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dimarts, 10 de gener de 2017

José Alcubierre. 1926 - 2017



Ha muerto en Angoulême, Francia, José Alcubierre. Era uno de los que viajaron en el convoy de los 927, primer transporte organizado de civiles con destino a los campos de exterminio. 927 hombres y mujeres, la mayoría familias enteras refugiadas de la guerra de España. El 20 de agosto de 1940 salían en tren, en vagones de ganado, a un destino que desconocían. El 24 de agosto llegan a la estación de Mauthausen y los separan. Mujeres y niños menores de 13 años son devueltos a España para acabar en la cárcel o en la miseria y la humillación. Los 430 hombres restantes van al campo de exterminio. José Alcubierre acaba de cumplir los 14 años y va con ellos, es la última vez que ha podido ver a su madre y marcha al lado de su padre.

En 1945, con la liberación, sólo han sobrevivido 21. José Alcubierre está allí para contarlo, lo hará toda su vida en homenaje y recuerdo a los compañeros asesinados, entre ellos su padre, apaleado hasta la muerte en Gusen.

José Alcubierre nació en Barcelona en 1921, familia republicana, con un hermano militante del PSUC y director general de Transportes de la Generalitat y otro hermano caído en el frente de Aragón. La familia Alcubierre en pleno acaba en el campo de concentración de Les Alliers. Desde allí los llevaron a la estación de Angoulême para facturarlos a la muerte.

José y su padre, Miguel, pasaron a ser los números 4.100 y 4.218 respectivamente. José Alcubierre llevó toda su vida una medallita con esos números. A José lo metieron en tareas de limpieza, a su padre lo mandaron a la cantera. Extenuado, lo llevan a Gusen. Padre e hijo se abrazan por última vez. Pocos meses después le llega la noticia de su asesinato a golpes.

José tuvo más suerte y lo trasladaron a kommandos fuera de Mauthausen, César y Poschacher, trabajando en cocina y en una cantera fuera del recinto alambrado. Aprovechando los traslados del campo a la cantera, José Alcubierre, Jesús Grau y Jacinto Cortés, con la ayuda de una buena mujer, la austriaca Anna Pointner, salvan los negativos fotográficos que guardan Francesc Boix y Antonio García y que documentan la barbarie.

Acabada la II Guerra Mundial, José Alcubierre rehízo su vida en Angoulême. Durante mucho tiempo calló sobre lo vivido en los campos de extermino a los que los había enviado el general Franco. Luego ofreció su testimonio para ayudar a disipar tanta noche y tanta niebla. En Francia le dieron la Legión de Honor. Los gobernantes de por aquí abajo, en la fosa séptica sobre la que se edifica nuestro presente, ni las gracias.

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