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dilluns, 24 d’abril de 2017

Leonor Serrano Pablo. 1942.


Hoy se cumplen los 75 años del fallecimiento de Leonor Serrano Pablo, muerta en el lodazal moral de la Victoria. Había nacido en Hinojosas de Calatrava, Ciudad Real, y fue abrir los ojos y quedar fascinada por el mundo, lo que te contagia una ganas local de aprehender.

Cuando la reina regente Doña Virtudes en su gira por los pueblos de España asiste a un certamen infantil en Pozoblanco y conoce a una niña de 6 años, hija de jornalero itinerante, que la deja fascinada con su conversación, decide pagarle los estudios. Leonor Serrano, la niña, se pasará once años interna en el Colegio del Sagrado Corazón de Madrid.

Al cumplir 19 años se presenta por libre a oposiciones y obtiene con máxima nota el título de maestra elemental en la Escuela Normal de Magisterio de Toledo y el de maestra superior en Guadalajara. Le sabe a poco. Y se va a la recién creada Escuela Superior de Magisterio de Madrid, porque no le basta con dedicarse a enseñar si primero no se puede cambiar la enseñanza.

Leonor se agarra a las hilachas de luz de la Institución Libre de Enseñanza que se cuelan en la Escuela Superior y la mano que le tienden profesores como Luís de Zulueta (que será ministro con Azaña y morirá en el exilio) y Concepción Sáiz ('La Escuela Normal Central hizo, en un cuarto de siglo, la labor casi milagrosa de transformar a la mujer española, de ser pasivo, en un ser inteligente, activo, apto para bastarse a sí misma', dejó escrito).

En 1913 termina la carrera teniendo entre sus compañeras de promoción a mujeres extraordinarias como María de Maeztu, Gloria Giner, María Luisa Navarro o Josefa Uriz, todas exiliadas tras la guerra civil. Obtiene la plaza de inspectora de escuelas. Ese mismo año 1913, gracias al tesón Rafael Altamira, alumno y amigo de Francisco Giner de los Ríos, Director General de primera Enseñanza, se han creado por ley las 10 primeras plazas del Cuerpo de Inspectores de Primera a ser ocupadas por mujeres. Ah, sí, Altamira murió en el exilio.

En Barcelona, olla de renovación pedagógica, recibe una beca para irse a Roma para aprender con Maria Montessori. A su regreso defiende la educación preescolar, la conciliación familiar y laboral, la baja de maternidad por un año, el reconocimiento por el Estado del trabajo doméstico como profesión.

En 1925, casada y con un hijo, fue becada por la Junta para la Ampliación de Estudios y viajó por Francia, Suiza y Bélgica. Todo lo aprendido topó con la dictadura de Primo de Rivera. La destierran. Leonor no pierde el tiempo y estudia la carrera de Derecho en Zaragoza, convirtiéndose en la primera mujer abogado con bufete propio en Barcelona.

Leonor Serrano, que ha escrito los libros La educación de la mujer de mañana y El método Montessori, no dejará de publicar en prensa y dar conferencias, convirtiéndose tras la proclamación de la II República en activista contra la pena de muerte y defensora del derecho a voto de las mujeres, del libre acceso de las mujeres a los cargos público y de una ley de divorcio. Y por supuesto seguirá centrada en la enseñanza entendida como diálogo permanente con los niños y el entorno, relacionados a través del respeto y la igualdad. En 1933 publica En 1933  publica Diana o la educación de una niña, considerado uno de los mejores libros de texto de la etapa republicana.


El golpe de Estado fascista acabó con todo. Acabó con el marido y el hijo de Leonor, muertos bajo las bombas, y acabó con Leonor en el exilio francés. Volvió en abril de 1939 para cuidar de su madre enferma y tras ser denunciada fue suspendida de empleo y sueldo. Murió tres años más tarde, el 24 de abril de 1942, en la pobreza, ahogada en el lodazal moral de la Victoria mientras el Tribunal Militar de Responsabilidades Políticas tramitaba su depuración, que llegaba una vez fallecida.

dijous, 20 d’abril de 2017

Georgi Getchev. 1897.


