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dijous, 10 d’agost de 2017

Manuel Pérez Fernández. 1887.


Acumular más de medio centenar de ingresos en prisión en diferentes países no siempre implica que seas una mala persona, a veces más bien todo lo contrario. Manuel Pérez Fernández, del que hoy se celebra el 130 aniversario de su nacimiento en Osuna, era un buen tipo.

La familia de Manuel, con tres generales en nómina, tiraba mucho de rosario. Emigraron a Brasil. En Río de Janeiro estudió en el Liceo de Artes y Oficios y se hizo ebanista, entrando en los círculos libertarios para disgusto de papá, que en su momento consideró una gran lección el asesinato de Francisco Ferrer i Guàrdia. Y en ese momento Manuel decidió marchar de casa.

Metido hasta las cejas en el mundo sindical, Manuel Pérez Fernández participó activamente en la huelga general de julio de 1917 y el intento de revolución de finales de 1918, vapuleado por una epidemia de gripe española que hizo estragos en las clases populares y por los infiltrados en el movimiento, con mención especial para el teniente Jorge Elias Ajus, topo del Ejército y máximo responsable de la estrategia de la rebelión. El intento de revolución acabó con centenares de detenciones y la disolución de los sindicatos.

A Manuel se le empieza a leer en el semanario Spartacus y a escuchar en la organización de diversas huelgas, así que las autoridades decretan su expulsión del país. A finales de 1919 desembarca como polizonte en Vigo para ser detenido al momento por no llevar documentación. Las autoridades españolas le brindan hospedaje en su red de paradores nacionales para díscolos: Prisión Provincial de Vigo, Modelo de Madrid i El Pópulo de Sevilla, desamortizado convento de los agustinos descalzos reconvertido en prisión.

Una vez puesto en libertad se queda en Sevilla para dedicarse a lo suyo, la carpintería y organizar sindicatos. Las autoridades también se dedican a los suyo. Lo detienen otra vez, lo enchironan y lo amarran a una cuerda de presos para desterrarlo a Cabezas Rubias, en Huelva. Hasta la amnistía de 1922, que aprovecha para volver a Sevilla con su compañera Teresa.

Nombrado Secretario de la Federación Local de la CNT de Sevilla, a Manuel Pérez se le ve y se le escucha en actos al lado de Salvador Seguí, Felipe Alaiz y Pedro Vallina. Para disuadirle de tan perniciosas compañías, los de siempre lo destierran a Lisboa, aprovechando para militar en la Unión Anarquista Portuguesa, trabajar por la creación de un sindicato anarquista ibérico y escribiendo en el periódico A Batalha. Y sí, se veía venir, lo expulsan del país y se instala en Francia, desarrollando una incansable actividad sindical en París, Le Havre y Marsella.

Regresa a Huelva con el tiempo justo para ver morir a su compañera Teresa, gravemente enferma, que le deja al cuidado de tres hijas. Necesitado de ingresos consigue enchufarse como ebanista en la construcción del pabellón brasileño de la Exposición Iberoamericana de Sevilla. Lo consigue gracias a su antigua amistad con Paulo Vidal, comisario general de la exposición, que se lo llevará con toda su familia a la Exposición Universal de Amberes como jefe de la oficina de prensa, que para algo le sirve hablar perfectamente español, portugués y francés.

Cuando Manuel Pérez volvió a España fue para quedarse un tiempo en Donosti y crear la Federación Local de Oficiios Varios de la CNT para no perder las buenas costumbres. Las nuevas autoridades de la II República tampoco parecen haber perdido las malas costumbre y le obligan a huir a las Canarias. Y pasa lo que pasa, que en Santa Cruz de Tenerife se pone a dirigir el periódico En Marcha y las huelgas revolucionarias de enero y diciembre de 1933. Lo destierran y lo encarcelan. En Zaragoza.

El golpe de Estado fascista lo pilló a bordo de un barco destino a Mallorca, en manos de los golpistas. Manuel Pérez permanecerá escondido en el isla cuatro meses gracias a la anarquista Julia Palazón, que le conseguirá documentación falsa hasta que pueda escapar primero a Menorca y luego a Valencia. Por su edad, tiene ya 50 años, no irá al frente, salvo en los hechos de mayo del 37.

Al terminar la guerra es detenido en el puerto de Alicante y recluido en los campos de concentración de Los Almendros y Albatera. Su pasaporte brasileño resultó un buen salvoconducto y las presiones del consulado consiguieron embarcarlo hacia Brasil, a Río de Janeiro. La vida da estas vueltas.

Manuel Pérez Fernández siguió en primera línea, promoviendo actos de denuncia del franquismo, fundando y escribiendo en Açao Directa y formando parte del grupo de otro buen tipo, José Oiticica, y colaborando en diversas publicaciones. Murió a los 77 años de edad en una residencia de ancianos de Río de Janeiro, que a él no le ataba ninguna cárcel.


dimarts, 8 d’agost de 2017

Arminio Guajardo. 1936.


Arminio Guajardo Morandeira nació en Madrid, cerca del Palacio Real, en enero de 1899, hijo de militar aragonés del Real Cuerpo de Guardias Alabarderos. Jubilado su padre, la familia se volvió para Zaragoza y allí metieron a Arminio en los maristas.

Padre e hijo nunca tuvieron muy buena relación, con un padre muy autoritario que solucionaba los conflictos al grito de ar! y un hijo que se metió en la Universidad para estudiar Medicina, se metió en los sindicatos de estudiantes y también de paso se metió en la bohemia farandulera e incluso a torero. Arminio se licenció en Medicina y entró como interno en la Maternidad Provincial de Zaragoza, atendiendo a mujeres marginadas y muchas prostitutas. El padre se subía por las paredes, y más aún al saber que se casaba con María Luisa Tejedor, a la que conoció en la Maternidad.

Arminio Guajardo se inscribió en el Colegio de Médicos de Soria en octubre de 1931 y abrió consulta en Almarza. Su mentalidad abierta, su visión humanista de la medicina, sus colaboraciones en la prensa libertaria y su militancia en la CNT, el no cobrar visita a las familias con problemas económicos que lo convertían en una mala influencia a ojos de los caciques locales, empezaron a causarle problemas. En noviembre de 1934 la derechona anda de subidón y el concejal derechista Benito Marín Lamata le insulta y le vacila. Arminio, fino estilista del toreo, le da un quiebro y le suelta un capón. Le costará cuatro meses en la Prisión Provincial de Soria.

Durante el juicio tuvo todo el apoyo del presidente del Colegio de Médicos de Soria, el respetadísimo Juan Antonio Gaya Tovar, médico, profesor, concejal en el Ayuntamiento de Soria en los años 20, hombre de inmensa cultura. Al estallar la guerra se negó a dejar Soria al considerar su deber quedarse a atender heridos sin importar el bando. Detenido y encarcelado por los requetés carlistas que venían de tomar Logroño, fue fusilado sin juicio previo en las tapias del cementerio del Espino el 17 de agosto de 1936.

Arminio Guajardo desempeña una gran actividad cultural en el Ateneo de Documentación Social de Soria junto a Constantina Alcoceba Chicharro, hija de labradores que se metió a servir para pagarse los estudios y acabar siendo la matrona en la Beneficencia Municipal de Soria, imponiendo un trato que no atentara a la dignidad de las pacientes y trabajando en las medidas de higiene. A Constantina la mataron a golpes en la cárcel tras ser detenida por los fascistas en julio del 36. Después de asesinarla, las nuevas autoridades le abrieron expediente de destitución.

A Arminio Guajardo no lo detuvieron. No quería huir, y con la conciencia limpia se entregó en Gobierno Civil. El 31 de julio ingresa en la cárcel de El Burgo de Osma y el 8 de agosto se ordena su traslado a Soria para la práctica de diligencias. Nunca llegó a Soria. Durante el traslado hubo parada y fosa en Calatañazor.

El 8 de agosto de 1936, Arminio Guajardo Morandeira fue fusilado en las afueras de Calatañazor. Lo fusilaron junto a José Buill Rotellar, maestro de Brías; Vicente Soria Soria, maestro de Las Casas; Mariano Cabrujas Herrero, periodista; José Andrés García, camarero, militante de la CNT; y Cayó Begué Astarriaga, conserje del local de la CNT. Los enterraron sin más diligencias, de manera que oficialmente no constaban como muertos.

