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dimecres, 22 de març de 2017

María Collazo. 1942.


Hoy se cumplen 75 años de la muerte de María Collazo, en su Montevideo natal. Era la quinta de nueve hermanos de una familia muy católica venida de España. Eran muy de misa y la metieron en las monjas. Entre las monjas, intransigentes con la mano floja, y su hermano Luís, ácrata con la mano tendida desde Buenos Aires, se hizo anarquista. Si eres mujer y crees en la igualdad no te queda otra.

Al cumplir los 18 se casó con un cigarrero y dejó a una familia enfurruñada con la hija díscola para crear la suya propia, que empezaba con su compañero y las cuatro hijas y un hijo que vendrían y seguía con el mundo.

María Collazo se traslada a Buenos Aires y empiezan a crecerle hermanas. Virginia Bolten, Elisa Letour, Juana Rouco Buela, María Reyes, Teresa Caporaletti, Violeta García, Marta Neweelstein... Y crean el Centro Femenino Anarquista, una familia de estructura horizontal que da amplia cabida a las mujeres para que ellas mismas definan su idea del amor, de la familia, de la educación y de la igualdad de derechos.

Todas ellas estarán con otras hermanas en la huelga de alquileres de septiembre a noviembre de 1907, que llegará a sumar cien mil huelguistas. Un movimiento protagonizado por las mujeres, que se rebelan cuando los propietarios de viviendas y cuartuchos responden a la subida de impuestos de la municipalidad de Buenos Aires con un aumento descomunal de los alquileres.

Las mujeres alzan la voz y se escuchan hablar reclamando una bajada del 30% de los alquileres, se organizan en comités y cuando se presenta alguien con orden de desahucio lo corren a escobazos. Hay que barrer tanta porquería. Allí donde se resiste de paran los desalojos. Las mujeres, acompañadas por los hijos a sus cuidados, se mantienen unidas y acaban logrando sus objetivos. No sale gratis. Muere un joven anarquista de 18 años, Miguel Pepe. A Collazo y Bolten las expulsan a Uruguay y a Rouco Buela a España.

En 1908, en Montevideo, María Collazo parirá a su cuarta hija y enviudará. Volvería a casarse años después y tuvo otra hija. Collazo siempre unió el feminismo a la maternidad, vista como una condición que la completaba. Las madres educaban a sus hijos en el gusto por la libertad. María nunca descuidó ni su militancia ni a sus hijos, eran parte de la misma lucha.

Entre1909 y 1911 tendrá tiempo para educar y amar a su progenie, fundar el periódico La Nueva Senda, participar en la campaña en apoyo de Ferrer i Guàrdia, organizar las sociedades de resistencia de las mujeres trabajadoras y crear con otras compañeras el Centro Feminista Emancipación.

En 1915 funda y dirigirá durante 12 años el periódico La Batalla, que va de eso, de batallar contra la injusticia, la insolidaridad, la ignorancia... Acogió con júbilo el triunfo de la Revolución Rusa de 1917, critica el acomodamiento a las instituciones de muchos líderes sindicales a medida que consiguen mejoras sociales y está en el núcleo fundador de la Unión Sindical Uruguaya, 'institución obrera revolucionaria, llamada a encauzar las fuerzas unificadas de los trabajadores y orientarlas frente a las fuerzas regresivas del Capitalismo y el Estado'. Las fuerzas unificadas esas no hay manera de encauzarlas pese a la perseverancia de personas como María Collazo, que sigue creyendo en ello.

María Collazo seguirá siendo una de las voces firmes y claras en oponerse a la dictadura de Gabriel Terra Leivas, un tipo que reconoció al gobierno del general Franco en 1936 y que él mismo dio un golpe de Estado con el apoyo de Ejército, policía y Cuerpo de Bomberos. Unos abrían fuego y los otros lo apagaban, el Estado sí que sabe de fuerzas unificadas.