Hoy hace 120 años nacía Georgi Getchev, un tipo fiel a sus principios, unos principios sencillos, no callar ante la injusticia, que no estaba dispuesto a cambiar por otros. Frente a esos principios ciertos músculos del Estado oponen otros igual de simples, hacerte callar la boca, ya sea con un culatazo en los dientes o bien cerrándote los periódicos. O las dos cosas a la vez.

Georgi Getchev nació en Haskovo, activa ciudad búlgara con el punto de vista comercial puesto en oriente próximo. A Getchev le ponía más la poesía que el comercio, y se hizo anarquista. Cursó estudios superiores en la Academia de Bellas Artes de Sofía y al cumplir los 17 años publicó su primer libro de poemas.

Muy activo en círculos literarios y libertarios en su ciudad, cuando Bulgaria se mete de cabeza en la I Guerra Mundial a ver si sacan algún beneficio, Getchev se mete de cabeza en grupos antimilitaristas y se declara insumiso, que es como declarar otra guerra más justa.

Perseguido por sus ideas, se puso a redactarlas al frente de las publicaciones El Despertar y Anarquista, además de colaborar en Sociedad Libre, órgano de la Federación Anarquista Comunista Búlgara. Tras el golpe de Estado de 1923, perpetrado por la fascista Unión Nacional de Alejandro Tsankov, fue condenado a muerte por enfrentarse a las nuevas autoridades, que en los siguientes tres años se llevaron por delante a más de 20 mil opositores.

Getchev se refugiaría en Francia y no volvería a su país hasta la amnistía de 1928, creando la revista literaria semanal Pensamiento y Voluntad, todo un referente cultural en los ambientes más progresistas y puerta de entrada de los grandes clásicos de la literatura francesa y rusa que tanto ama Getchev. Las autoridades siguen si cogerle cariño y en 1935 le cierran la revista tras el golpe de Estado promovido por el grupo Zveno, próximo a militares de extrema derecha poco creyentes en las bondades de la democracia.

Georgi Getchev sobrevivió al fascismo y la II Guerra Mundial escribiendo poesía y cuentos infantiles para darse de bruces con la toma del poder por el Partido Comunista. Tampoco se calla cuando algo no le gusta y reclama un arte libre. Lo meten en el campo de concentración de Béléne, en medio del Danubio, junto a 600 anarquistas más.

Las presiones de la Unión de Escritores conseguirán su libertad y las presiones del Estado conseguirán atosigarlo con más detenciones e interrogatorios hasta su muerte, un poco harto ya, en 1965, fiel a la poesía de sus principios.

dimecres, 19 d’abril de 2017

Chemin des Dames. 1917.


Vous, mes frères obscurs, personne ne vous nomme.

Viendo fugazmente a Marine Le Pen por la tele se me va la memoria cien años atrás, a la primavera de 1917, sin necesidad de salir de Francia. Estamos en el departamento del Aisne. El general Robert Nivelle es el nuevo comandante en jefe del Ejército francés en una carnicería que dirigen tipos de atildados bigotes en despachos a centenares de quilómetros del frente. El tal Nivelle, otro genio jugando con las maquetas, ha tenido una gran idea para pasar a la posteridad. La de siempre, romper las líneas alemanas.

El lugar escogido para la gloria es el Chemin des Dames, entre Soissons y Reims, un repecho de quilómetros de longitud defendido trincheras, alambradas y nidos de ametralladoras. Lo normal. El brillante plan de Nivelle consiste en cañonear unos días las posiciones enemigas, cargar a la brava con infantería, romper las líneas y ganar la partida. Sobre las maquetas que hay en el Estado Mayor es un éxito. Nivelle asegura que la operación no se alargará más de 48 horas a un coste de unas 10.000 bajas. Lo normal.

