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dijous, 23 de febrer de 2017

Boris Vilde. 1942.


'Que mi muerte no sea un pretexto para odiar a Alemania. He intervenido por Francia, pero no contra los alemanes. Querida mía, veo tu cara sonriente. Trata de sonreír cuando recibas esta carta como yo sonrío escribiéndola. Una inmensa ternura sube hacia ti desde el fondo de mi alma. Qué claro está todo. El eterno sol de amor sube desde el abismo de la muerte. Estoy preparado, voy para allá. Bendigo a la vida que me ha colmado de estos presentes'.

Boris Vilde nació en San Petersburgo. Huérfano de padre a los 4 años, creció en el campo con los abuelos maternos, en Yastrebino. Apenas cumplidos los 11 años se traslada con su madre y su hermana a Estonia, a la ciudad de Tartu. La economía familiar no es muy boyante, pero el chico promete y estudia en el instituto ruso y luego en la Universidad, para hacer física y química. Ya puestos aprovecha para aprender estonio y finés.

A Boris le va la bohemia y la poesía, que le dan para vivir del aire, muy puro por allí. También echa unas horas en un aserradero y como tipógrafo. Cumplidos los 22 años se larga a Berlín, con sus poemas y sus trabajos eventuales. No tiene donde caerse muerto, pese a que los nazis le brindan facilidades. Participa en la lucha contra el ascenso del nazismo y en una conferencia conoce a André Gide, que le anima a ir a París. Y que cuando llegue, que le llame, que ya le encontrarán algo.

En 1934 llega a París. Y llama a André Gide. Y le salen algunos trabajillos mientras sigue estudiando. Y le sale el amor, Iréne Lot, con la que se casa. El padre de Iréne, el medievalista Ferdinand Lot, que le pone en contacto con Paul Rivet, director del Museo del Hombre. El bohemio que habla ruso, estonio, finés, alemán, francés y japonés y que se saca el diploma de etnología acaba trabajando en el museo como especialista en pueblos árticos.

Boris Vilde realiza importantes trabajos sobre el terreno en Estonia y Finlandia, cesando las investigaciones al ser requerido para el servicio militar, en artillería, en un destacamento de defensa aérea.

Recién licenciado y a punto de seguir con sus trabajos en Suecia, estalla la guerra con Alemania. En la mili no deben haberles enseñado gran cosa, porque caen sin darles tiempo a pestañear en las Ardenas. Boris no se resigna a ser prisionero y escapa, llegando herido a París.

Ya que trabaja en el Museo del Hombre decide ponerse al servicio de la Humanidad y junto a otros colegas del museo crean uno de los primeros grupos de Resistencia contra la ocupación, el Comité Nacional de Salud Pública, conocido como la Red del Museo del Hombre, tomando un papel dirigente junto a Anatole Lewitsky, otro emigrado ruso.

El grupo empieza a publicar octavillas y crean el periódico Résistance que empieza a distribuirse el 15 de diciembre de 1940 con editorial de Boris Vilde, que viaja por Toulouse, Marsella y Lyon para extender la red, mientras otros miembros hacen lo propio en el Norte, creando vías de evasión.

La denuncia de dos empleados del museo y la traición de Albert Gaveau, infiltrado de la Gestapo que se ha convertido en el hombre de confianza de Vilde acaba con la detención de todo el grupo.

Boris Vilde pasa 11 meses en prisión, en la Santé y Fresnes, escribiendo su Diario y sus Cartas de la cárcel. En enero de 1942 se monta el proceso contra los integrantes de la Red del Museo del Hombre, con un tribunal alemán presidido por el capitán Ernst Roskothen, magistrado que siempre se negó a formar parte del partido nazi y que siempre trató con respeto a los acusados. En cambio el procurador Gottlob, francés de Alsacia, se muestra como un entusiasta de la pena de muerte para las 18 personas acusadas por 'propagar noticias al servicio de los enemigos del Reich'.

Gottlob quiere la cabeza de los responsables de Resistance al considerarla 'una revista peligrosa porque está bien redactada y no contiene las habituales mentiras y groserías anti-alemanas. Los hechos se exponen seria y metódicamente, ahí radica su peligro para Alemania'.

Siete hombres, considerados los más peligrosos por sus sólidas convicciones morales, son condenados a muerte. Boris Vilde; Anatole Lewitsky; Jules Andrieu, maestro de escuela; Léon Maurice Nordmann, abogado socialista; René Sénéchal, George Ithier y Pierre Walter. Tres mujeres serán también condenadas a muerte, Yvonne Oddon, Alice Simonnet y Sylviette Leleu, que verán su pena conmutada por cinco años de deportación en campos de concentración alemanes. Las tres sobrevivieron. El resto de acusados fueron absueltos por falta de pruebas o condenados a tres años de prisión en Alemania.

Al amanecer del 23 de febrero de 1942, hoy se cumplen 75 años y se les tributa homenaje en Francia, Boris y sus compañeros del Museo del Hombre, fueron fusilados en el Mont Valérien dejando un legado de dignidad y compromiso con un mundo limpio de miedo.

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