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dissabte, 10 d’octubre de 2015

Francisco Javier Alonso Castillejo. 1974.

La pequeña delincuencia siempre ha salido más cara que la delincuencia a gran escala. A Juan Vilà Reyes (Matesa), Jesús Gil (Los Ángeles de San Rafael), Edmundo Alfaro (Fidecaya) y Eugenio Peydró (Sofico), no les fue nada mal, ni en su cuenta corriente ni en los tribunales. Llamar Justicia a ciertos tribunales resultaría excesivo. La corrupción viene a ser la novena ley fundamental del franquismo, la no escrita, y como tal aún perdura.

El brazo de la ley franquista era alargado y durante años solía terminar en una pistola, sobre todo en Euskal Herria. Francisco Javier Alonso Castillejo ‘El Paquito’ no estaba especializado en estafas millonarias. A los 11 años ya pasó a disposición del Tribunal Tutelar de Menores por robar un paquete de galletas. A los 14 lo pillaron por robar una moto y empieza a frecuentar comisarías y juzgados por robos de coches y delitos menores. El 10 de octubre de 1974, ‘El Paquito’, 24 años, y su colega Ángel María Rodríguez, 18 años, volando van en un SEAT 124 robado, volando vienen de atracar una gasolinera. Un control de la Guardia Civil los para en el kilómetro 2 de la carretera N-111, término de Pamplona. Detienen a Ángel María Rodríguez mientras ‘El Paquito’ sale por piernas. No importa. Es muy fácil dar con él.

A eso de la una del mediodía agentes del Servicio de Información de la Guardia Civil dan con ‘El Paquito’ en su casa familiar de Burlada. Alertado de la presencia de los agentes, ‘El Paquito’ intenta escapar de nuevo saltando una valla que delimita unos huertos. La Guardia Civil da el alto y dispara. Una bala le entra por la espalda, cerca del corazón, y lo deja tendido de bruces sangrando abundantemente, pensando, quizás, en un paquete de galletas. Ahí permanece tirado casi una hora hasta que aparece la ambulancia, mientras los agentes impiden a la familia acercarse y prestar auxilio. Francisco Javier Alonso Castillejo morirá en la ambulancia camino del hospital. La versión oficial habla de un disparo al aire, que al coincidir con el salto de ‘El Paquito’ para encaramarse por la valla, impactó casualmente en su cuerpo. En el lugar d elos hechos quedan varios casquillos de bala en la huerta y una veintena de impactos en la pared. Da igual. No hubo investigación ni condolencias.

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