Para el éxito de su plan, Nivelle cuenta con el factor sorpresa. A esas alturas del conflicto el único factor sorpresa sería la inteligencia y la empatía en los altos mandos. El factor de marras se va por las letrinas cuando movilizas casi a un millón de personas en una zona de 40 quilómetros por muy bajito que hablen y a ti se te va la lengua en una cena con señoras de la alta sociedad. Cuando el Ejército francés está preparado, el alemán también.

Los días previos de cañoneo intensivo sólo sirven para dejar el terreno como un fangal lunar sometido a intensas lluvias y alguna nevada, mientras los alemanes aguantan los temblores bajo tierra, tragando polvo y humo y acumulando mucha mala hostia.

El 16 de abril de 1917 el silbato de los oficiales ordena salir a la carga a las seis en punto de la mañana. Para carga la que llevan encima los soldados: cansancio y sueño acumulados, una manta enrollada cruzada sobre el torso, una pala, mochila con víveres para seis días, macuto con veinte granadas, tres litros de agua, dos máscaras de gas, un saco de tierra para asegurar posiciones, bengalas, 120 cartuchos de fusil, botiquín... más o menos unos 20 quilos por espalda.

Nieva y hace un frío que pela. Nivelle manda en primera línea a las tropas coloniales senegalesas, hombres de la costa occidental francesa muchos de los cuales no saben hablar francés, bien vestidos para pegar tiros por la sabana pero poco adecuados para la helada Picardie. Avanzar es complicado. El peso que llevan los hunde en el barro. Nivelle tiene bajo sus órdenes a unos 15.000 soldados africanos. En los primeros minutos del ataque mueren unos 1.500. A las siete de la mañana todo el mundo tiene claro que aquello es perder el tiempo, el tiempo incalculable que suman las vidas congeladas sobre el terreno. Todo el mundo menos el general Nivelle.

Nivelle ordena oleada tras oleada hasta el 22 de abril. La mitad de las tropas africanas pierden la vida lejos de casa camino de la nada, la mayoría bajo fuego alemán y una buena parte bajo artillería francesa que o dispara mal o dispara para evitar retiradas sobre la marcha. Francia trajo a Europa a unos 160 mil soldados africanos a morir por una liberté y égalité que no gozaban, pues carecían de derechos cívicos elementales. Sufrieron 65 mil bajas.

El 10 de diciembre de 1998 moría, a los 104 años de edad, Abdoulaye N'Diaye, el último soldado senegalés vivo que mandaron a luchar en la I Guerra Mundial. Herido en Bélgica en 1914, combatió en los Dardanelos en 1915, fue herido de nuevo en la batalla del Somme en 1916 y terminó asaltando trincheras en Verdun antes de poder volver a casa, a sus pobres tierras de agricultor.

En 1949 se enteró que tenía derecho a una pensión de invalidez y a otra de antiguo combatiente, que le fueron congeladas por el gobierno francés en 1961 tras la independencia de Senegal. N'Diaye percibió del gobierno francés hasta su muerte un total de 340 francos franceses (no llega a 52 euros). Ah, y un abono a precio reducido para la red ferroviaria francesa. El general Robert Nivelle, que murió en su cama, fue condecorado con la Gran Cruz de la Legión de Honor al terminar la carnicería.

dijous, 13 d’abril de 2017

Antonio Ortiz Ramírez. 1907.


Hoy hace 110 años se venía el mundo, en el Poblenou, Antonio Ortiz Ramírez, dispuesto a hacer con su vida lo que él mismo decidiera, que para eso nos nacen. La vida lo sacó de la escuela a los 11 años para ponerlo de aprendiz de carpintero y colaborar en el sustento familiar. Intentó compaginar trabajo y estudio nocturno. A los 14 años, viendo que no le gustaba como estaba repartido el mundo al que había venido, se hizo de la CNT.

En tiempos de la II República se integró en los Grupos de Defensa Confederal de su barrio, formó parte del grupo de afinidad Nosotros, publicó en Solidaridad Obrera y fue presidente del Sindicato de la Madera de la CNT. Desde ahí vivió la huelga del gremio entre noviembre del 32 y abril del 33. Pedían trabajar 44 horas semanales y no 48, y que las herramientas las pusieran los patronos, que tenía guasa pagar para poder trabajar. Le dieron cárcel y una buena tunda de palos. No sería la última vez.