No se vayan todavía, que el franquismo no se acaba con la muerte. Es la muerte por otros medios. Al no constar como fallecido le siguieron pasando la contribución, que al no ser pagada se tradujo en el embargo de todos sus bienes para ser subastados y cubrir la deuda. También llega expediente judicial acusándolo de pertenecer al Frente Popular y por no responder a la acusación la Comisión Provincial de Incautación de Bienes fija su responsabilidad en 125 mil pesetas. Se lo subastan todo excepto la motocicleta, incautada por el Ejército.

Aún hay más. En enero de 1938 el BOE de Burgos publica una resolución por la que una relación de médicos, asesinados como Arminio, son acusados de haberse ausentado de sus domicilios con posteridad al 18 de julio de 1936 y de haber abandonado el servicio, por lo que, o resucitan y lo aclaran, quedan separados de sus plazas, dejan de existir.

Esperen, esperen. El 7 de mayo de 1941, el Juzgado de Instrucción Provincial de Responsabilidades Políticas de Soria da a Arminio Fajardo un plazo de tres meses para recurrir la sanción que se le impone por rojerío. Y ya está, aquí lo dejo, que ya está bien de remover heridas del pasado de esa guerra que perdimos todos, ¿eh que sí?.

divendres, 4 d’agost de 2017

Amadeu Pagès. 1907.


'Hermano, desearía que cuando fueran más grandes, les enseñes y les des explicaciones a mis hijos de lo que era su padre, diciéndoles la verdad de todo cuanto he hecho y lo que me ha pasado y les puedes decir que hasta el último momento me he portado como un hombre, porque te aseguro que si llega ese momento tan desagradable, lo sabré demostrar'.

Hoy se celebran los 110 años del nacimiento de Amadeu Pagès i Xartó. Nació en Barcelona. A Barcelona había llegado su madre, Dolors Pagès, desde Tivissa, Tarragona. Trabajaba de criada y quedó embarazada de un impresentable que se escaqueó. Madre soltera del pequeño Amadeu, se instaló en Parets. Y en Parets creció Amadeu y Dolors se casó y tuvo más hijos: Simón, Maria, Antonio y Paco.

Amadeu Pagès era asiduo de la Cooperativa La Progresiva y cantaba en la coral Unió Paretense. De oficio tintorero, tipo de buen talante y mediador, Amadeu tuvo un papel destacado en la negociación de mejoras laborales y salariales en la empresa Franco Española, en mayo del 31. Militaba en la CNT.

El golpe de Estado fascista lo pilló con 28 años, casado con Rosa Xicota y padre de un niño, Salvador, y una niña, Llibertat. Amadeu, que en octubre del 34 participa en la ocupación del Ayuntamiento por parte del comité de izquierda revolucionaria, formó ahora parte del comité de milicias antifascistas desde el primer momento.

El 21 de octubre de 1936 toca nombrar alcalde en Parets para asumir unos tiempos difíciles. Amadeu Pagès es elegido alcalde con los votos del los tres representantes de la CNT, los dos de la UGT y el del POUM, con el rebote de los tres representantes de ERC, que se niegan a firmar el acta de constitución.

Amadeu Pagès crea diversas comisiones para afrontar la crisis de la guerra y un fondo de emergencia por si vienen mal dadas. La calle Mayor pasa a llamarse calle de Ferrer i Guàrdia. El Ayuntamiento presta 10 mil pesetas a la colectividad de tierras. También se emprenden reformas en el edificio consistorial (se compra un estufa), medidas de higiene en el matadero, se colabora en la suscripción a favor de las milicia, se oponen a la instalación de un tendido de alta tensión que pasa frente a les escuelas y se idea un plan para construir nuevas escuelas y se ofrecen ayudas a todos los ciudadanos en dificultades económicas para que nadie se quede sin un plato en la mesa.

Amadeu Pagès se esfuerza, y consigue, en meter en el Ayuntamiento para que asuman responsabilidades, a ERC, Unió Rabassaires y Acció Catalana, que aún andan de morros. Pagès dejaría la alcaldía en octubre del 37, harto de esperar préstamos que nunca llegan y cuando los anarquistas están siendo corridos a gorrazos por delante y por detrás.