María Collazo murió en 1942 a los 58 años de edad, llorada por los miles que la sintieron cercana, los desposeídos que la sabían suya. Sí, aún queda mucho por barrer. Y es cosa nuestra.

dilluns, 20 de març de 2017

Rohatyn. 1942.


¿Quiero recordar?
El gueto pacífico, antes del allanamiento:
niños temblando como hojas en el viento,
madres buscando un pedazo de pan.
Sombras, las piernas hinchadas, moviéndose con miedo.
No, no quiero recordar, pero ¿cómo puedo olvidarlo?

Hoy hace 75 años, el 20 de marzo de 1942, tropas alemanas y milicias ucranianas entran en el gueto de Rohatyn al mando del oficial Hans Kuger y sacan de allí a 3.000 personas adultas y 600 niños y niñas. Antes las han concentrado en la plaza del mercado y las han tenido arrodilladas durante horas. Cualquier movimiento o vacilación está penada con un tiro en la nuca.

Las conducen como ganado hacia la estación. No llegarán. Los detienen y los hacen formar frente a una larga y profunda zanja que muchos de ellos han ido cavando en los días anteriores. Empiezan a disparar sobre la hilera de cuerpos, que van cayendo a la fosa. En un momento dado se cansan de apretar el gatillo y se limitan a empujarlos para enterrarlos vivos sin gastar más munición.

¿Quiero recordar la creación del infierno?
Los gritos de los asaltantes disfrutando de la caza.
Gritos de los heridos, rogando por la vida.
Caras de madres talladas con dolor
escondiendo a los niños, goteando de miedo.
No, no quiero recordar, pero ¿cómo puedo olvidarlo?

Los alemanes entraron en Rohatyn, entonces Polonia, el 2 de julio de 1941. En otoño crean el gueto para hacinar a unas 10.000 personas, sometidas al hambre y a las enfermedades. La disentería y el tifus hacen su trabajo. Los soldados alemanes y los policías ucranianos el suyo, que se parece mucho.
 
¿Quiero recordar mi terrible regreso?
Las familias desaparecieron en medio del día.
La fosa común humeante con vapor de sangre.
Madres en busca de niños en vano.
El dolor del gueto corta como un cuchillo.
No, no quiero recordar, pero ¿cómo puedo olvidarlo?

El 21 de septiembre de 1942 mismo año las tropas del III Reich vuelven a entrar para llevarse a 1.000 personas. A algunas las matan camino de la estación, disparando de manera aleatoria, puro y funcionarial entretenimiento. Al resto las suben en un tren destino al campo de exterminio de Belzec. Las gasean a todas.

Los alemanes alimentan el gueto con gentes de localidades vecinas. El 8 de diciembre de 1942 la Gestapo vuelve a sacar de sus casa a 2.000 personas, 300 serán asesinadas a tiros y el resto llevadas a las cámaras de gas de Belzec.

¿Quiero recordar los lamentos de la noche?
Las puertas abiertas a patadas, plumas destripadas flotando en el aire.
La noche perfumada con sangre derretida
mientras la luna compasiva muestra el camino
a sombras sin rostro, buscando parientes.
No, no quiero recordar, pero no puedo olvidar.

Una epidemia de tifus aniquila a la mitad de la población superviviente en el gueto a principios de 1943. En mayo, Alexander Kimel, un joven de 23 años que acaba de ver morir a su madre, reúne las pocas fuerzas que le quedan y sus piernas le llevan corriendo y saltando al otro lado del gueto, a campo traviesa huye de los alemanes. Durante semanas vagará a escondidas por el bosque. Sobrevivirá y llegará a Estados Unidos. Suyo es el poema No puedo olvidar.

El 6 de junio de 1943 la Gestapo vuelve a entrar en el gueto. Será la última vez. Aniquilan a los grupos de resistencia que se oponen con un pobre armamento y disparan al resto por las calles. Los últimos grupos de resistencia son encerrados a un refugio subterráneo y quemados vivos. El 9 de junio de 1943, de las 10.000 personas que ha vivido en Rohatyn, apenas un centenar podrán seguir haciéndolo en otro lugar y recordar lo que pasó.