A principio de 1936 se vino a dar un mitin a mi pueblo y el 19 de julio estaba en primera fila para detener al fascismo en las calles de Barcelona. Apenas una semana más tarde se iba al frente de Aragón encabezando a los 800 voluntarios de la Columna Ortiz. Ahí ya no pudieron parar al fascismo, más bien los pararon a ellos, por delante y por detrás, aunque les dio tiempo a crear el Consejo de Aragón.

Antonio Ortiz asume la comandancia de la 25 División, pero tras la militarización de las columnas acabaría siendo destituido y mandado de vuelta a Barcelona para buscarle un nuevo destino. Aprovechó el tiempo para licenciarse en la Escuela Popular de Estado Mayor.

Ortiz era partidario de sacar adelante el Plan Camborios ideado por García Oliver, la creación de una guerrilla en la retaguardia franquista en Andalucía. La guerra pintaba mal y las disposiciones tácticas, poco novedosas, llevaban a una victoria del mejor armado. Y por otro lado cada vez quedaba menos espacio para la revolución social.

Los camborios eran una especie de ninjas, aguila y serpiente a la vez, implacable con el enemigo, tolerante con las creencias de los campesinos, respetuoso con las mujeres y amigo de los niños. No les dejaron. A Ortiz lo pusieron al frente de la 24 División en la Seu d'Ugell.

Ante las crecientes sospechas de un intento de asesinato por agentes estalinistas y harto de la incompetencia de mandos militares y enfrentado a varios dirigentes de la CNT, Ortiz se pasa a Francia con varios colaboradores más en julio del 38. Le llaman traidor, cobarde, desertor... y en privado ni les cuento. Los hechos demostrarán que igual tendría mal carácter, pero que también le sobraba integridad.

Antonio Ortiz visitará la cárcel de Colliure y los campos de concentración de Saint Cyprien y Vernet. Es considerado altamente peligroso. Las autoridades de Vichy le consideran anarquista y revolucionario a tener bien lejos. Lo mínimo en el régimen concentracionario y de trabajos forzados en Djelfa, en el Norte de África. 'Por el campo, en carne viva, cuatro moros y un Sargento buscan hogueras por tiendas: “Está prohibido hacer fuego”, ¡Que la leña es del estado! y es más que los prisioneros. De alambrada en alambrada los pájaros pierden vuelo', escribe desde allí Max Aub.

En diciembre de 1942, tras el desembarco norteamericano en África, Ortiz se alista en el Ejército francés y se bate contra las tropas alemanas del Afrika Korps. Desembarca en Europa con el Primer Batallón de Choque, el nombre ya lo describe, y participa en la liberación de Aix-en-Provence, Lyon y Belfort. No se detiene y entra en Alemania, combatiendo en Baden-Wurtemberg, recibiendo medallas, entre ellas la Cruz de Guerra con Palma, y una herida que pone fin al periplo bélico.

En septiembre de 1948, Antonio Ortiz es uno de los anarquistas que meten 120 kilos de bombas en una avioneta para echárselas encima a Franco, que goza en su yate de las regatas en La Concha. Les salen al paso seis cazas pidiendo los papeles y deciden volver para Francia.

Con la sensación de alguien respirándole en el cogote, Ortiz cruzaría el Atlántico y vivió en Bolivia, Perú y finalmente Venezuela, sin renunciar a su militancia en la CNT y trabajando de carpintero.

Al cumplir 80 años volvió a Barcelona. Aquí consiguió por toda una vida de lucha una pensión como sargento del Ejército de la II República. A veces la revolución social queda en eso, es el derecho a una paga. Antonio Ortiz Ramírez murió a punto de cumplir los 88 años en una residencia de ancianos de La Verneda. En un últmo servicio al progreso donó su cuerpo a la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona.

dimarts, 11 d’abril de 2017

María Camino Oscoz. 1910.


