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dimecres, 8 de febrer de 2017

Salvador Fàbrega



La medianoche del 8 de febrero de 1945, un grupo de partisanos comandados por tres soldados de las fuerzas especiales norteamericanas que se han venido con unos bazucas atacan por sorpresa a un destacamento fascista que se disponía a realizar una expedición de castigo en la zona de Valmorel, en los Alpes italianos. La sorpresa es morrocotuda y se llevan por delante a 80 fascistas.

Los partisanos están admirados por la precisión y contundencia de los bazucas y llevan tiempo admirando a ese tipo alto y bien parecido de las fuerzas especiales norteamericanas que gasta buen humor, no pierde las formas y charla con ellos en un perfecto italiano. El muchachote en cuestión, aún no ha cumplido los 34, es Salvador Fàbrega Salvadó, un ampurdanés de Figueres que ha viajado mucho hasta llegar aquí.

La familia de Salvador Fàbrega se tuvo que buscar la vida por Francia, Alemania y Argentina, lo que aprovechó para aprender francés y alemán, además del catalán y castellano que le venían de fábrica. Eso le sirvió para trabajar de intérprete en la marina mercante.

En julio del 36, una huelga de estibadores lo retiene en el puerto de Barcelona. Tras el golpe de Estado fascista se alista para defender la II República y acaba la guerra como teniente en la batalla del Ebro, especializado en acciones de sabotaje y voladuras. Es uno de los últimos oficiales en pasar la frontera destino al campo de concentración de Argelès.

Salvador se alista en la Legión Extranjera para poder salir del campo de Argelès y una vez fuera deserta de la legión embarcando en un mercante griego que hace escala en Houston. Salvador viaja sin papeles, así que se tira al agua y llega a la costa a nado para evitar aduanas. Se sube a un tren y llega a Nueva York.

En Nueva York dormirá en los parques, trabajará en el Copacabana Night Club y finalmente le ordenan abandonar el país por indocumentado. Vuelve a embarcar.

Da la vuelta al mundo en siete meses y de vuelta a Estados Unidos decide ingresar en el Ejército para combatir al fascismo en Europa y ya de paso si hacen el favor de arreglarle los papeles. Le apañan un permiso de residencia.

La instrucción militar en Camp Fannin le aburre un poco y el ojeador de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) repara en ese tipo alto y educado, que habla varios idiomas y tiene experiencia bélica. Lo instruyen a conciencia para soltarlo en paracaídas en territorio enemigo.

El 26 de diciembre de 1944, Salvador y dos compañeros de la OSS ya caminan por los Alpes con la nieve hasta las rodillas. El grupo se dedicará a entrenar a las fuerzas de la guerrilla, realizar acciones de sabotaje, evacuar pilotos y prisioneros y pasar información sobre movimientos de tropas enemigas. Y entran en combate en numerosas ocasiones.

El 6 de marzo de 1945, Salvador Fàbrega es capturado por las SS. Durante diez días es sometido a duros interrogatorios con golpes y descargas eléctricas, presenciando la ejecución de varios compañeros partisanos. No soltará prenda y tiene a favor que sus captores ignoran que entiende perfectamente el alemán.

Atado de pies y manos es trasladado al campo de Bozen. El conductor que le lleva resulta ser un italiano infiltrado que le ofrece la posibilidad de escapar. Fàbrega se niega para no poner en riesgo la operación que realiza el chófer pasando información a los aliados. En Bozen seguirán las sesiones de tortura.

En abril, será por la primavera, el III Reich se cae a cachitos y Fàbrega es trasladado al campo de Meran. La moral aria no pasa por su mejor momento y Fàbrega encabeza una revuelta que desarma a todos los oficiales alemanes.

Cuando los aliados llegan para liberar Meran, Meran ya está liberado y perfectamente organizado. Salvador Fàbrega se ha encargado de la distribución de alimentos y medicamentos requisados al ejército alemán y de mantener el orden para evitar saqueos y venganzas.

Salvador Fàbrega regresa a Estados Unidos en junio de 1945. Le dan a nacionalidad norteamericana y un montón de condecoraciones, pasando a vivir una vida discreta y anónima, en parte por su vinculación a los servicios especiales de la OSS, precursora de la CIA. Salvador Fábrega murió en la Nochebuena de 1993 y está enterrado en el Houston National Cemetery. En 2015 el historiador Ramon Freixes lo desenterraba del olvido tras una larga inmersión en los Archivos Nacionales de Estados Unidos.

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