¿Quiero recordar este mundo al revés?
Los que partieron son bendecidos con una muerte instantánea
y los vivos condenados a una corta y miserable vida
y un largo y tortuoso viaje hacia un lugar sin nombre,
donde las almas se mudan en cenizas y gas.
No. Tengo que recordar y no dejar que lo olvides nunca.

divendres, 17 de març de 2017

Manuel Alba Blanes. 1937.


Manuel Alba Blanes nació en Almodóvar del Río, Córdoba. Por nacimiento iba para jornalero, por decisión propia fue maestro, compositor, poeta, dramaturgo y alcalde de su pueblo.

Al Manuel niño lo mandaron al campo y lo convirtió en una aula inmensa bajo el cielo. Aprendió él solo a leer y escribir, y ese amor por el conocimiento le hizo libertario y pacifista, humanista y universal. En 1925, dictadura de Primo de Rivera, funda el Ateneo Popular para dar clases gratuitas él mismo a los niños y niñas que no tienen acceso a la escuela en una población con un 70% de analfabetismo.

Cree Manuel que la cultura puede cambiar un mundo dominado por terratenientes. La cultura contra la injusticia y la santa resignación de los oprimidos. Demasiado instruido para terratenientes, que lo consideran peligroso, y para jornaleros, que recelan de él.

Manuel creará una estudiantina que ganas premios en Palma del Río y Córdoba, compone piezas musicales y escribe letras de contenido social para las murgas de carnaval. La revolución con música entra, porque no.

'Bajo la denominación de Ateneo Popular se constituye en esta población una asociación que tendrá por objeto difundir los conocimientos científicos, artísticos y literarios entre todas las clases sociales en general, y particular entre las clases obreras, mediante cursos, conferencias, excursiones, visitas, conciertos, publicaciones, creación de escuelas nacionales, etc', dice el artículo primero del reglamento del Ateneo Popular.

Y dice el segundo, 'cuando en la vida colectiva se cometa una arbitrariedad por parte de los poderes públicos contra el inviolable derecho de gentes o una limitación a la libre emisión del pensamiento, esta entidad debe hacer pública su disconformidad como lo estime más oportuno por cuanto el silencio ante el atropello consumado equivale a la tácita conformidad con el mismo'.

En 1928 se casa con Enriqueta Sanz Palma, sirvienta de terratenientes, y escribe y estrena una obra teatral, Entre dos fuegos. El estreno es en una expectante Almodóvar del Río. No volverá a representarse (hasta 2009). Es una obra valiente que habla de lo que en el pueblo todos saben y casi todos callan, de una lucha de clases con un sempiterno vencedor. Los terratenientes se enervan, la pequeña burguesía se incomoda por no querer incomodar al poder y muchos jornaleros se refugian en el miedo. Manuel Alba prefiere dimitir de sus responsabilidades en el Ateneo Popular y darse de baja antes que perjudicar a socios y directivos con su compañía.

El Ateneo Popular languidece en una actividad inocua hasta que con la llegada de la II República empieza a recuperar su espíritu fundacional. Manuel Alba vuelve al Ateneo en 1935 y en 1936 es elegido alcalde. Desde alcaldía pone en marcha las políticas prioritarias de lucha contra el paro a través de un plan de obras públicas y la negociación con los grandes propietarios, creación de un grupo escolar, creación de un sistema de asistencia social para los más necesitados y velar con la discriminación positiva por los derechos de la mujer. Y, entre otras, la calle de la Caridad pasa a llamarse calle de León Tolstoi.

Los fascistas son más de sables que de lapiceros y dan su golpe de Estado, apoyado en Almodóvar del Río por terratenientes y Guardia Civil. El 20 de julio, Manuel Alba encabeza el comité obrero que armado con 8 escopetas de caza consigue la rendición de los guardias civiles, que prefieren esperar refuerzos para poner las cosas en su sitio, que Dios suele estar con los que tienen más cañones.