El 11 de abril de 1910 nacía en Pamplona María Camino Oscoz, mala plaza para nacer mujer que miraba de frente y quería un mundo sin privilegios de clase. María era maestra en Güesa, en el valle de Salazar, era comunista, era compañera de Tomás Áriz, comunista también.

A Tomás Áriz lo detuvieron el mismo 19 de julio del 36 para encerrarlo en el fuerte de San Cristóbal. No hizo falta. Lo fusilaron durante la subida. El 1 de agosto fueron a por María. Un grupo de falangistas. Se la llevan a empellones, golpes y risas al Hogar del Camarada, a plena luz del día, para que lo vea todo el mundo y aplaudan al pasar.

En el Hogar del Camarada, en lo que hace poco era la Casa del Pueblo, hacen con María lo que les da la gana, que para eso son los amos del cotarro y hasta Dios les ríe las gracias. Cuando se cansan le endilgan aceite de ricino y la atan a una silla. El aceite de ricino hace que te cagues encima, pata abajo.

Le rapan cabeza y cejas y la sacan a pasear para escarnio público, a son de corneta y chirigota, camino de la comisaría con parada en plaza de Castillo para entretener al personal. Germán Izquierdo Larramendi es el comisario que decide a quien se fusila y a quien no, un poco al tuntún, que total para qué si ya está todo decidido por designio divino. Por la tarde se la llevan a la cárcel.

María Camino Oscoz pasó poco mas de una semana en la cárcel. Vinieron a  buscarla de nuevo para subirla a un camión en traqueteo hasta la sierra de Urbasa. La bajaron junto a otros y los hicieron caminar un poco. Antes de llegar a ninguna parte empezaron a disparar. No todos murieron en el acto bajo las balas, ni tampoco importaba mucho. Agarraron los cuerpos, los arrojaron a las simas y santas pascuas, y mañana a por más.

Pasaron muchos años para recuperar los restos y la memoria de María Camino Oscoz. Allí abajo, en las simas, quedan muchas más vidas que sucesivos gobiernos se han negado a rescatar, no les vayan a mirar de frente y que total para qué remover el presente. Alli abajo, los muertos. Aquí, arriba España.

dilluns, 3 d’abril de 2017

Manuel Fernández Márquez. 1973.


'Yo soy yo y mis compañeros'

Manuel Fernández Márquez era uno y era miles, por eso lo asesinaron. Uno de tantos de los que se vinieron de Extremadura a la mina, en Fígols, y de ahí al cinturón metropolitano, a Santa Coloma y las Comisiones Obreras.

Casado con Carmen Rodríguez Jurado, sevillana a la que conoció en Fígols, se vinieron con su hijo de dos años, José Manuel, a Santa Coloma a principios de 1973, y a los dos meses encontraba trabajo en COPISA, una de les empresas que andan en la construcción de la tercera y última torre de la Térmica del Besòs, ese paisaje a lo Chernobyl Beach.

Los obreros de la Central 1733 han parado y ocupado los comedores porque están hartos de trabajar en unas condiciones similares a los obreros de las pirámides. Piden, entre otras cosas, un aumento de 4.000 pesetas al mes (24 euros, vaya), pasar de 56 a 40 horas semanales de lunes a viernes, anulación de los contratos firmados en blanco, 30 días de vacaciones pagadas, derecho de reunión en las instalaciones de la empresa, botas de seguridad y vestuarios en condiciones, que resta intimidad compartirlo con las ratas.

Manuel Fernández participa en esas acciones con sus compañeros de tajo, a los que representan gente como él, Manuel Pérez, Antonio Jiménez, Miguel Guerrero, a los que el Tribunal de Orden Pública pedirá penas de entre 12 y 20 años de cárcel por levantar la voz.

