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dimarts, 17 de novembre de 2015

Carolina Muzzilli. 1889.


'Es hora de que ese feminismo deportivo deje paso al verdadero, que debe encuadrarse en la lucha de clases'.

Carolina Muzzilli nació el 17 de noviembre de 1889 en Buenos Aires, en una familia obrera, compartiendo habitación en un conventillo con hermanos y tías. Había poco dinero, así que sus padres la animaron a dejar pronto la escuela para ponerse a trabajar. No le pareció una buena idea. Trabajó a destajo, sí, pero sin dejar de estudiar ni leer cuanto caía en sus manos. La educación era fundamental para salir de la pobreza, la de espíritu al menos.

Desde el primer momento empieza a defender los derechos de las mujeres trabajadoras y su voz recorre barrios y fábricas, teniendo sus más y su smenos con las señoras de la Sociedad de Beneficencia, muy de la caridad para dejar las cosas como estaban. Hizo mejores migas con Cecilia Grierson y Julieta Lanteri, aunque también cantó las cuarenta a las feministas intelectuales, que pocas fábricas habían pisado y demasiado a menudo se quedaban en las palabras.

Próxima al Partido Socialista, al que se afiliaría en 1909, Carolina trabajó en la elaboración de una ley del divorcio, aprovechando la que se había aprobado en Uruguay, aunque el proyecto no llegó a buen puerto. Colaborando en el Centro Socialista Femenino contribuyó a llevar muchos de los problemas de derechos de las mujeres al Parlamento, a través del diputado Alfredo Palacios

Participó en el Congreso de Universitarias Argentinas, en el Primer Congreso Femenino Internacional y en el Congreso del Niño, su otra gran preocupación. Ganó premios internacionales en la exposición de Gante y en la de San Francisco por sus trabajos 'El trabajo femenino' y 'El trabajo de las mujeres y los niños de nuestro país'. Aunque su brega andaba por las fábricas, intentando convencer a las mujeres para unirse, organizarse y defender sus derechos, habida cuenta que su voz apenas era oída en las asambleas obreras, donde se imponía la testosterona y la poca importancia que les daban sus colegas varones, que las preferían en casa.

Muzzilli trabajaba de costurera en casa para ganarse el pan y al terminar sus jornadas se iba a defender los derechos de sus compañeras de clase para ganarse su propio respeto. En 1912 las trabajadoras de la Federación Gráfica Bonaerense están en huelga y allí se va con Julieta Lanteri para asesorarlas.

También empieza a publicar en 'Humanidad Nueva', la revista del Ateneo Popular y la contratan como inspectora del Departamento Nacional de Higiene y Trabajo, convirtiéndose en la primera mujer funcionaria de ese departamento. Desarrolló una labor ingente, redactando informes demoledores, a base de entrevistas personales y utilizando la estadística, algo poco habitual entonces, que sacan a la luz las lamentables condiciones laborales de mujeres y niños. Visita la lavandería La Higiénica, que resulta ser muy poco higiénica, con mujeres helándose de frío en invierno por la humedad y asándose de calor por los conductos de vapor en verano, en jornadas de hasta 11 horas. A las que caen desmayadas, cosa frecuente, el encargado les cronometra el tiempo que permanecen inconscientes para descontárselo del sueldo.

Le encargan desarrollar programas de salud pública para combatir la tuberculosis, muy frecuente por las condiciones de insalubridad y agotamiento que soportan las obreras. Allí va Muzzilli con sus encuestas y entrevistas para elaborar informes que se traduzcan en derechos ganados. Le cierran el paso en muchos sitios, así que se presenta como solicitante de empleo y continúa su labor. Así contraerá ella misma la tuberculosis.

En 1916 funda y paga de su bolsillo de costurera el periódico 'Tribuna Femenina', publicando ensayos, algunos premiados en congresos internacionales, y lanzando campañas para poner en marcha programas de educación para las trabajadoras. Y ya de paso, para no perder tiempo, publica los libros 'El trabajo femenino' y 'El divorcio'.

La tuberculosis va minando su salud, no su espíritu, y retirada en el clima seco de Córdoba continuará escribiendo desde el hospital para el periódico socialista 'La Vanguardia'. Su cuerpo se rindió el 23 de marzo de 1917, a los 27 años de edad, vividos con deslumbrante intensidad.

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