El 23 de julio tropas sublevadas de infantería y caballería desalojan a cañonazos al comité obrero y lo mandan a la sierra. El comité volverá a tomar Almodóvar del Río el 3 de agosto, dejando encerrados a los guardias civiles en el castillo en el que se han acuartelado. Dos días después los guardias escapan por la puerta trasera que a alguien se le olvidó vigilar, seguramente adrede. Pero nadie se desanima y se proclama el comunismo libertario. Lo bueno dura poco y el día 20 los fascistas ocupan la localidad definitivamente.

Los anarquistas huidos de Almodóvar del Río y Villaviciosa crean el Batallón Fermín Salvochea, con Manuel Alba como comisario político, y acabarán integrándose en la Columna Andalucía Extremadura que a su vez acabará integrada en la 88 Brigada Mixta.

El 9 de marzo de 1937, Manuel Alba escribe una carta a su esposa desde La Membrilla, Ciudad Real, a la espera de ir al frente en Pozoblanco. Manuel odia la guerra, y si bien concibe la idea de poder llegar a morir por unas ideas, le resulta inadmisible matar por ellas, porque sería contradecirlas.

Manuel Alba Blanes desaparece en los combates del 16 de marzo en Pozoblanco. Hay quien dice haberlo visto herido gravemente en las trincheras, hay quien habla de verlo entrar en un dispensario arrasado poco después por las bombas, se habla de un cuerpo sin nombre enterrado de cualquier manera entre el caos... A saber. Lo cierto es que oficial y administrativamente no hay acta de defunción. Lo cierto es que hay tipos que viven para siempre.

dimecres, 15 de març de 2017

Helios Ziglioli. 1927.


Hoy hace 90 años nacía en Lovere, a orillas del lago Iseo, Helios Ziglioli. Familia pobre con padre ausente, emigrado a Francia para poder enviar algo de dinero y madre que se mata a trabajar. Helios crece con los abuelos y con un buen maestro de escuela que le habla de un mundo de iguales, una gran familia que se ayuda y no deja a nadie al margen.

Al cumplir los 20 años se marcha a París al encuentro del padre. Se encuentra con un comunista iracundo e intransigente y descubre otra familia en los exiliados anarquistas españoles. A ellos se abraza y decide unirse a la lucha antifranquista, dispuesto a combatir a la bestia que toleran las democracias occidentales en su propia casa. Llámale idealismo, llámale tendencias suicidas.

Helios Ziglioli quiere cruzar la frontera y vela armas en Mas Tartàs, base anarquista pirenaica a cinco kilómetros de la frontera española, entre el Puigmal y la Collada de Tosses. Desde aquí habían partido 50 guerrilleros en 1947 con la intención de cargarse al general Franco en su visita al Alt Llobregat. Un desastre. Había tanta niebla que se perdieron y se acabaron tiroteando entre ellos pensando que eran la Guardia Civil.

A partir de 1948 las visitas de los gendarmes al Mas Tartàs comienzan a ser habituales, descubriendo alijos de armas y explosivos. El 4 de junio de 1949, la visita de los gendarmes coincide con la estancia de Helios, que acaba detenido y condenado a dos meses de cárcel.

Tendrá que esperar hasta el 4 de septiembre para salir de Toulouse rumbo a España integrado en el grupo de acción Los Primos, liderado por los hermanos Saturnino y Gregorio Culebras Saiz, y guiados por las montañas por Ramon Vila Capdevila, un crack en lo suyo, héroe de la Resistencia que rechazó la Legión de Honor y murió tiroteado por la Guardia Civil en 1963 en Rajadell.

La idea es que los más curtidos vayan a Barcelona para contactar con el grupo de Josep Sabaté y el resto, entre ellos Helios, regresen a Francia con Ramon Vila dinamitando instalaciones eléctricas y así vayan fogueándose en la resistencia armada al fascismo.

El grupo, la verdad, no parece estar del todo preparado para las largas caminatas, y bajando por Berga y Manresa, en la carretera de Rocafort a Pont de Vilomara, deciden que mejor hacen parar al primer coche que pase por allí y lo requisan.

