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dimarts, 18 d’agost de 2015

Francisco Pérez Carballo y Juana Capdevielle. 1936.


Francisco Pérez Carballo tenía eso que se llama un prometedor y brillante futuro profesional por delante. Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras con excelente expediente académico, dirigente de la Federación Universitaria Española, miembro de la Asociación Internacional de Estudiantes, militante de Izquierda Republicana y profesor ayudante en la cátedra de Derecho Romano de la Universidad de Madrid además de oficial letrado en el Congreso.

El gobierno del Frente Popular le nombra gobernador civil de A Coruña con sólo 25 años. Es abril de 1936 y el ambiente anda tenso. A Pérez Carballo le hacen llegar una lista de mandos militares más que sospechosos de afilar sables y conspirar contra la República. Por otro lado representantes obreros y sindicales le piden distribuir armas entre la gente por si los fascistas. Pérez Carballo se opone tanto a represalias contra militares sospechosos como al reparto de armas entre la población civil, manifestando un reverencial respeto por la legalidad vigente.

Al final los militares se pasan la legalidad por el forro. Pérez Carballo pasará unos días frenéticos, del 17 al 20 de julio, en la sede del gobierno civil, sin apenas dormir, mientras todo se desmorona. El 20 de julio, los militares acuartelados en A Coruña deciden finalmente apoyar el golpe de Estado fascista, arrestando a los generales Salcedo y Caridad Pita, que se oponían a la sublevación. El gobierno civil se convertirá en símbolo de la resistencia de las autoridades civiles al golpe militar y Pérez Carballo el único gobernador civil gallego que defenderá la legalidad con las armas.

Escasos de armamento y sobrados de buena voluntad, una treintena de guardias de asalto y algunos voluntarios se atrincheran tras unas barricadas de sacos terreros y la cobertura de dos ametralladoras. Resisten tres horas. Los militares, a los que no tardará en unirse la Guardia Civil, han apostado una pieza de artillería en Parrote que cañonea a placer desde lo alto. En gobierno civil ya hay los primeros muertos y los heridos son tratados con una botella de Jerez como antiséptico.

Tras la rendición y hechos prisioneros, Pérez Carballo, el comandante Quesada y el capitán Tejero Langarita, oficiales de la Guardia de Asalto leales a la República que han organizado la defensa del Gobierno Civil, son tratados con especial saña y llevados a la cárcel, cerca de la Torre de Hércules. La madrugada del 24 de julio son sacados del calabozo y llevados a Punta Herminia, cerca de la cárcel y del Campo da rata. Los tres hombres se abrazan para despedirse. Quesada y Tejero se ponen en posición de firmes, Pérez Carballo se quita el sombrero. El pelotón hace trizas sus cuerpos, que caen de espaldas al mar.

El pelotón, por orden de los militares golpistas, está formado por guardias de asalto que habían estado a las órdenes de Quesada y Tejero. El oficial al mando del pelotón que da la orden de fuego es el teniente Manuel Valcárcel, amigo personal de los dos oficiales fusilados. De regreso al cuartel, Manuel Valcárcel entra en la parte trasera de un camión y se descerraja un tiro en la cabeza.

Aquel mismo 24 de julio, Francisco Pérez Carballo, sabiendo de su suerte, escribe una nota de despedida para su mujer: 'Juana: Has sido lo más hermoso de mi vida. Donde esté y mientras pueda pensar, pensaré en ti. Será como si estemos juntos. Beso tu anillo una vez cada día. Te quiero. Paco. Para Juana Capdevielle, mi querida esposa. Viernes, 24 de Julio de 1936, cinco de la madrugada'.

Francisco Pérez Carballo estaba casado con Juana Capdevielle San Martín, una mujer extraordinaria a la que había conocido en el Ateneo de Madrid. Juana Capdevielle, compañera de estudios de María Zambrano, licenciada en Filosofía y Letras. Intelectual, pedagoga, conferenciantes. Era jefa técnica de la biblioteca del Ateneo de Madrid y organizó el servicio circulante de lectura para los enfermos del Hospital Clínico y de la Cruz Roja, impulsó la modernización de las bibliotecas españolas y estaba pensionada por la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas.

Juana Capdevielle estará al lado de Francisco Pérez en gobierno civil del 17 al 20 de julio, hasta que tras los primeros tiroteos saldrá por una puerta lateral del edificio con algunos trabajadores de la sede y se refugiará en casa de una familia amiga, los López Abente. El día 21 intenta tener noticias de su marido llamando a las autoridades militares. Ya por la noche consigue hablar con el psicópata Florentino González Vallés, teniente coronel de la Guardia Civil, que le dice que si le da su dirección ahora mismo pasan a recogerla para llevarla a ver a su marido.

Y sí, pasan a recogerla, pero no para ver a su marido, si no para llevarla detenida y encerrarla en los calabozos de la comandancia de la Guardia Civil. Al día siguiente la trasladan a los calabozos del Cuartel de Asalto. De allí la llevan a dependencias de Seguridad y luego a la cárcel de A Coruña. A finales de julio le hacen llegar la nota de despedida de Francisco. A principios de agosto la dejan libre mientras, le dicen, tramitan su destierro. Su cuñado, Ángel Pérez, intenta la mediación del cónsul francés (el padre de Juana es francés), Leon Porettio, que se pasa la fraternidad por la entrepierna y se escaquea.

El 17 de agosto le llega la orden para presentarse a la Guardia Civil. González Vallés ya ha decidido qué hacer con ella. La trasladan al local de Falange de Culleredo. Ya en la madrugada del 18 de agosto la suben a un automóvil que se detendrá en las afueras de Rábade, Lugo, cerca de un paso a nivel. La sacan del coche y la llevan a la cuneta. Le acribillan los pechos y la rematan de un tiro en la cabeza. Juana Capdevielle tenía 31 años y estaba embarazada de seis meses. Arriba España.

'Juana, has sido lo más hermoso de mi vida. Donde esté y mientras pueda pensar, pensaré en ti. Será como si estuviésemos juntos. Me dijiste la noche del veinticuatro de julio de 1936 antes de que te matasen. Paco, has sido lo más hermoso de mi vida. Donde esté y mientras pueda pensar. Pensaré en ti. Será como si estuviésemos juntos. Te digo en la noche del dieciocho de agosto de 1936 antes de que me maten. Y pienso: me quitarán la vida, pero no me quitarán el amor porque el amor es indestructible'.



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