La empresa amenaza con sanciones de empleo y sueldo de cinco días a todos los trabajadores, muchos de ellos con contratos de 15 días a renovar si son obedientes, y al poco avisa que ya pueden ir pasando a firmar el despido. La mañana del 3 de abril de 1973, Manuel Fernández se despide con un beso de su hijo y de su mujer. No sabe si les dejaran entrar a trabajar, sólo sabe que tiene que estar al lado de sus compañeros, que un hombre solo, una mujer, así tomados, de uno en uno, son como polvo, no son nada.

Desde las 7.30 horas del martes 3 de abril, hoy hace 44 años, unos 2.000 obreros van llegado a la térmica propiedad de FECSA. Les esperan nutridas dotaciones de Policía Armada, policía a caballo, Guardia Civil y los delincuentes uniformados de las brigadas especiales, los grises de Valladolid.

Las puertas de la Térmica están cerradas y sólo les dejarán entrar si lo hacen den grupos de cinco personas como máximo. Los obreros se  niegan, o entran todos a una como siempre o no entra nadie. Y no entra nadie. Los sacan de allí a hostias. Las fuerzas policiales cargarán hasta tres veces. La última con fuego eal y tirando a los cuerpos. Una bala hiere en el cuello a Serafín Villegas Gómez, 25 años. Manuel Fernández Márquez se agacha para ayudarle a reincorporarse. Es entonces cuando un policía a caballo vuelve a disparar y un balazo en la cabeza quiebra los 27 años de existencia de Manuel.

La noticia del asesinato de Manuel se expande como la sangre por el pavimento. Esa misma mañana Sant Adrià sale a la calle y por la tarde el Colegio de Abogados de Barcelona emite comunicado de condena. Al día siguiente paran Siemens, Pegaso, Bultaco, Hispano Olivetti, Seat, La Maquinista Terrestre y Marítima...

En mi pueblo, los obreros de Aiscondel, Meler, Joresa, son los primeros en ocupar las calles junto con compañeros de otras fábricas y talleres. Los recuerdo pasar por la calle desde mi ventana en una planta baja de Les Fontetes. Y las cargas y las detenciones. Y los vecinos abriendo las puertas de casa dejando entrar a señores como mi padre, sudorosos por la carrera, miedo en la mirada, una sonrisa para el chaval que los miraba sin entender mucho y un gracias, señora para el vaso de agua que les daba mi madre.

Esos días mi pueblo hasta salió en la prensa. 'La mayor incidencia estuvo localizada en Sardañola, donde el paro afectó a nueve factorías, con un total aproximado de mil obreros, que abandonaron sus puestos de trabajo poco después de iniciada la jornada, para no reanudarla en todo el día', La Vanguardia. (nota: eran más de nueve y más mil)

A Manuel Fernández lo enterraron en el cementerio de Pomar, barrio de Badalona levantado en 1967 para tener apartada a gente procedente de las barracas de Montjuïc. Un compañero de trabajo empezó a leer un poema que le había dedicado, Murió por gritar. No le dejaron terminar, la policía volvió a cargar, que viendo el cementerio cerca estarían animados.

Martes 3 de abril de 1973. / Ese día murió Manuel, / Manuel Fernández Márquez, / obrero. / Per no murió de cansancio, / como morimos muchos. / Pero no de accidente de trabajo, / como seguimos muriendo. / Pero no de hambre y de miedo, / como quisieran que muriésemos. / Murió por gritar / que no quería morir por nada de eso. / Murió por gritar / Yo soy yo y mis compañeros. / Murió porque el único argumento de sus opresores / se le incrustó en el cuerpo / ese martes, ese 3 de abril / teñido de sangre / asesinaron a Manuel, Manuel Fernández Márquez / compañero nuestro.

Ese 3 de abril asesinaron en Manuel, que nunca hizo daño, que era uno y es miles. Años después una calle de Sant Adrià que iba a llamarse avenida de Carrero Blanco se llamó por decisión de los vecinos calle de Manuel Fernández Márquez. Ya ven, algunos salen propulsados de la memoria y otros se quedan con nosotros a pie de calle.

divendres, 31 de març de 2017

Juan Miguel de Mora. 1921 - 2017


'La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida'.