El primer coche que pasa es el del industrial Josep Pujol Viñas, que también pasa de parar y acelera. El grupo abre fuego y saca al coche de la carretera para descubrir que con el tiroteo han herido a la sirvienta que acompaña a Pujol Viñas, Emilia Cuadrado. Le meten prisa para que la lleve al hospital. Ya han desvelado su presencia en el territorio y el factor sorpresa empieza a irse al garete.

Tras caminar toda la noche llegarán a la inmediaciones de Castellar del Vallès. Ahora la idea es que Saturnino Culebras y Joan Busquets vayan en tren a Barcelona mientras el resto descansa y se aprovisiona. Culebras y Busquets se dirigen a la estación de tren de Matadepera para seguir con el plan y, menudo plan, descubren que no hay estación de tren en Matadepera. Unos vecinos, sospechando de unos desconocidos tan despistados, han llamado a la Guardia Civil, que no tarda en llegar en gran número. Culebras y Busquets escapan por los pelos.

El resto del grupo, que no sabe nada de lo sucedido, manda a Ziglioli a por comida a Castellar. La idea es que se haga pasar por turista. Un turista que levanta sospechas al salir cargado de barras de pan, butifarras y tocino. Alguien pasa informe del guiri al cuartelillo.

Helios reparte las provisiones entre los que tienen previsto ir a Barcelona y los que se vuelven para Francia, él, Ramon Vila y Manuel Sabaté. Y se ofrece para acercarse al día siguiente a Matadepera a comprar más comida.

Cuando al día siguiente baja a comprar ya le están esperando y lo detienen. En el cuartel de Terrassa le llueven hostias por todas partes y es torturado con saña. Hecho una piltrafa y esposado, tres guardias lo llevan de vuelta a Castellar, al Mas del Castell, para enseñárselo y meterle miedo a Dolors Argemí, la Lola del Castell, de quien se sospecha ha tenido contacto con los maquis. Por si tiene la tentación de darles cobijo o alimentos.

Helios Ziglioli apenas se mantiene en pie. Tiene una sed atroz y pide un poco de agua. Dolors Argemí le ayudará a beber de un vaso que no puede sostener y Helios pronunciará sus últimas palabras, simples, nada épicas, 'muchas gracias, señora', temblando des del fondo de una mirada que empieza a despedirse de la luz.

Los guardias civiles, frustrados por la firmeza de Dolors, se vuelven por donde han venido llevándose a Helios a rastras. No tienen intención de cargar mucho tiempo con este joven italiano de 22 años, alto y de buenos modales, y a la vuelta de la carretera le pegan un tiro en la nuca. Cargan su cuerpo en un carro de estiércol y lo entierran en la parte del cementerio de Castellar destinada a los suicidas y no bautizados.

El grupo Los Primos caerá en pleno en los días siguientes. Saturnino Culebras y Manuel Sabaté fueron condenados a muerte y fusilados el 24 de febrero de 1950. A Gregorio Culebras, Manuel Aced, José Conejos, Juan Busquets y Miguel Acevedo les cayeron 30 años a cada uno. Era el final de un camino plagado quizás de malas ideas, pero fieles a una idea clara y resplandeciente como un vaso de agua cuando te quema la sed.

dimecres, 8 de març de 2017

Dolors Prat Coll. 1905.


Un 8 de marzo, un día como otro cualquiera para celebrar la vida, nacía Dolors Prat Coll. Una de tantas. Era el año 1905. Nacía en Ripoll, en una familia muy de misa y temerosa de Dios. Es normal que te imponga temor una deidad que te deja sin madre a los 7 años. A Dolors la metieron con las monjas. Salió despavorida de aquel infierno en la Tierra y con 8 años se convierte en ama de casa, a los cuidados de sus cuatro hermanos, entre ellos la pequeña Clara, sordomuda, mientras el padre, transportista, pasa poco tiempo en casa. Aún le da tiempo para estudiar.