Amadeu Pagès es llamado a filas en 1938 y mandado a la batalla del Ebro. Su unidad caerá con todo el equipo en La Bisbal de Falset y lo llevan al campo de concentración del seminario de Corbán, Santander. Allí siguen los capones y empiezan los interrogatorios. Confiesa lo que todo el mundo sabe, que milita en la CNT y por un año ha sido alcalde de Parets. Son cuatro vecinos de Parets que buscan rebaja en su condena los que lo acusan de participar en los asesinatos de la familia Piquer (uno de ellos convierte a los Piquer en uno tales Pellicer, que algo habrá oído de refilón) y de quemar santos e iglesias.

Amadeu Pagès no quemó iglesia alguna (de hecho pidió permiso a la Generalitat para poder derribar una iglesia en pésimas condiciones para edifcar alo de más provecho) y fue el responsable de conseguir la libertad de la familia Piquer cuando fueron detenidos intentando cruzar la frontera. Serían asesinados más tarde sin que Pagès tuviera nada que ver. Un Pagès que ayudaría a familias de derechas como los Volart a escapar del pueblo.

Trasladado en abril del 39 a la cárcel de Poble Nou, llegan los informes del alcalde franquista de Parets, Esteve Vila i Padró, y del jefe local de Falange, Mariano Puig, crucificando a Amadeu Pagès. No se tomarán declaraciones a testigos hasta un año después. A esa altura de la película, los vecinos de Parets que hayan servido en el Ejército Republicano y quieran limpiar su imagen y progresar en la vida, tienen a su disposición un formulario para denunciar a quien haga falta. Y cantan como calandrias.

Encarcelado en La Modelo en unas condiciones atroces, aquejado de tuberculosis, los presagios son oscuros. Allí recibe la noticia de la muerte de su esposa por el tifus. Su hermano Antonio muere en un batallón de castigo en el Norte de África, su hermano Paco ha vuelto mutilado del frente y su hermana Maria pasa más de dos años en prisión en Les Corts.

Sólo declaran a favor de Pagès el médico Antoni Caballero, al que salvó la vida en los primeros días de la guerra, y Joan Vila, agradecido porque Pagès salvó la vida de su padre al que querían dar matute en verano del 36. El Consejo de Guerra presidido por el teniente coronel Nicanor Martínez le conmuta la pena de muerte por la de 30 años de prisión, pero al auditor del caso y al general Kindelán les parece poco serio y se niegan a conmutar la pena de muerte, no vaya a cundir el ejemplo.

Amadeu Pagès aún tendrá tiempo de ver y abrazar una última vez a sus dos hijos, Salvador y Llibertat. A las dos de la madrugada del 29 de mayo de 1941, Amadeu Pagès i Xartó fue fusilado en el Camp de la Bota, al igual que sus compañeros de consistorio, los ugetistas Esteve Seguer i Farrés y Amadeo Ramon Briquets i Adolf, que fueron fusilados en 1939,  y su cuerpo enterrado en una fosa común de Montjuïc. Sus dos hijos fueron confiados a la madre de Amadeu, y a la pequeña Llibertat las autoridades le cambiaron el nombre por el de Núria. Pero hay cosas que no cambian, como el inmenso placer de abrazar la libertad rodeado de ignominia. 

dimarts, 1 d’agost de 2017

Frank Little. 1917.



Hoy se cumple el centenario del asesinato de Frank Little, sindicalista y pacifista, incansable trabajador por la unidad de la clase obrera que pagó muy caro no callarse la boca.

Nacido en 1879 con sangre cherokee en las venas, Frank Little empieza a ser reconocido en 1906 cuando se afilia a la International Workers of the World participando en campañas por la libertad de expresión y por loes derechos de mineros, madereros y trabajadores de las compañías petroleras. En ejercicio de su libertad de expresión, leyendo la Declaración de la Independencia en voz alta en plena calle, será detenido y encarcelado un mes. Ya saben, eso de sostener como evidentes estas verdades: que los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, nunca ha estado muy bien visto por las autoridades.

Frank Little, junto a Joe Hill, eran dos del centenar de libertarios estadounidenses que formaron parte de las tropas revolucionarias en la Rebelión de la Baja California y que combatían al gobierno de Porfirio Díaz y las multinacionales yanquis, liberando Mexicali y Tijuana.