Se nos ha muerto Juan Miguel de Mora, en México. Había nacido hace 95 años en Madrid de padre mexicano y madre española. Creció en México y sus padres lo enviaron a Francia a estudiar en francés. Estaba en París cuando los fascistas dieron su golpe de Estado en España y para acá se vino a defender la democracia. Se apuntó a las Juventudes Socialistas Unificadas y luego fue a alistarse al Ejército republicano. Le preguntaron la edad. Tenía 14 años. Le dicen que no, claro, que se vuelva con su madre.

Se vuelve con las JSU y lo ponen a escribir, de periodista, que se la da fenomenal. Trabaja en el diario de la Alianza Juvenil Antifascista. En 1938, a punto de cumplir los 17 años, viendo que la guerra está perdida, decide alistarse en las Brigadas Internacionales. Con la XV Brigada Internacional participa en la batalla del Ebro, en los combates de la Cota 666, una carnicería.

Un día se topa, literalmente, con dos soldados moros. Cae al suelo de topetón pero es más rápido y dispara primero. Mata a los dos. No hay nada épico en ello, sólo el miedo más atroz. El miedo que vivirá bajo las bombas o en la lucha cuerpo a cuerpo, cuando hunden una bayoneta en su cuerpo y cae inconsciente.

Despierta en un hospital en Falset y de ahí a Barcelona. Mientras se recupera llega la noticia del adiós de las Brigadas Internacionales. A él le dan el alta para que vuelva a México. Se niega y vuelve al frente, o lo que queda de él. En todo caso acaba al frente de una unidad que cierra la retirada para proteger a los civiles que van huyendo hacia la frontera francesa. Francia le premia por esa labor salvando vidas arrojándolo al campo de concentración de Saint Cyprien.

Juan Miguel de Mora no tardaría mucho en escapar del campo de concentración gracias al apoyo de algunos compañeros en el exterior, que se hicieron pasar por gendarmes que se lo llevaban detenido para interrogarlo. Cuando pudo se subió a un barco rumbo a su México.

En México trabaja de periodista, acaba siendo fundador del semanario La Voz de la Chontalpa y director del Diario de Tabasco, y se convierte en una figura intelectual muy respetada. Escribe novela, teatro y ensayo y dirige teatro, cine y televisión, además de acumular una sólida trayectoria académica, doctorándose en Hispánicas con una tesis sobre Lope de Vega. Es especialista en sánscrito, historia de China y literatura vietnamita.

Miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York, fue el primer corresponsal en lengua española en cubrir la guerra de Vietnam y siempre ha defendido la democracia y la libertad. Es por lo que se vino a España aquel julio del 36. Volvió a hacerlo en 1964, para colaborar con la oposición clandestina al franquismo. Siempre se escuchó su voz para denunciar la represión en México.

Entre sus textos sobre la experiencia en España ahí están Cota 666. Mi batalla del Ebro y La libertad, Sancho: testimonio de un soldado de las Brigadas Internacionales.

Escribió una vez Juan Miguel de Mora: 'Alberti cuenta que el 8 de noviembre de 1936, cuando la primera unidad de voluntarios extranjeros llegó a Madrid y dormían en el césped de un jardín público, un muchacho muy joven le preguntó si aquella ciudad, en la que estaban, era bonita. Porque probablemente moriría al día siguiente y quería saber en qué ciudad estaba.

Ese día Madrid estaba solo frente al mundo, como la única oportunidad de frenar a Hitler que desde el 18 de julio envió a Franco trimotores Junkers para pasar a los mercenarios marroquíes a España y siguió usando a Franco para medir hasta dónde llegarían Chamberlain y Daladier. Después los aviones, los tanques, la Legión Cóndor.

Al brigadista que quería saber cómo era aquella ciudad por la que probablemente moriría, se le pudo haber respondido que, en aquel preciso momento de la historia, Madrid era la ciudad más hermosa del mundo'. Y sí, llevamos un hermoso mundo en nuestra memoria.