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dimarts, 6 d’octubre de 2015

Miquel Grau. 1977.


Noche del 6 de octubre de 1977. Cuando Miguel Ángel Panadero Sandoval, 19 años, vuelve a su casa en el número 11 de la plaza de los Luceros de Alicante y ve a un grupo de cuatro jóvenes de Movimiento Comunista enganchando carteles convocando a la manifestación del 9 de octubre, Diada del País Valencià, el cuerpo le pide liarse a mamporros con ellos. Lo ha hecho otras veces, pero ahora va solo, sin sus amigos de Fuerza Nueva. Miguel Ángel Panadero milita en Fuerza Nueva y está haciendo campaña para Alianza Nacional 18 de Julio. Su padre también militaba en Fuerza Nueva hasta que decidió pasarse a Alianza Popular. La familia regenta una red de gasolineras heredadas del abuelo, Celestino Sandoval González, que las recibió en una de aquellas concesiones del general Franco a los vencedores. Cosas de familia.

Los cuatro jóvenes que enganchan carteles son Miquel Grau Gómez, Juan Ángel Torregrosa, Llum Quiñonero y Javier Álvarez Landete. Cuando Miguel Ángel Panadero llega a su casa, en el séptimo piso, sale al balcón y les tira un cubo de agua que no consigue su objetivo. Contrariado por su mala traza, les tira una maceta que se hace añicos contra el suelo. Los cuatro jóvenes miran hacia arriba y no ven a nadie. Panadero ha entrado en casa y se dispone a cenar, pero deja la comida y sube a la terraza del edificio. Desde allí arroja otro cubo de agua que esta vez moja a Javier Álvarez Landete y levanta los improperios de los cuatro jóvenes, que siguen sin saber desde dónde les están importunando. Miguel Ángel Panadero coge un ladrillo de kilo y medio, con cemento adherido, y se lo baja al balcón de casa para apuntar mejor. Cuando los cuatro jóvenes empiezan a abandonar el lugar, Miguel Ángel arroja el ladrillo, que impacta en la cabeza de Miquel Grau, 22 años, y lo deja en el suelo sangrando y con el cráneo destrozado.

Miquel Grau queda ingresado en estado muy grave en la Residencia Sanitaria 20 de Noviembre mientras la policía se toma la investigación con mucha calma, descartando desde el principio cualquier motivo político en la agresión. El 9 de octubre se celebra la Diada con Miquel Grau debatiéndose entre la vida y la muerte y Miguel Ángel Panadero campando a sus anchas.

El 11 de octubre, el escándalo empieza a ser mayúsculo, Panadero se entrega a la policía e ingresa en la cárcel. El 16 de octubre muere Miquel Grau. A su entierro asisten 8.000 personas, que intentan acompañar el féretro desde el hospital hasta el cementerio hasta que la policía lo impide cargando contra el cortejo fúnebre.

Un año después se celebra el juicio. La defensa sigue descartando el móvil político y lo reduce todo a un enfado de Panadero al ver como cuatro individuos ensuciaban las paredes de su calle. Le caen 12 años. Al año siguiente, en mayo de 1979, el gobierno de Adolfo Suárez le concede un indulto parcial y reduce la pena a seis años. Tres años después, en 1982, sale en libertad. Actualmente es procurador en los tribunales de Valencia.

En su estancia en la cárcel de Herrera de la Mancha comparte celda con José Fernández Cerrá, uno de los asesinos de los abogados de Atocha. Fernández Cerrá, condenado a 193 años, pasará 15 en prisión al serle concedida la condicional al casarse con una prima de Miguel Ángel Panadero y poder acreditar un trabajo en la red de gasolineras de los Panadero Sandoval. Lo dicho, cosas de familia. 

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