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dimecres, 28 d’octubre de 2015

Luisa Capetillo. 1879.


'Yo digo que el amor debe ser absolutamente libre, tanto para la mujer como para el hombre; y todavía añado: el amor no puede verdaderamente existir más que con la condición de ser libre. Sin la libertad absoluta, el amor es prostituido. La inmoralidad es la prostitución legal o no; es el celibato forzado de la mujer; es la venta del cuerpo femenino; es la sumisión de la esposa'.

Louise Marguerite Perone, francesa, llegó a Puerto Rico con la idea de colocarse en alguna buena familia como institutriz. Le sobraba cultura y preparación para ello. Acabó de chacha. Luis Capetillo Echevarría, vasco, llegó a Puerto Rico con la idea de forrarse. Acabó de albañil y estibador. Al menos se conocieron, se unieron libremente y tuvieron una hija con la idea de darle una educación que la ayudara a ser libre como ellos. Lo consiguieron.

Luisa Capetillo Perón nació el 28 de octubre de 1879 en Arecibo y creció recibiendo una educación imbuida de la Ilustración francesa y el socialismo libertario. A los 19 años se enamoró de Manuel de Ledesma, marqués de Arecibo, que la convierte en su querida mientras ella le deja. La relación dura tres años y tendrán dos hijos, Manuela y Gregorio, a los que el señor marqués, nobleza obliga se supone, pasará religiosamente una pensión para su educación.

Luisa se mantiene económicamente publicando artículos en prensa, cosiendo en casa y trabajando en un fábrica textil. En 1906 entra como lectora en una fábrica de tabaco, leyendo a los trabajadores mientras enrollan cigarros. Ya puestos a leer escoge libros de Tolstoi, Zola o Victor Hugo y no tarda en incluir en el repertorio textos de Marx, Bakunin o Malatesta. Serán las lecturas o será otra cosa, Luisa no tarda en estar en primera línea del movimiento sindical, exigiendo defender con idéntica determinación los derechos de los obreros y de las obreras. Su lucha por la emancipación de la mujer va muy ligada al combate sindical, porque sólo las trabajadoras bien formadas y con sueldos iguales a los hombres podrán ser independientes si así lo desean.

Luisa Capetillo es presencia habitual en los grandes mítines obreros que se realizan en Puerto Rico, llamando a la unión y a sindicarse para ser más fuertes. Madre de un tercer hijo, al que pondrá su apellido, viajará a Nueva York y Florida, contactando con los círculos libertarios hispanos, y también vivirá una temporada en Cuba, participando en una huelga de los cortadores de caña de azúcar. Si ya en Puerto Rico la lió al salir a la calle con pantalones, lo que inspiró la coplilla 'Doña Luisa Capetillo / con razón o sin razón / ha armado tremendo lío / con su falda pantalón', en La Habana sale a pasear vestida de hombre y la detienen por escándalo público. Quieren condenarla a algo, pero ninguna ley estipula nada al respecto de lucir ropa masculina y se limitan a expulsarla del país por anarquista peligrosa.

De vuelta a Puerto Rico seguirá publicando artículos, participando en diversas huelgas y escribiendo libros para exponer sus ideas como mujer libertaria, feminista, vegetariana, naturista...  con la justicia y la fraternidad universal como único horizonte. 'La emancipación de la mujer sigue al progreso de la civilización: su esclavitud camina con la barbarie', dice.

La educación vuelve a estar en el centro de la lucha por la felicidad. Una educación sin dogmas de fe, que para eso ya están las religiones y así ha ido la cosa. 'La instrucción es la base de la felicidad de los pueblos. Rasgad el velo de la ignorancia, mostrando la verdadera luz del progreso, exenta de ritos y dogmas. Practicad la fraternidad, para estrechar los lazos que deben unir la humanidad de un confín a otro sin distinción de razas ni creencias. La ignorancia es la causa de los mayores crímenes e injusticias'. Sin la participación de la mujer no hay cambio social posible.

También defiende la unión libre de hombres y mujeres, que para eso son iguales. Amor y anarquía. Respeto y compromiso. Y si hay matrimonio que no sea hasta que la muerte los separe, sino hasta que aparezca otro amor o se acabe el amor, que el desamor también es una muerte, aunque no tan concluyente como la muerte a secas, y eso siempre es una ventaja a tener en cuenta.

La ponen de puta para arriba. Y sigue diciendo. '¿Por qué calificar de prostitutas y viciosas a mujeres que están a más alto nivel moral que los hombres? Veo reinas, emperatrices, mujeres inteligentes que piden reivindicación'.

Enferma de tuberculosis, Luisa Capetillo murió a los 42 años de edad en el barrio obrero de Río Piedras, en San Juan, donde residía. El periódico Unión Obrera publicaba: 'Su entierro fue pobre, como son regularmente para los apóstoles líderes de las causas grandes de la humanidad'. Un compañero de luchas, el panadero Martín Beltrán, la despedía:  'Luisa Capetillo, una mujer de otro mundo que vino a abrir nuevos senderos'. Los senderos que a día de hoy debemos seguir desmochando a machetazos de la maleza de la ignorancia, que no hay manera.


(Norma Valle Ferrer editó sus obras completas en el volumen 'Mi patria es la libertad') . 

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