Little luchaba por la unidad de los trabajadores contra el capitalismo, defendiendo el bien común por encima del beneficio personal y desorbitado que generaban las grandes corporaciones. Así, cuando estalló la I Guerra Mundial, tenía muy claro que los enemigos no eran los obreros alemanes enviados al matadero, si no los financiadores de mataderos, haciendo un llamamiento a sus compatriotas a no dejarse matar y mutilar por intereses privados.

Predicar la paz y la fraternidad en horas de patriotismo desaforado bien nutrido desde la prensa es un mal asunto para la salud física. Las autoridades advierten que pensar por libre perjudica seriamente las expectativas de vida en tiempos confusos.

Frank Little, con un cuerpo hecho ya a las celdas y los golpes, en el punto de mira de gobierno, prensa y grandes empresarios, es enviado a Butte, Montana, para organizar una huelga de mineros. Es un acto suicida. Montana viene a ser propiedad de la Anaconda Copper Mining Company (sí, por ahí metieron cuchara Rothschild y Rockefeller, la misma compañía que estuvo entre las promotoras del golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile).

Anaconda Copper lo controla todo, incluso tiene su propia milicia. La búsqueda de beneficio a todo trapo en la extracción del cobre ha rebajado las medidas de seguridad, provocando un accidente que se ha llevado por delante 168 vidas.

Frank Little llega el 18 de julio para intentar organizar a los mineros. No le dejarán hacerlo. Sobre las tres de la madrugada del 1 de agosto, un coche aparca frente a su hotel en North Wyoming Street. Seis tipos encapuchados descienden del vehículo y van a buscarlo a su habitación. Lo sacan a trompazos hasta la calle, en ropa interior, lo atan al coche y lo arrastran por las calles hasta las afueras. Cerca de la estación ferroviaria le dan una paliza y le rompen las rodillas. Cuando se cansan, lo atan y lo cuelgan por el cuello de un caballete de ferrocarril hasta que muere.

El cuerpo destrozado de Frank Little quedó expuesto en la vía pública con un cartel colgado del pecho: 'Que otros tomen nota, primera y última advertencia'. No hubo la más mínima investigación y tras un entierro a los sones de La Marsellesa, los fervores patrióticos y el peso muerto de la historia sumieron a Frank Little en el olvido y así hasta Donald Trump.

dijous, 27 de juliol de 2017

CENU. 1936.


'Quiere la Escuela Nueva que el niño sienta la necesidad de obrar bien, no por un falso prejuicio, no por temor al castigo o por el halago de un premio. Hay que hacer desaparecer la disciplina cuartelera y substituirla por la del amor del niño hacia su compañero mayor, el maestro'. Lluís Pagès i Vila.

El 27 de julio de 1936 florece uno de los hermosos frutos de la Revolución que ha ayudado a derrotar al fascismo en las calles de Barcelona: el Consejo de la Escuela Nueva Unificada (CENU), que recogía el ideario de las escuelas racionalistas libertarias y Francisco Ferrer i Guàrdia. Una escuela laica, gratuita, fraternal y mixta. 'Si los católicos quieren hacer católicos y los socialistas, socialistas, los anarquistas no quieren hacer anarquistas, lo que nos proponemos es hacer hombres', afirmaba Joan Puig i Elias, presidente del CENU, pedagogo, cenetista, profesor en la Escuela Natural de El Clot, miembro de la Resistencia en la Francia ocupada y muerto en el exilio brasileño.

El CENU elaboró el Plan General de Enseñanza que establecía la escolarización básica entre los 0 y los 15 años y abría un amplio abanico de escuelas de pre-aprendizaje, escuelas de aprendizaje, el Politécnico Básico con enseñanza teórico-práctica, enseñanzas artísticas superiores o el Politécnico de que ofrecía a los trabajadores y trabajadoras la posibilidad de acceder al nuevo sistema y de integrarse en la Universidad.

Las reformas en edificios expropiados abrieron la puerta de la escolarización 50.000 niños y niñas el primer año. En 1937 ya fueron 111.000 escolarizados, pero la creciente marcha al frente de muchos maestros y el progresivo control de los comunistas a partir de mayo del 37 fueron frenando el impulso inicial hasta el total desmantelamiento de la educación y la cultura que trae el invierno de 1939, ese que aún nos hace tiritar a ratos.

