Cercar en aquest blog

diumenge, 27 de setembre de 2015

Los últimos fusilados de Franco. 1975.


Entre abril de 1974 y agosto de 1975, ETA y el FRAP matan en atentado o durante un tiroteo a cuatro agentes de la Guardia Civil y la Policía. El dictador más viejo de Europa ordena venganza. Hay que buscar un culpable por cada muerte, montar farsas judiciales y llevarlos al paredón para dejárselo todo atado y bien atado a su sucesor, Juan Carlos de Borbón. El encargado del operativo es el comisario Roberto Conesa, ayudado por Carlos Domínguez Sánchez y Juan Antonio González Pacheco ‘Billy el Niño. Los detenidos empiezan a pasar por los sótanos de la Dirección General de Seguridad.

Entre el 28 de agosto y el 19 de septiembre de 1975 se celebran los cuatro juicios sumarísimos para condenar a muerte a los supuestos culpables. Previamente, el 22 de agosto, un Consejo de Ministros presidido por el general Franco en sus vacaciones en el Pazo de Meirás, aprueba el Decreto Ley Antiterrorista que posibilita los juicios sumarísimos en 24 horas contra civiles y que se aplica a los detenidos con carácter retroactivo.

Todos los acusados han firmado declaraciones bajo tortura. El caso más flagrante es el de José Antonio Garmendia, miembro de ETA abatido en un tiroteo con la policía y rematado de un tiro en la cabeza que provoca daños irreparables en su cerebro, dejándolo disminuido mentalmente. Aún así es sometido a interrogatorios en el centro hospitalario en el que permanece tras salir del coma. En ese estado no lo pueden fusilar y le hacen firmar una declaración que implica a Ángel Otaegui, que ni siquiera pertenece a ETA. Garmendia no puede firmar e imprimen su huella dactilar en la declaración.

Los juicios se solventan en pocas horas. La dirección del PCE ha dado orden a sus letrados de lavarse las manos y no inmiscuirse en los casos, no vaya a perjudicarles políticamente mezclarse con presuntos ‘terroristas’ en esos momentos. En el juicio a los tres miembros del FRAP los abogados defensores son expulsados de la sala y la vista continua con abogados militares que ni siquiera han leído la documentación del caso.

Los tribunales dictan 11 sentencias de muerte. Empiezan las protestas internacionales. El Consejo de Ministros del 26 de septiembre conmuta la pena de muerte a seis de los condenados por 30 años de prisión. Al día siguiente, 27 de septiembre de 1975, serán fusilados Juan Paredes Manot 'Txiki' (21 años), Ángel Otaegui (33 años), José Luis Sánchez Bravo (22 años), José Humberto Baena (24 años) y Ramón García Sanz (27 años).

Ángel Otaegui, hijo único, es fusilado en la tapia de la huerta de la prisión de Burgos tras pasar la noche bebiendo coñac con los funcionarios de la cárcel. En el campo de tiro de Matalagraja, en Hoyo de Manzanares, son fusilados José Luis Sánchez Bravo, José Humberto Baena y Ramón García. Los ejecutan tres pelotones formados por voluntarios, jaleados por guardias civiles y policías que han venido en autobús a ver el espectáculo, muchos de ellos completamente borrachos.

A Txiki lo mataron en mi pueblo, a las 8.30 de la mañana del 27 de septiembre de 1975, en un claro del bosque, cerca del cementerio de Collserola. Lo ataron con cadenas a un trípode y empezaron a pegarle tiros mientras cantaba 'Euzko gudariak'. 

A Txiki lo fusilaron, como a Julián Grimau, con la misma premeditada crueldad. A Grimau le pusieron un pelotón formado por soldados de reemplazo, que temblorosos y muchos de ellos incapaces de mirar a la víctima, necesitaron varias descargas y el tiro de gracia para matarlo. A Txiki, un chaval de 21 años, lo fusiló un pelotón de seis guardias civiles del servicio de información que se presentaron voluntarios, luciendo barbas y greñas empaquetadas en uniforme y tricornio. 

Se lo tomaron con calma. No hubo descarga a la orden de fuego, cada uno llevaba dos balas en su subfusil y fueron disparando uno a uno, entre insulto y chascarrillo, al estómago y el tórax, sin causarle la muerte. Los abogados de Txiki, Marc Palmés y Magda Oranich, mientras sujetaban al hermano mayor de Txiki, Mikel, que intentaba abalanzarse sobre los guardias, tuvieron que implorar el tiro de gracia. El general Franco, matarife mayor del reino, en sus primeros indicios de putrefacción, había decido despedirse tal como llegó al poder, haciendo lo que mejor se le daba, instaurar la muerte.

Cuatro días después, el 1 de octubre, aniversario de la proclamación de Franco como Jefe de Estado, mientras el general alude a la conspiración masónico izquierdista de la clase política en contubernio con la subversión comunista terrorista y la plaza de Oriente corea 'Si ellos tienen ONU, nosotros tenemos dos', a su lado en el balcón principal del Palacio Real, Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia saludan con la patita.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada