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dijous, 29 de desembre de 2016

Marcial Mayans. 1920 - 2016


'Seguir dando testimonio no es valentía, es dignidad. Por nosotros y por los que no pueden hacerlo. Hay cosas que no se pueden perdonar'.

Ha muerto en su exilio francés Marcial Mayans. Nacido en la calle Aurora, en El Raval, Marcial Mayans i Costa ya lucía bigote con 14 años. Ese bigote le permitió mentir convincentemente sobre su edad al cumplir los 16 y marcharse voluntario al frente con las Juventudes Libertarias y la CNT, a hacer la revolución y ganar la guerra. Marcial dejaba su trabajo como aprendiz en una librería y sus estudios de inglés comercial para combatir al fascismo.

Herido en batalla y con una medalla al valor vuelve a Barcelona, ciudad ya con el ánimo quebrado por las bombas y el hambre. Ante la próxima entrada de los fascistas huye a Francia. En el camino de la retirada conoce a Olga, una muchacha que huye con su madre. Se separan al poco de cruzar la frontera.

Marcial es recluido en el campo de concentración de la playa de Argelès. Se escapa. La gendarmería lo detiene en Perpignan. Se escapa. Lo vuelven a detener y lo mandan al campo de concentración de Barcarès.

La puerta de salida le lleva a alistarse en el ejército francés para combatir a los alemanes. No tiene oportunidad, su unidad cae con todo el equipo a las primeras de cambio y Marcial va preso al stalag IX-B Wegscheide/Bad Orb. Aprovecha el tiempo de reclusión para aprender alemán con un libro de gramática germana. Y se escapa.

Marcial Mayans es detenido por la Gestapo y lo mandan a Mauthausen. Deja de ser Marcial y se convierte en el número 9.057. O eso creen los matarifes. Trabaja un año en la cantera, hasta su traslado al kommando de Ebensee. Los aliados están destruyendo la industria del Reich y Hitler ha decidido producir bajo tierra. Perforan y vuelan túneles, construyendo una gran mina en la que seguir fabricando muerte.

Marcial habla español, francés, alemán, italiano y algo de ruso, así que lo utilizan de traductor. Los aliados están ya muy cerca y el comandante de Ebensee, Anton Ganz, tiene una brillante idea: meter a todos los prisioneros en los túneles y dinamitarlos con ellos dentro. El plan llega a oídos de los traductores.

Ganz ordena a los traductores que digan a los presos que toca ir a los túneles a trabajar. Los traductores, en cambio, comunican a sus compañeros que vuelvan a los barracones hasta nueva orden. Todos obedecen. Los alemanes no entienden qué está pasando y no reaccionan.

Marcial y los otros traductores saben que se la juegan con su decisión y  marchan también hacia los barracones agachando la cabeza esperando a que les empiecen a ametrallar en cualquier momento. Pero no suena ni un disparo, las SS en pleno ya han empezado a abandonar el campo a toda prisa, no los vayan a pillar los americanos.

A algunos, efectivamente, no los pillan nunca. Anton Ganz, 20.000 muertos bajo su mando, vivió bajo nombre falso hasta su detención en 1967. Sólo pasó ocho meses en prisión y fue eludiendo juicios hasta morir plácidamente en su cama. Pero vamos al lado positivo, al día siguiente, el 6 de mayo de 1945, Ebensee es el último campo de concentración liberado. Marcial Mayans y sus compañeros traductores han salvado con su gesto 18.000 vidas.

De vuelta a Francia se reencuentra con Olga, la muchacha a la que conoció mientras la II República se desmoronaba sepultando sueños. Deciden vivir juntos y amarse. Así lo hicieron, y eso que Marcial se la volvió a jugar yéndose con el maquis a luchar contra Franco, pasando armas por la frontera y realizando algún sabotaje hasta acabar rendido a la evidencia.

Marcial volvió a Francia para instalarse en Perpignan, mientras en España es juzgado en ausencia y condenado a 20 años de prisión.

Marcial Mayans, determinante en la descubrimiento de la impostura de Enric Marco, continuó dando testimonio en escuelas e institutos: 'El comandante del campo, cuando iba borracho, desenfundaba la pistola y disparaba en la cabeza del primero que pasaba. Así vi morir a muchos. No los perdono, pero aún menos al régimen franquista que me envió a aquel infierno'.

Hace dos años el Gobierno francés le concedió, a él y a los pocos republicanos españoles que aún quedan vivos tras sobrevivir a su paso por los campos de exterminio nazis, la Legión de Honor, la más alta condecoración del Estado, y colocaba estelas de memoria frente a sus casas para recordar su lucha y sacrificio por la Humanidad.

Aquí abajo han sido tratados como mercancía por los buhoneros de la transición que gasearon su memoria. A buen seguro el Gobierno del Reino preferiría mandar los ideales de esos viejos combatientes al fondo de un túnel y dinamitarlo para sepultarlos en el olvido.

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