El único horizonte laboral para una mujer en Ripoll está en el textil. Dolors Prat Coll, 14 años, entra en Filatures Gratallops y es testigo de primer línea de la dura huelga de 9 semanas por las 8 horas en octubre de 1919. Fueron 9 semanas sin cobrar mientras esquiroles custodiados por la Guardia Civil hilaban infamia. Dolors, de las pocas que sabe leer y escribir, se dedica a hacer carteles llamando a la huelga. Su padre le sugiere que se deje de historias y coja un trabajo más seguro haciendo de maestra para los párvulos que cuidan las monjas. Se hace de la CNT.

Durante la guerra de España fue nombrada secretaria del Sindicato de la Industria Textil de Ripoll y participó activamente en las colectivizaciones, logrando establecer por primera vez la igualdad de salarios entre hombres y mujeres. A igual trabajo, igual salario. Simple. De brazos acogedores, tendrá en una casa a un chaval madrileño, Carlos, refugiado de guerra.

El final de la guerra la obliga a pasar la frontera con Carlos y su hermana Clara, todos destino al campo de concentración de Magnac-Laval, cerca de Limoges. En febrero de 1940 la suben a un tren con otros cientos y la manda de vuelta a Catalunya. Pasará dos meses en la clandestinidad, en Barcelona, hasta que en mayo del mismo año vuelve a pasar la frontera, a escondidas y a pie, por Prats de Molló.

La vida en Francia bajo el aliento alemán no es fácil, inmigrante indocumentada, trabaja como asistenta, cosiendo o incluso en una cantera. A finales de 1940 se instala en Toulouse, con tantos otros del exilio libertario, abriendo de par en par su casa a refugiados y resistentes antifranquistas.

En Toulouse permaneció como secretaria de la sección local de la CNT y activa en Solidaridad Internacional Antifascista. En Toulouse, en 1999, una mujer de 94 años que se llama Dolors Prat, participa en primera línea en el movimiento de los Sin Papeles, que unos brazos acogedores siempre fueron una buena patria. Dos años después, en Toulouse, moría aquella mujer que había nacido un 8 de marzo, un día como otro cualquiera para celebrar la vida. 

dimarts, 7 de març de 2017

Josep Xarles Santaló. 1936 - 2017.


A finales del año pasado se nos moría Manel Andreu, referente de la lucha vecinal en Barcelona. Esta semana se nos ha muerto uno de sus compañeros de lucha en la dignificación de los barrios, ahí donde late la ciudad, Josep Xarles Santaló. Ellos dos fueron presidente y vicepresidente segundo respectivamente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona en 2001, mano con mano con vecinos y vecinas, currantes del bien común.

Josep Xarles Santaló se vino de l'Empordà a Barcelona con 16 años. Y se metió en la parroquia de Sant Medir. En ese recinto nacieron las Comisiones Obreras y se refundó la CNT. Los hombres y mujeres de buena voluntad tienen estas cosas.

En 1971 es uno de los fundadores del Centro Social de Sants, en la calle Olzinelles, centro con las puertas abiertas, para poder entrar buscando refugio y para poder salir buscando solidaridad, calle a calle, puerta a puerta, creando barrio y resistencias, que va todo junto; trenzando el anhelo de unas mejores condiciones para transitar el día a día con la lucha antifranquista, que también iba junto.

Josep Xarles era ese señor pulcro, empleado de banca, que no perdía la calma ni la firmeza de unos planteamientos colectivos, encargado de negociar con los malos, con las autoridades, herederas de tantos cementerios que querían transformar las grandes ciudades en uno más. Y le advertían que no se andara con comunistas, que se le iba a caer el pelo, y a él lo que le daba miedo era que se le cayeran las esperanzas.

