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dijous, 9 de febrer de 2017

Alejandro Finisterre. 2000.


Ano 37 guerra civil,
Alexandre de Fisterra inventa o futbolín.

Alejandro Campos Ramírez nació en Fisterra. Era el mayor de 10 hermanos y su padre, fabricante de calzado, lo mandó con 15 años a estudiar el bachillerato a Madrid. El negocio familiar se fue al garete y la familia a Canarias. Todos menos Alejandro, que se queda en Madrid pagándose los estudios corrigiendo deberes en el colegio en el que está internado, trabajando en la obra y ayudando en una imprenta. Y vendiendo poemas por los cafés.

En Madrid conoce a León Felipe y a un joven poeta llamado Rafael Sánchez Ortega con el que funda la Asociación Internacional de Idealistas Prácticos y sacan la revista de poesía Paso a la juventud, firmando ya como Alejandro Finisterre. Les dura cuatro números, que los fascistas dan su golpe de Estado para inaugurar la guerra.

Frente a la guerra, Alejandro, poeta y libertario, humanista, 17 años, se dedica a organizar recitales poéticos. Los fascistas siempre han sido más de bombas que de versos y queda sepultado bajo los escombros de los bombardeos. Herido grave en una pierna y con problemas respiratorios lo evacuan al hospital de la colonia Puig, en Montserrat.

El joven Alejandro, muy tímido, se enamora locamente de Núria, enfermera del hospital que toca el piano para los pacientes. Le dice que la ama a su manera, inventando un pasa hojas de partitura que se acciona con el pie sin dejar de acariciar las teclas.

Alejandro es de los chicos mayores internados en el hospital y organiza una escuela siguiendo los principios de la escuela racionalista de Ferrer i Guàrdia. En el tiempo de ocio observa entristecido como los chavales lisiados languidecen viendo a otros jugar al fútbol. Y tiene una idea maravillosa. Inventa el futbolín.

Alejandro Finisterre le cuenta su idea a un refugiado vasco, Francisco Javier Altuna, carpintero, que se pone manos a la obra y construye el armazón de la mesa con madera de pino, talla los jugadores en madera de boj y para la pelota usan corcho bien compactado que permite realizar auténticas filigranas.

Y se produce el milagro, que ríete tú de Jesucristo andando sobre las aguas. Los chavales tullidos empiezan a hacer virguerías sobre la cancha, rematando con las dos piernas, metiéndola por la escuadra, tocándola lo justo para ponerla en el camino de la gloria. Pura poesía.

Joan Busquets, anarquista de Monistrol, le pone prosa al asunto y le recomienda a Finisterre que patente sus inventos, lo que hará un día que se pasa por Barcelona. Los fascistas también se pasarán por Barcelona y Alejandro Finisterre tiene que cruzar la frontera a la pata coja, llevando como único equipaje las dos patentes, los manuscritos de dos obras de teatro y una novela que ha escrito, y una lata de sardinas.

Un día llueve, llueve mucho, y patentes, textos teatrales y novela se quedan en papel mojado. En París sobrevive como puede, hasta que un día descubre en una tienda que venden su pasa hojas de partitura. Reclama gracias a la asesoría jurídica de la Asociación Internacional de Refugiados y consigue que le paguen.

Finisterre invierte las ganancias en un pasaje a Ecuador. En Quito fundará 0º 0' 0" Revista de poesía universal dedicada a publicar monografías sobre poetas. La cosa no acaba de ir bien y en 1952 marcha a Guatemala a ver si todo chuta mejor. Y chuta. Pone en marcha un negocio de fabricación de futbolines que va viento en popa...hasta que los militares toman el poder por las armas. El coronel Carlos Castillo Armas da un golpe de Estado auspiciado por la CIA y emprende una violenta represión contra los militantes de izquierda. Alejandro es golpeado, secuestrado y entregado a agentes españoles para que lo devuelvan a casa.

En el avión que debe llevarle a Madrid bien custodiado, Finisterre tiene otra gran idea. Se escabulle un momento al lavabo y vuelve con una bomba que amenaza con hacer explotar si no le bajan en Panamá. La bomba es en realidad una ocurrencia hecha con una pastilla de jabón y papel de plata. Da el pego y lo dejan en Panamá. Acaba de inventar el secuestro aéreo.

Panamá fue sólo una escala para trasladarse a México, rodeado del exilio republicano español. Se dedica a escribir poesía, artículos en prensa, y a editar libros de arte y poesía, entre ellos el primer libro de Ernesto Cardenal. En 1973 organiza en el bosque de Chapultepec un gran homenaje a su amado León Felipe, del que se convertirá en albacea. También rescatará la obra de Juan Larrea, enorme poeta vanguardista español condenado al exilio y cuya obra estuvo a punto de ser desaparecida por la dictadura militar argentina.

Una vez muerto el general Franco, Alejandro Finisterre volvió a España, a Zamora, llenando librerías y salas con la obra del exilio, en un permanente y altruista activismo cultural. Murió hoy hace 10 años tras 87 años de bondad poética. Sus cenizas fueron esparcidas en el Duero para que así fueran mecidas hasta el Atlántico, tal como había pedido...cuando vaya a dar a luz, echadme a la mar, quiero dar a luz estrellas de mar. Soy de Fisterra, soy marino, echadme a la mar...

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