En aquel verano del 36, el presidente del CENU, Joan Puig i Elias, pronunciaba este discurso que deshiela inviernos:

'¿Escuela activa, escuela nueva? ¿Y porqué no llamarla Escuela Nueva? Realmente, con el nombre de nuevo y nueva, se hacen muchísimas cosas de viejas. Yo soy además de los que no creen en lo nuevo, en el sentido que la gente da al valor de la palabra. No he creído nunca que las verdades fueran jóvenes ni viejas. Hace dos mil años 2 más 2 eran 4 y hoy también; el proceder mal, era una mala acción, antes, hoy y mañana. Acaso no sea el nombre más preciso; pero como que en realidad, lo que nosotros queremos que sea nuestra escuela, es un concepto de pedagogía, era acaso el nombre más indicado para nuestra escuela. Y por eso acordamos que se llamara Escuela Nueva.

La llamamos también unificada. ¿Qué queremos decir cuando decimos unificada? Pues sencillamente, que no puede continuar la desarticulación que hasta hoy ha tenido el Estado con todos sus centros docentes; que la escuela no ha de tener solución de continuidad, desde el momento en que el niño ingrese en la escuela cuna hasta que salga de la escuela, de la facultad, de la universidad, de la politécnica, formado completamente. Que si no fuéramos capaces de lograr otra cosa de este 19 de Julio, yo soy de los que creen que seremos capaces de muchas otras realizaciones, por lo menos habíamos de saber lograr esto: el que cada niño, según sus condiciones independiente completamente de la situación económica que puedan tener sus padres, cuando ingrese en la escuela, no haya de salir de ella hasta que esté completamente formado. Formado según sus condiciones naturales, según su vocación, su temperamento, según lo que, desde luego es tesoro, que es la herencia que, según sea la vida mas o menos perfecta de los padres, legan a los hijos.

Los hombres no han de tener absolutamente ninguna jerarquía, por lo que sepan. Los hombres, todas las funciones de trabajo, lo mismo las del campesino que las del médico, son absolutamente indispensables para la sociedad. Esa diversidad de trabajo, no ha de dar en ningún momento derecho a una superioridad de condiciones.

Que salgan de la escuela ya, o bien como médicos, como arquitectos, como campesinos, como profesor. Desterrado para siempre el pensar que el trabajo va a ser retribuido según la producción. No, nosotros no podemos admitir que se prostituya el alma del niño y mas que el niño haya de seguir, no aquello para lo que tiene vocación, sino aquella carrera o ejercicio en que le dicen que ganará mejor su vida.

El corazón, que es el más extraordinario de los anarquistas, no admite de mandatos. Ama más al que ve mejor; ama más y mejor, al que ve más abnegado. Y esto no sólo no lo combatiremos sino que lo propagamos. Nosotros amamos más a aquellos de nuestros militantes que ponen su vida más intensamente al servicio de un ideal. Esa variedad existirá siempre indudablemente y no es ningún mal que exista; es un bien'.


divendres, 30 de juny de 2017

José Oiticica. 1957.


Francisco de Paula Leite e Oiticica, circunspecto abogado que llegó a diputado y senador, metió a su hijo José en un rígido colegio religioso para hacer de él un hombre de bien. Y así fue. José Oiticica fue expulsado del colegio por rebelde y fue poeta, maestro, dramaturgo, vegetariano, libertario...un hombre de bien, vaya.

José Oiticica empezó las carreras de Medicina y Derecho para acabar publicando unos sonetos y publicando en el semanario anticlerical A Lanterna, mientras se decantaba por la filología y la enseñanza teniendo como referente a Ferrer i Guàrdia.

Un buen día, cumplidos ya los 31 años, se acerca a la Federación Obrera de Río de Janeiro y pregunta por el jefe. Un carpintero le contesta que ahí no tienen de eso, que van haciendo con unas comisiones administrativas que ejecutan las decisiones de sus respectivas asambleas, que han substituido la sumisión por el respeto. Y se queda con ellos, que reciben encantados a ese tipo modesto que en poco será catedrático en el Colegio Pedro II y profesor de filología portuguesa en la Universidad de Hamburgo.

