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divendres, 16 de setembre de 2016

La Noche de los Lápices. 1976.


'Primero mataremos a todos los subversivos, luego a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, luego a los indiferentes y por último a los tímidos'. General Ibérico Saint James

Francisco López Muntaner, María Claudia Falcone, Claudio de Acha, Horacio Ángel Ungaro, Daniel Alberto Racero, María Clara Ciocchini, Pablo Díaz, Patricia Miranda, Gustavo Calotti y Emilce Moler. Estos diez muchachos y muchachas tienen varias cosas en común: viven en La Plata y alrededores; provienen de familias de clase media; son estudiantes de secundaria entre los 16 y 18 años; pertenecen a la Unión de Estudiantes Secundarios que en 1975 ha luchado, y ganado, por obtener un billete con descuento en el transporte público para estudiantes; y trabajan como voluntarios en tareas de educación en las villas miseria.

El triunfo en la obtención del abono para el transporte ha sido vigilado de cerca por la Triple A, que ha tomado nota y fotos de los estudiantes más activos. En marzo de 1976 los militares dan el golpe de Estado y retiran el abono. Hay más protestas y se toman más notas y fotos. La Jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires elabora un documento titulado La Noche de los Lápices sobre la conveniencia de eliminar a los potenciales elementos subversivos en su raíz, antes de que crezcan.

En la Conferencia de Ejércitos Americanos de Santiago de Chile, Henry Kissinger anima a sus socios argentinos a acelerar la limpieza de subversivos, no vaya a enquistarse el tema. Los militares toman nota, se dejan de fotos, y en las semanas siguientes se aplican con denuedo a la tarea.

La noche del 16 de septiembre efectivos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, dirigida por el general Ramón Camps, y del Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejército ponen en marcha un operativo. Esa noche y las siguientes noches, siempre de madrugada, efectivos armados sacan de sus camas a los diez jóvenes de secundaria, y maniatados y encapuchados, a punta de pistola y culatazo, son subidos a vehículos y engullidos por la noche.

Ninguno de los detenidos puede ser considerado un destacado líder estudiantil. Se trata de eliminar la posible semilla de subversión para plantar la semilla del terror. En el centro de detención clandestino de Arana, serán sometidos a interminables sesiones de tortura. Descargas eléctricas en labios, encías y genitales, uñas arrancadas, los aullidos  de dolor y pánico en las celdas contiguas. Siempre con los ojos vendados, también sufren simulacros de fusilamiento junto con otros secuestrados, entre llantos y gritos llamando a mamá, entre las carcajadas y los insultos de los militares.

El 26 de septiembre serán trasladados en dos camiones separados a Pozo de Banfield y Pozo de Quilmes. En Pozo de Banfield algunos comparten celda con muchachas embarazadas a la espera del parto que atiende el médico Jorge Bergés. Los bebés son librados a familias afines al Régimen y las madres desaparecidas.

Finalmente las diez muchachas y muchachos volverán a ser subidos a camiones para un nuevo traslado. Los camiones hacen un alto en el camino y el grupo es separado. Daniel Alberto Racero (18 años), María Clara Ciocchini (18 años), Claudio de Acha (17 años), Horacio Ángel Ungaro (17 años), Francisco López Muntaner (16 años) y María Claudia Falcone (16 años); son fusilados y desaparecidos. Pablo Díaz (18 años), Gustavo Calotti (18 años), Patricia Miranda (17 años) y Emilce Moler (17 años) se convertirán en presos legales en distintas cárceles hasta ser puestos en libertad vigilada.

Los 10 de La Noche de los Lápices no fueron los únicos, hubo cientos de secuestros y desapariciones entre chicos y chicas de secundaria, por ejemplo, como previa y ensayo al operativo de la noche del 16 de septiembre, el 1 de septiembre fueron secuestrados Víctor Vicente Marcaciano, Pablo Pastrana y Cristian Krause, alumnos del Colegio Nacional de La Plata; y el 4 de septiembre fueron secuestrados Víctor Triviño, Fernanda María Gutierrez, Carlos Mercante, Alejandro Desío, Abel Fuks, Graciela Torrado y Luis Cáceres.

Para este 16 de septiembre, 40 aniversario de los hechos, el gobierno lo ha venido celebrando a su manera, recortando inversión en escuelas, aumentando precios de matrículas y subiendo las tarifas de transporte. Es nuestro deber que los lápices sigan escribiendo.


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