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dimarts, 25 d’agost de 2015

Justo López de Zubiría y Félix Mingeta. 1979.

Siempre hay algún bar que se llama Las Vegas, canta Quique González tomando la canción prestada de Diego Vasallo. El bar restaurante Las Vegas en Vitoria estaba en la calle Portal de Villarreal. Abría cuando ni siquiera había salido el sol, los obreros de la zona industrial de Vitoria hacían tiempo allí mientras esperaban los autobuses que les llevaban al trabajo.

A eso de las seis y poco de la mañana del 25 de agosto de 1979 Antonio Macías Benítez entra en el bar restaurante Las Vegas cargando una buena cogorza y gastando muy mal rollo. Empieza a discutir y buscar bronca con el personal mientras le pide un güisqui al dueño del establecimiento, Justo López de Zubiría, que le dice que nones, que se tome una Mirinda y ahueque el ala. Antonio Macías se rebota y Justo López lo echa a la calle. En la calle, Antonio amenaza con volver y liarla de verdad.

Una hora más tarde un taxi se detiene frente al bar Las Vegas y Antonio Macías sale de él y vuelve a entrar en el bar. Una vez dentro, Macías, policía nacional, saca su arma reglamentaria y apunta a Justo López. Un cliente, Félix Mingeta Sanz, 39 años, tres hijos, intenta mediar. Antonio Macías lo asesina de un tiro en el pecho. Vuelve a apuntar a Justo López y también lo asesina de otro disparo en el pecho. Enfunda la pistola, sale del bar y vuelve a subirse al taxi que le espera en la calle sin que el taxista tenga la más remota idea de lo que ha pasado dentro.

El informe policial convierte la borrachera de Macías en “síntomas de inestabilidad nerviosa” y miles de personas se manifiestan hasta el Gobierno Civil. Las Fuerzas de Orden Público cargan con contundencia y disuelven la manifestación y los hechos. Dos años después, Gaizka, uno de los dos hijos que ha dejado Justo López, de 17 años, pierde un ojo por un pelotazo de goma en una carga policial y cuando tiene 19 años participa en un extraño suceso, resultando herido de seis balazos cuando intenta sacar a su madre de la planta psiquiátrica del Hospital Santiago Apóstol utilizando a un rehén. Siempre hay algún trozo averiado del día que no puedes borrar pero te gustaría. 

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