En 1918, animados por la Revolución Rusa, los anarquistas de Río empiezan a preparar su Revolución con una serie de huelgas y enfrentamientos con las fuerzas del Estado. El futuro parece un sitio habitable cuando lo escribe Oiticica en sus cuadernos:

'El territorio de cada país se dividirá en zonas federadas; las zonas en municipios y el municipio en comunas. Cada gremio de la comuna escogerá un delegado al consejo comunal; cada consejo comunal, un delegado al municipal; cada consejo municipal, un delegado al federal y cada consejo federal, uno al consejo internacional. El consejo comunal velará por los intereses de la comuna, ejecutando las resoluciones de las asambleas.

La enseñanza superior y profesional será impartida en universidades constituidas en comunas, donde se instalarán laboratorios, usinas, hospitales... Cada comuna tendrá servicio completo de asistencia médica y dental con su hospital propio.

Las horas de trabajo en cada comuna estarán reguladas por las necesidades de la producción y los servicios, quedando el horario a cargo del consejo comunal. Los cargos de dirección técnica serán confiados a los más competentes a juicio de los propios trabajadores, pero no confieren ningún privilegio.

Las casas serán ocupadas por familias de acuerdo con el número de cada una. La unión conyugal, enteramente libre, se hará por mero registro en la sede del consejo comunal, pudiendo cada pareja realizar las ceremonias religiosas que les vinieren en gana en las respectivas iglesias.

Las federaciones han de ponerse de acuerdo para permitir, lo más posible, los viajes por toda la tierra y la permanencia temporal de estudiantes en países diferentes para el aprendizaje práctico de idiomas y el manejo de la lengua internacional'.

La Revolución tiene fecha, el 18 de noviembre de 1918, y en teoría recibirá el apoyo de militares de baja graduación, encabezados por el teniente Jorge Elias Ajus. El tiro sale por la culata, el teniente de marras resulta ser un infiltrado. Coiticica es uno de los miles de detenidos y encarcelados. Las autoridades cierran sindicatos y escuelas modernas.

José Oiticica es deportado a la isla Rasa, sujeto a un régimen penitenciario muy duro, lo que aprovecha para componer el Himno de Rasa, que los condenados entonan a pleno pulmón como acto de resistencia y libertad. La presión de algunos intelectuales consigue la libertad de OIticica, que nada más salir funda el periódico Spartacus. Volverá a ser deportado, a isla de las Flores, en 1924, por su implicación en la Revuelta Paulista. Pasará prisionero cinco años, o no, que aprovecha para escribir teatro.

Al salir de su aislamiento pone en marcha el periódico Acción Directa y publica poesía, teatro, artículos de opinión, estudios de lingüística, sin dejar de ejercer como maestro y conferenciante allí donde quieran conversar con él.

Padre de siete hijas y un hijo, José Oiticica, un hombre de bien, fue andando por la vida como el que va descalzo y ligero. Murió a punto de cumplir los 75 años, la noche del 30 de junio de 1957, tras celebrar el cumpleaños de uno de sus nietos, mientras, tumbado en la cama, preparaba la clase del día siguiente lápiz y cuaderno en mano.

Para a anarquia vai a humanidade
Que da anarquia a humanidade vem!
Vide como esse ideal do acordo invade
As classes todas pelo mundo além!

Que importa que a fração dos ricos brade
Vendo que a antiga lei não se mantém?
Hão de ruir as muralhas da Cidade,
Que não há fortalezas contra o bem

Façam da ação dos subversivos crime,'
Persigam, matem, zombem... tudo em vão...
A ideia, perseguida, é mais sublime,

Pois nos rude ataques à opressão,
A cada herói que morra ou desanime
Dezenas de outros bravos surgirão.

dimecres, 21 de juny de 2017

Agustín Remiro Manero. 1942.


Hoy se cumplen los 75 años de la muerte de Agustín Remiro Manero, un tipo que recibió honores de las máximas autoridades de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos. Honores que rechazó. Las autoridades de por aquí abajo siempre han estado por otras cosas y a tipos como Agustín Remiro les conceden el honor de la fosa común.

Agustín Remiro Manero nació el verano de 1904 en Épila, en una familia campesina. Nacer en aquella casa no era ninguna novedad, lo hicieron 12 criaturas. Vivir ya empezaba a serlo. Sólo 5 sobrevivieron. Igual por eso Agustín hizo de la vida su lucha.