No se le cayeron. Al menos no todas, y ahí están las realidades del parque de la España Industrial, la recuperación del Vapor Vell o un espacio para utopías como Can Batlló. Todo eso serían restos de especulación, ese cáncer urbano, sin la determinación pausada e incansable de personas como Josep Xarles Santaló. Se despide de nosotros en la iglesia de Sant Medir, para recordarnos que lo más parecido que encontraremos al paraíso está en la Tierra. Y que hay que currárselo, hombro con hombro, para que no te expulsen de él.

dilluns, 6 de març de 2017

Alejandra Soler. 1913 - 2017


La Federación Universitaria Escolar (FUE) se fundó a finales de 1926 en respuesta a la Asociación de Estudiantes Católicos, que cortaba el bacalao. No era una asociación especialmente radical, eso sí, tenía aires republicanos, defendía el derecho de las mujeres a formar parte activa de la sociedad a todos los niveles y en igualdad de condiciones, y esperaba ahuyentar de las aulas los privilegios de clase en comandita con los privilegios de los centros religiosos.

En 1928 la FUE sale a la calle contra la Ley Callejo, promovida por Eduardo Callejo de la Cuesta, ministro de Instrucción Pública durante la dictadura del general Primo de Rivera y futuro presidente del Consejo de Estado durante la dictadura del general Franco. En las protestas participa una muchacha de 15 años, Alejandra Soler Gilabert, que exige una escuela pública laica y de calidad a la que puedan acceder todas las familias. ¿Les suena la reivindicación?

Alejandra Soler, nacida en Valencia, volverá a salir a la calle en 1931, para celebrar la proclamación de la II República. En 1935 se licencia en Filosofía y Letras, la tercera mujer licenciada universitaria en Valencia, y una de las pioneras del atletismo femenino en el equipo de la FUE. Cómo no iba a defender la II República tras el golpe de estado fascista... se hizo maestra.

Militante comunista, pasó la guerra al lado de los niños y niñas a los que seguía hablando de los valores humanistas frente a la ponzoña de la barbarie. Casada con el periodista Arnaldo Azzatti, hijo del también periodista Félix Azzatti, discípulo de Blasco Ibáñez, ambos cruzaron la frontera para acabar separados, cada uno en un campo de concentración.

Consiguen reunirse de nuevo para huir a la Unión Soviética, ella como maestra de los niños del exilio y él como locutor en español en Radio Moscú. La invasión alemana les obliga a refugiarse en la zona de los Urales. Alejandra conseguirá evacuar de Stalingrado a 14 de sus alumnos de la Casa de Niños nº 12.

Alejandra y Arnaldo vivieron con tristeza los últimos años de Stalin, bajo vigilancia, acusados de veleidades pequeño burguesas por parte de algunos miembros del aparato del PCE, siempre con el miedo a desaparecer en manos de la NKVD.

En 1971 Alejandra vuelve a España, interrogada durante una semana en Dirección General de Seguridad, obligada a una especia de clandestinidad en Madrid, observada de cerca, hasta la muerte del general, cuando puede regresar con Arnaldo a Valencia, a su barrio del Carme. Arnaldo se reincorpora a su puesto en la Diputación y Alejandra es una de los grandes referentes éticos del PCE.

En 2012 una muchacha de 99 años participa en las protestas por una educación laica, pública y gratuita y hace frente a la barbarie que representa el Jefe Superior de Policía de Valencia, Antonio Moreno Piquer, conocido por sus buenas relaciones con la ultraderecha y por ordenar cargar contra estudiantes de instituto que se quejaban por los recortes en educación.

Alejandra Soler tuvo que esperar a sobrepasar el siglo de edad y a que dejara el cargo la corrupta Rita Barbarie para recibir la distinción de hija predilecta de la Ciudad de Valencia y la Alta Distinción de la Generalitat Valenciana. A principios de este año Alejandra Soler aparecía en el balcón del Ayuntamiento de Valencia para hablar a los allí congregados de fraternidad y los valores humanistas que siempre defendió puño en alto.

Alejandra Soler Gilabert murió el pasado 1 de marzo a la edad de 103 años para seguir viva en la luz en la mirada de cualquier chica de instituto que sale a la calle y las plazas por una educación para todos. Ahí está, imponiéndose a las tinieblas.