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dimecres, 26 d’agost de 2015

Celedonio García y Enrique Martínez. 1949.




Cuando Josep Lluís Facerías y Antoni Franquesa pasan la frontera el 2 de julio de 1948, les acompañan Celedonio García Casino y Enrique Martínez Marín. Durante un año realizarán una frenética actividad recaudando fondos para la causa. Es la causa antifascista y es muy triste tener que pedir, porque además no te hacen ni caso, así que mejor quitárselo a quien no lo necesita. El grupo atraca sucursales bancarias, roba documentación y realiza alguna visita intempestiva a la Casita Blanca y el meublé Augusta, que tiene su algo de justicia poética ver a los vencedores bajarse los pantalones.



A Celedonio García Casino el final de la guerra lo pilló con 17 años, no le habían dejado ir al frente y decide abrir el suyo desde la Federació Ibèrica de Joventuts Llibertàries de Gràcia de Barcelona. Lo trincan rápido y se pasa cinco años en La Modelo. Al salir reemprende la militancia clandestina y no tarda en contactar con Facerías, convirtiéndose en un habitual de los pasos fronterizos y responsable de diversas acciones armadas en Barcelona (bomba contra el cuartelillo de la Guardia Civil en Travessera de Gràcia, bomba que no explota en una de las torres del Tibidabo). También intentará, sin éxito, llevarse por delante a la mala bestia de Eduardo Quintela Bóveda, jefe de la Brigada Político Social, el tipo que ya jubilado se vino de Galicia con su perdiguero para ayudar a cazar a Quico Sabaté.



El 16 de agosto de 1949, Facerías, Franquesa, Celedonio, Enrique y otros se llegan al Mas del Bosch, en la carretera de la Arrabassada, cerca de mi pueblo. Encierran a los propietarios y servicio doméstico en una habitación y montan un peaje en la carretera. Quien dispone de vehículo propio en esa época es alguien bien situado, así que obtienen una buena recaudación en metálico y quincallería de la buena y deciden ir preparando la retirada a Francia. Antes, como despedida, provocan un incendio en los garajes de CAMPSA, ametrallan la comisaría de Gracia y tirotean a un policía armada. El 22 de agosto inician el viaje hacia la frontera tomando carreteras secundarias y cambiando de vehículo a menudo.



Enrique Martínez Marín tenía 12 años cuando terminó la guerra y sufrió en la infancia la humillación de los vencidos en su barrio del Carmelo. Decidió no resignarse y desde su militancia en las Joventuts Llibertàries empezó a luchar contra la dictadura. Lo detuvieron y encarcelaron al poco de cumplir los 20 años. Al salir de la cárcel en marzo de 1948 se fue directo a buscar a Facerías para integrarse en su grupo. Y allí estaban, tomándole el cochazo prestado a Edgar Neville.



El 26 de agosto los cuatro toman un camino de montaña para cruzar los Pirineos. Celedonio y Enrique van delante y son los que recibirán de pleno los disparos de la Guardia Civil, que les estaban esperando. Morirán allí mismo, en el monte. Antoni Franquesa es herido en la boca y un brazo y cargado a hombros por Facerías, que soltando el lastre de lo recaudado durante el último año se abre paso a bombas de mano.



Franquesa curó sus heridas en Perpignan. Cuando se recuperó volvió a la lucha con Facerías. En abril de 1950 a Antoni Franquesa lo mataron poco después de realizar un atraco en la panadería Sisquella de mi pueblo. A Josep Lluís Facerías lo acribillaban a balazos en una emboscada en Sant Andreu el 30 de agosto de 1957. A todos querían borrarlos del recuerdo. Ahí están, riéndose dentro de un coche que han tomado prestado camino de Francia mientras se acuerdan de aquellos poderosos con los pantalones por los tobillos.

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