Había que doblar la espalda en el campo y fue poco a la escuela, lo justo para aprender a leer y empezar a devorar libros y periódicos. Leyendo se enteró de la Revolución de 1909 en Barcelona y el asesinato institucional de Ferrer i Guàrdia. Y se reconoce libertario. A los 15 años se afilia a la CNT y a los 21 lo mandan a la guerra colonial de Marruecos. No leva muy bien el autoritarismo y lo meten en un batallón disciplinario.

De regreso a Épila, dos años después, vuelta al trabajo en el campo y en la azucarera del pueblo. Y vuelta a la militancia clandestina, que son tiempos de Primo de Rivera. Caído el dictador, Remiro se convierte en una presencia popular allí donde se habla de revolución en la ribera del Jalón. En 1933 se casa con Francisca Rodríguez, por lo civil, la primera boda civil en Épila. Tendrán dos hijos, Germinal y Bienvenida.

El golpe de Estado fascista lo pilla en la siega, en Used. Sale a toda mecha para Épila a defender la República. Poco pueden hacer unas cuantas pistolas y bombas caseras contra el Ejército. El 26 de julio, de madrugada, deja el pueblo para huir a zona republicana. Una buena decisión. El 4 de agosto entran los fascistas y fusilan a un centenar de vecinos.

Tras varios días de caminata y escondiéndose a salto de mata, Remiro consigue llegar con otros a las líneas republicanas en Tardienta. Agustín se alista de inmediato en la Columna Durruti como responsable de centuria. Será integrante del grupo La Noche, que opera tras las líneas enemigas para rescatar a gente de la zona fascista, y luego del grupo Los Iguales, que a las tareas de evasión suman arriesgadas acciones de sabotaje.

En el frente de batalla participa en la toma de Fuendetodos, la ofensiva sobre Zaragoza y las tomas de Belchite y Teruel. Cuando los fascistas llegan a Vinarós partiendo la zona republicana en dos, Remiro y sus compañeros confederales se integran en el Ejército del Este, creando el Batallón de Ametralladoras C, el 'Batallón Remiro', integrado por guerrilleros anarquistas que en teoría disponía de cierta autonomía respecto al Estado Mayor.

La práctica es otra y prácticamente son aniquilados en misiones absurdas, con los fascistas delante y los comisarios stalinistas detrás. En la toma del Vértice Esplà, una de esas misiones suicidas, o mejor dicho, homicidas por parte de los mandos; Remiro es evacuado al hospital con el cuerpo lleno de metralla.

Cuando se reincorpora al frente la mayoría de sus compañeros del batallón original están muertos o dispersados en otras compañías. Apenas le dará tiempo a emprender la retirada en el frente del Segre y acabar pasando a Francia, para ser escupido a los campos de Argéles y Mazeres. Se escapa.

En Francia contacta con Francisco Ponzán y forma parte de su grupo de evasión y resistencia a través de los Pirineos. El grupo de Ponzán salvará miles de vidas. El mismo Remiro carga a sus espaldas a Albert Blumel, secretario de Leon Blum, para ponerlo a salvo en Andorra.

Agustín Remiro hace de enlace con la embajada británica en Lisboa, aprovechando su paso por España para actividades de propaganda. En enero de 1941 es detenido en Portugal por la PIDE de Salazar. Interrogado bajo tortura, no dirá nada y deciden entregarlo a las autoridades españolas.

Agustín Remiro pasa meses en una celda de 2 metros por metro cincuenta en la cárcel de Porlier, Madrid, hasta que el 27 de abril de 1942 lo condenan a muerte. Agustín tiene muy claro que sobre su vida sólo decide él. El 21 de junio de 1942, aprovechando la hora de la misa, salta el muro de la prisión. Unos vecinos dan la voz de alerta y una patrulla dispara, hiriéndole.

A trompicones, consigue llegar a un inmueble cercano y subir hasta el cuarto piso. Antes de ser apresado de nuevo ejerce un último acto de libertad y resistencia a la autoridad. Se arroja el vacío. Aún no había cumplido los 38 años. En uno de esos ejercicios de cinismo tan propios del franquismo, el 30 de junio los jueces militares le conmutan la pena de muerte por la inferior en grado.