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dimecres, 28 de desembre de 2016

Ramon Rufat Llop. 1916.


Hoy se cumple el centenario del nacimiento de Ramón Rufat Llop. Se vino a la vida en Maella, Zaragoza. Antes de cumplir los dos años la epidemia de gripe de 1918 se llevó a su madre. Al cumplir los diez, su padre lo metió a estudiar con los dominicos de Calanda. Al chico, una inteligencia siempre despierta, se le daban bien los libros y se fue a Valencia para ampliar estudios de filosofía y filología semítica. Antes de cumplir los veinte, militante como era de la vida y el conocimiento, se hizo libertario.

Tras el golpe de Estado fascista, que le sorprende en Barcelona de vacaciones, parte voluntario al frente de Aragón. Los oficiales al mando no tardan en reparar en el joven Ramón Rufat y le ordenan incorporarse al Servicio de Información Especial Periférico por dos grandes razones: un cerebro como el suyo no pueden exponerse a ser desparramado en un trinchera mientras sus manos sostienen un fusil que se encasquilla tres de cada dos disparos y su cara de buen chico da el pego si se disfraza de alférez provisional nacional.

Curso acelerado de espía a cargo de la Conselleria de Defensa de la Generalitat y vuelta al frente de Aragón en un grupo servicios especiales junto a compañeros como Francisco Ponzán y Agustín Remiro. Ramón Rufat se harta de cruzar las líneas enemigas en todo tipo de misiones. Pasará información muy valiosa sobre enclaves militares fascistas que hubieran servido de más de haber tenido aviones para bombardearlos y neutralizarlos.

El 18 de diciembre de 1938, el teniente de la Guardia Civil que le ha trasladado de Barcelona a Zaragoza para una nueva misión aprovecha para desertar y ya de paso detiene a Ramón Rufat, que va de cabeza a un Consejo de Guerra. Le condenan por 'espía' y por 'perverso'. Dos penas de muerte, que los fascistas no se privan de nada.

En espera de ejecución pasará por el campo de concentración y la cárcel de Santa Eulalia, en Teruel, y las prisiones de Calatayud y de Torrero, esta última con capacidad para 250 reclusos y que hacina a 6.500.

El tiempo pasa en la cárcel de Torrero entre saca y saca los lunes de madrugada. Ramón Rufat sufrirá dos simulacros de fusilamiento. 878 compañeros de presidio son fusilados de verdad. Uno de ellos es el tenor valenciano Carlos Lizondo, 27 años, que realiza el camino hacia el paredón cantando el repertorio de 'La dolorosa' y ya frente al pelotón interpreta un desgarrador 'Adiós a la vida' de Puccini con un crescendo final 'E non ho amato mai tanto la vita!' que estremece los cimientos de la cárcel demolida en 2005.

A Ramón Rufat le perdonan la vida en 1941 con una cadena perpetua que le lleva a Yeserías. Aprovechando que trabaja en oficinas falsifica su expediente y logra la libertad condicional en verano de 1944. Podría haber abandonado el país, pero no, se queda dedicándose a tareas de prensa y propaganda clandestina de la CNT. Lo vuelven a pillar y le dan de hostias en lo sótanos de la Dirección General de Seguridad. Encarcelado en Alcalá de Henares, le montan otro Consejo de Guerra y le meten condena de 20 años.

Ramón Rufat pasará por los penales de El Dueso y Ocaña, redimiendo pena como esclavo en el Patronato para la Redención de Penas por el Trabajo, hasta ser puesto en libertad condicional en 1958, tras acumular 18 años, 7 meses y 21 días en prisión.

En libertad decide casarse con la que será su compañera por los restos, Francesca Perelló, la Xesca. España no es el mejor sitio para amarse con todo, así que primero Xesca coge un tren y cruza la frontera. Días después, Ramón, dando un paseo, cruza los Pirineos y se reúne con Xesca, que ya ha sacado billete para París.

En París Ramón Rufat acaba trabajando en la Oficina de Refugiados Políticos del Ministerio de Asuntos Exteriores, nacen sus hijos Pierre y Hélène, y vuelve a los estudios de filosofía, filología e Historia Contemporánea, además de investigar para la Universidad de Nanterre. Empieza a escribir en prensa y publica trabajos de Historia y libros como el testimonial 'En las prisiones de España'.

En la prisión de España se muere el dictador y Ramón decide volver. Vivirá entre Barcelona, París y Vilanova i la Geltrú, siempre activo en su labor de investigación y testimonio, hasta su muerte en 1993, en Vilanova, de un paro cardiaco, cuando dejaba prácticamente terminado un estudio sobre la clandestinidad libertaria entre los años 1939 y 1951.

Cumpliendo su voluntad, sus cenizas fueron esparcidas en el Mausoleo de Fabara, en la orilla izquierda del Matarraña. En 2015 moría Xesca en París y sus cenizas también eran esparcidas en el Mausoleo de Fabara, mientras en algún sitio alguien cantaba de nuevo, seguro, e lucevan le stelle ed olezzava la terra...e non ho amato mai tanto la vita!...

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