Cercar en aquest blog

dimarts, 22 de setembre de 2015

Bartolomé García Lorenzo. 1976.


22 de septiembre de 1976. Seis policías apostados en el rellano del tercer piso del bloque de la Divina Pastora, en la barriada tinerfeña de García Escámez – Somosierra. Llaman al portal 4º. Abre la puerta Bartolomé García Lorenzo, que al ver a seis hombres armados apuntándole se asusta y cierra. Los policías disparan. Hasta 33 balas perforan la endeble puerta. Cuatro balas impactan en el cuerpo de Bartolomé, que estaba de visita. En la casa vive su prima Antonia, que tiembla de pánico mientras protege con su cuerpo a su bebé de meses.

La policía ni siquiera llama a una ambulancia, cogen el cuerpo malherido de Bartolomé de cualquier manera, lo meten en un coche policial y lo dejan en urgencias del Hospital General y Clínico. Los médicos intentan salvar su vida en el quirófano durante seis horas. El cuerpo de Bartolomé está desgarrado por dentro y ha perdido mucha sangre. Trasladado a la UCI muere dos días después.

Bartolomé García Lorenzo tenía 21 años, estudiaba Magisterio. ‘No te dejaron ser padre, ni maestro’, llora su hermana Dulce. Era deportista y senderista, fundador y presidente del grupo montañero Tanausú, enamorado de su tierra llevaba a los muchachos de excursión, para que pudieran conocerla mejor. También andaba muy implicado con el barrio.

La policía se excusa diciendo que buscaban a Ángel Cabrera El Rubio’, el presunto secuestrador y asesino del empresario Eufemiano Fuentes. Incluso en un primer momento comunican al gobernador civil que han abatido a ‘El Rubio’. Descubierto el error rectifican y dicen que Bartolomé iba armado e hizo ademán de disparar.

El padre de Bartolomé, Andrés García Vidal, teniente jubilado de la Guardia Civil, se presenta en el despacho del gobernador civil, Rafael Mombiedro de la Torre, y le exige respeto a su hijo que agoniza en el hospital. Las autoridades presentan sus condolencias a la familia y lo dejan todo en un lamentable error cuando pensaban que tenían cercado a ‘El Rubio’, prometiendo impartir justicia e inhabilitar a los agentes implicados.

Al entierro de Bartolomé García Lorenzo asistirán 25.000 personas en una isla en pie de guerra y sumida en la huelga general más absoluta que se haya vivido nunca en el archipiélago. Mombiedro de la Torre pide refuerzos que Rodolfo Martín Villa manda sin perder tiempo para tomar las principales vías de Tenerife, produciéndose multitud de altercados que terminan con numerosos detenidos y heridos.

Los seis policías, cuatro del Cuerpo General de Policía y dos de la Policía Armada, se sientan en el banquillo en febrero de 1982. Son Juan José Merino Antón, José Antonio del Arco Martín, José María Vicente Toribio, Ángel Dámaso Estrada, Juan Gregorio Valentín Oramas y Miguel Guillermo López García. La acusación pide 12 años de reclusión y su inhabilitación permanente para ejercer cargo público. La Sala de lo Penal de la Audiencia Provincial de Tenerife los condena a dos años de cárcel. Ninguno de ellos llegará a pisar la cárcel, siguen ascendiendo en el escalafón sin problemas. En 1986 un auto de la Audiencia Provincial de Tenerife declara extinguidas las responsabilidades de los agentes.

(Ángel Cabrera Batista ‘El Rubio’ fue acusado de secuestrar y asesinar al empresario Eufemiano Fuentes, aunque nunca se pudo demostrar. Durante 13 años anduvo en búsqueda y captura, toreándose a la policía española hasta que él mismo decide entregarse. Siempre mantuvo su inocencia y silencio absoluto sobre el caso. La policía encontró un cuerpo decapitado que supuestamente podría ser el cadáver de Fuentes, aunque otros aseguran haber visto al empresario vivito y coleando por Sudamérica. Eufemiano Fuentes, potentado tabaquero, era falangista, responsable directo de la represión en la isla durante la guerra y primera postguerra como cabecilla de las llamadas patrullas del amanecer que arrojaban rojos por la Sima de Jinámar. El propio Fuentes, en el trayecto en barco entre Canarias y Cádiz, arrojaba al mar a presos políticos republicanos, con las manos atadas, mientras gritaba ‘¡Patitos al agua!’. Eso sí, Eufemiano Fuentes era lo que hoy llaman un emprendedor y Ángel Cabrera era el delincuente).

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada