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dijous, 16 de febrer de 2017

Octave Mirbeau. 1917.


'Amo la vida, toda vida es para mí sagrada. Esta es la causa por la que encuentro en el ideal del anarquismo lo que ninguna forma de gobierno puede dar: amor, belleza y paz entre los hombres. No odies a nadie, ni siquiera al mezquino. Compadécele, porque jamás conocerá el mayor gozo que nos consuela de vivir: hacer el bien'.

Hoy se cumple el centenario de la muerte de Octave Mirbeau, un crack a reivindicar. Nació el 16 de febrero de 1848 y, coherente con el pesimismo que solía acarrear, le daba por morirse el día de su cumpleaños 69 años más tarde.

Octave Mirbeau veló pluma como negro literario y periodista al mejor postor hasta imponer su firma a partir de 1884. Pacifista y antimilitarista que combatió en la guerra de 1870 y vomitó la experiencia; ateo y anticlerical que ya escribió sobre la pederastia en la iglesia; defensor del arte de Van Gogh y Camille Claudel cuando eso no se llevaba.

Ahora igual suena poco, pero en su club de fans estaban Tolstoi, Mallarmé o Zola. Intelectual comprometido con su tiempo, el tiempo del hombre; denunció la educastración que ejercían escuela y familia y jamás se amparó en el silencio, ese cómplice del crimen.

En 1888 se ponía socarrón y provocador para decir cosas muy serias. Un llamamiento a la huelga. Una huelga de los electores. No es una broma.

'Oh, buen elector, incomprensible imbécil, si en lugar de dejarte engañar por las cantinelas absurdas que te cantan cada mañana los periódicos, pagados para conseguir tu pellejo; si en lugar de creer en esos quiméricos halagos que acarician tu vanidad; si en lugar de pararte, papanatas, ante las burdas engañifas de los programas; si leyeras alguna vez al amor de la lumbre a Schopenhauer y a Max Nordau, dos filósofos que saben mucho sobre tus dueños y sobre ti, puede que aprendieras cosas asombrosas y útiles.

Acuérdate de que el hombre que solicita tu voto es, por ese hecho, un hombre deshonesto, porque a cambio de la situación y la fortuna a la que tú lo lanzas, él te promete un montón de cosas maravillosas que no te dará y que, por otra parte, tampoco podría darte.

El hombre al que tu elevas no representa ni a tu miseria, ni tus aspiraciones, ni a nada tuyo. Así que, vuelve a tu casa, buen hombre, y ponte en huelga contra el sufragio universal. No tienes nada que perder, te lo digo yo. En el umbral de tu puerta, cerrada a los solicitantes de limosnas políticas, verás desfilar a la muchedumbre, mientras te fumas tranquilamente una pipa. Ya te lo he dicho, buen hombre, vete a casa y ponte en huelga'.

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