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dijous, 14 de maig de 2015

Semana pro Amnistía. 1977.


Rafael Gómez Jáuregui luchó contra el fascismo durante la guerra. Acabada la guerra continuó luchando desde la clandestinidad hasta ser detenido y condenado a muerte. Le conmutaron la pena capital y se pasó cinco años en la cárcel. Al salir de prisión, en agradecimiento, fue uno de los organizadores de la huelga de 1947, primera huelga política de la dictadura. Acabó en el exilio, 17 años en tierras del Jura. Volverá a casa en 1968. Poco podía pensar el veterano luchador que apenas dos años después de enterrado el dictador, un 12 de mayo de 1977, moriría ametrallado en el balcón de su casa, en Rentería, por disparos de la Guardia Civil. Rafael Gómez Jáuregui fue el primer muerto por herida de bala de la semana pro-amnistía convocada en Euskal Herria del 8 al 15 de mayo de 1977.

La semana pro-amnistía, la segunda del año, empezó en día 8 con diversos actos populares y cortes de carreteras. La noche del 8 de mayo, la Guardia Civil ordena al empleado de la autopista Bilbo - Behobia, Clemente del Caño Ibañez, que retire una barricada de la autovía. No toman ninguna medida de seguridad y Clemente muere arrollado por un vehículo. 

La tensión va creciendo. Asambleas populares en varias localidades llaman a la huelga y convocan sentadas y manifestaciones. Rentería, como otras ciudades, amanece el día 12 en paro general. Hay protestas y enfrentamientos con las Fuerzas de Seguridad del Estado. Y los primeros heridos de bala. Por la tarde, en una carga, una ráfaga de subfusil acabará con la vida de Rafael Gómez Jáuregi, de 78 años, que ha salido al balcón a ver qué pasaba.

Al día siguiente hay manifestaciones por la muerte de Gómez Jáuregui y la huelga se extiende. Enfrentamientos y cargas en el casco viejo de Pamplona. José Luis Cano Pérez, 28 años, intenta refugiarse en un bar. Un grupo de policía se lo impide. Rodeado, recibe una brutal paliza. Ya en el suelo, un cabo lo asesina de un tiro en la nuca.

El día 14 la huelga general es un hecho y el Ayuntamiento de Pamplona condena la actuación desmesurada de la fuerza pública. No sirve de mucho. Ese mismo día, en Rentería, Gregorio Maritxlar Aiestaran, 62 años, se asoma a una ventana de su casa y recibe un balazo. Morirá en el hospital diez días después. En Pamplona, Luis Santamaría Miquelena, 72 años, también sale al balcón y asiste a una lluvia de pelotazos de goma que le provocan un shock cardíaco que acaba con su vida. El joven de 15 años, Javier Burguete, también ha salido al balcón y acaba ingresado en el hospital con conmoción cerebral por un pelotazo de goma en la cabeza.

Ya en la noche del día 14, en Ortuella, Manuel Fuentes Mesa, 30 años, militante de CC.OO. sale de una cena de despedida de soltero con siete amigos. Les rodean cinco jeeps de la Guardia Civil y son atacados por los agentes. Manuel intenta escapar de los golpes y recibe un balazo por la espalda, en la cabeza. Muere allí mismo mientras los miembros de la Benemérita suben apresuradamente a los coches y se van.

La mañana del 15 de mayo, en Bilbao, Francisco Javier Núñez, 38 años, que padece una afección hepática, baja a comprar el periódico cuando le sorprende una carga policial. Varios antidisturbios le golpean. Cuando se recupera de los golpes, el día 17, va al juzgado de guardia a presentar denuncia. No le hacen mucho caso. Al salir se le acerca un grupo que le afea la conducta por intenatar interponer denuncia, que si no ha tenido bastante, y le propina una paliza. Para rematar le obligan a ingerir una botella de coñac y otra de aceite de ricino. Acaba vomitando sangre y hospitalizado. Morirá seis días después.

Ah, por cierto, ninguno de los responsables y autores materiales de estas siete muertes tuvo que esperar a la aprobación y aplicación de la ley de amnistía que se reclamaba para salir de la cárcel. Simplemente no hubo investigaciones ni procesados.

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