infecto Pierre Pucheu. Serán torturados durante días sin delatar a nadie, Decour encerrado en la Santé y Cadras encadenado y aislado en Fresnes.

Durante la madrugada del 30 de mayo de 1942, hoy hace 75 años, Felix Cadras, a quien se ha prohibido la gracia de escribir una carta de despedida, consigue garabatear unas letras en el pañuelo que mete en el dobladillo del abrigo, un sencillo bordado que acabará llegando a su esposa y dos hijas pequeñas. 'Quereos bien. No os aisléis. Mis hijas han de disfrutar de todas las alegrías de mañana. Podéis estar orgullosas de mí. No he faltado e mis ideales. Decídselo a nuestros amigos tan queridos. Os quiero con todo mi corazón. Y si tengo que morir hasta el final esteréis cerca de mí, mis queridas, mis queridas. Mayo es siempre esperanza'.

Durante la madrugada del 30 de mayo de 1942, hoy hace 75 años, Jacques Decour, escribe una carta de despedida a sus padres, recomienda a sus alumnos de primero de alemán la última escena del Egmont de Goethe que él ha traducido y dedica las últimas palabras a su hija, a la que no ha visto en sus dos años de clandestinidad. 'Mi querida pequeña Brigitte, tu papá no te ha visto demasiado desde hace algún tiempo; pero ha pensado mucho en ti. Trabaja mucho y procura ser una buena pianista. Piensa a menudo en tu amigo y papá, y en todos los buenos ratos que hemos pasado juntos. Te beso con todo mi corazón. Te quiero'.

A las nueve de la mañana del 30 de mayo de 1942, Felix Cadras y Jacques Decour se ven por primera vez y se reconocen como iguales antes de ser fusilados en los muros de Mont Valérien. Una escuela de Calais lleva el nombre de Felix Cadras y un instituto de París el de Jacques Decour, que también han bautizado alguna calle. Algunos documentos oficiales dicen que murieron por la Francia, pero no se engañen, vivieron por algo más grande de lo que cualquier país pueda contener en sus fronteras.

dilluns, 29 de maig de 2017

Antonia Fontanillas. 1917.


Hoy se celebra el centenario del nacimiento de Antonia Fontanillas Borrás. Nieta de Francesca Saperas, mujer de puertas abiertas, acogedora, lo mismo en Barcelona, México que en Bueno Aires; y de Martín Borrás, zapatero, primer director de Tierra y Libertad, amante de las palabras que expresan ideas hermosas, acusado sin pruebas, torturado en Montjuïc, muy enfermo se suicidó en la cárcel. Así que no sorprende que Antonia Fontanillas fuera una mujer acogedora y amante de las palabras.

En 1925 emigró con la familia a México, estudiando y devorando libros hasta que expulsan a su padre en 1933. Con los anarquistas suela pasar. De regreso a Barcelona trabaja en una empresa litográfica y forma parte de la CNT y las Juventudes Libertarias. Tras el golpe de Estado fascista quiere coger un fusil para ir la frente. No le dejan y se refugia en las palabras, trabajando en Solidaridad Obrera hasta el final de la guerra.

No le dio la gana marcharse de su casa, y de enero a noviembre de 1945, en su casa de la calle Robadors se juntaban las letras que componían las palabras de los números clandestinos de Solidaridad Obrera que luego se imprimían en un taller de Gràcia. Joan Domènech, José Lamesa, Arturo Benedicto, José Nieto, Marina Herreros, Mario Casasús, Tomás Andrés...compañeros y compañeras de la CNT de Artes Gráficas que se jugaban la piel para mantener vivas palabras que hablaban de ideas hermosas en unos tiempos de pocas palabras y una dictadura cruenta más de ideas fijas.

Gran parte del grupo cae el 7 de noviembre de 1945. Antonia pasa por los calabozos de Via Laietana. No deben asustarla demasiado, porque a inicios de 1946, junto a otros y otras como Manuel Fernández, Miguel Jiménez, Juan Serna, Raul Carballeira, Diego Franco, Pura López o Francisco López, ponen en marcha la publicación clandestina Ruta, que imprimen en el Carmelo. Se tiran unos 2.000 ejemplares por número que costean engañando como pueden al hambre que pasan. El equipo irá cayendo poco a poco y Ruta resiste, a trancas y barrancas, hasta mayo de 1948.

Antonia Fontanillas también se encarga de poner en contacto a compañeros encarcelados con abogados que los defiendan y así conocerá a Diego Camacho Escámez, Abel Paz, que cumple condena en Barcelona tras su paso por los campos de concentración franceses y los batallones de castigo alemanes, y con quien parte al exilio francés y comparte vida hasta 1958.

Instalada en Dreux con su hijo Ariel, nunca dejará de escribir y participar en actividades culturales, formando parte de un grupo teatral y editando Surco, boletín escrito en francés, español y esperanto. Muerto el dictador siempre estuvo dispuesta a dejar oír sus palabras en memoria de Mujeres Libres y de tantos y tantas compañeras apartadas a silencios de la historia. Mujer acogedora, siempre se partió el verbo por la unión de tanto organismo libertario con espíritu de ameba. Antonia Fontanillas murió en Dreux en 2014 habiendo hecho de su vida una idea hermosa.