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dilluns, 6 de març de 2017

Alejandra Soler. 1913 - 2017


La Federación Universitaria Escolar (FUE) se fundó a finales de 1926 en respuesta a la Asociación de Estudiantes Católicos, que cortaba el bacalao. No era una asociación especialmente radical, eso sí, tenía aires republicanos, defendía el derecho de las mujeres a formar parte activa de la sociedad a todos los niveles y en igualdad de condiciones, y esperaba ahuyentar de las aulas los privilegios de clase en comandita con los privilegios de los centros religiosos.

En 1928 la FUE sale a la calle contra la Ley Callejo, promovida por Eduardo Callejo de la Cuesta, ministro de Instrucción Pública durante la dictadura del general Primo de Rivera y futuro presidente del Consejo de Estado durante la dictadura del general Franco. En las protestas participa una muchacha de 15 años, Alejandra Soler Gilabert, que exige una escuela pública laica y de calidad a la que puedan acceder todas las familias. ¿Les suena la reivindicación?

Alejandra Soler, nacida en Valencia, volverá a salir a la calle en 1931, para celebrar la proclamación de la II República. En 1935 se licencia en Filosofía y Letras, la tercera mujer licenciada universitaria en Valencia, y una de las pioneras del atletismo femenino en el equipo de la FUE. Cómo no iba a defender la II República tras el golpe de estado fascista... se hizo maestra.

Militante comunista, pasó la guerra al lado de los niños y niñas a los que seguía hablando de los valores humanistas frente a la ponzoña de la barbarie. Casada con el periodista Arnaldo Azzatti, hijo del también periodista Félix Azzatti, discípulo de Blasco Ibáñez, ambos cruzaron la frontera para acabar separados, cada uno en un campo de concentración.

Consiguen reunirse de nuevo para huir a la Unión Soviética, ella como maestra de los niños del exilio y él como locutor en español en Radio Moscú. La invasión alemana les obliga a refugiarse en la zona de los Urales. Alejandra conseguirá evacuar de Stalingrado a 14 de sus alumnos de la Casa de Niños nº 12.

Alejandra y Arnaldo vivieron con tristeza los últimos años de Stalin, bajo vigilancia, acusados de veleidades pequeño burguesas por parte de algunos miembros del aparato del PCE, siempre con el miedo a desaparecer en manos de la NKVD.

En 1971 Alejandra vuelve a España, interrogada durante una semana en Dirección General de Seguridad, obligada a una especia de clandestinidad en Madrid, observada de cerca, hasta la muerte del general, cuando puede regresar con Arnaldo a Valencia, a su barrio del Carme. Arnaldo se reincorpora a su puesto en la Diputación y Alejandra es una de los grandes referentes éticos del PCE.

En 2012 una muchacha de 99 años participa en las protestas por una educación laica, pública y gratuita y hace frente a la barbarie que representa el Jefe Superior de Policía de Valencia, Antonio Moreno Piquer, conocido por sus buenas relaciones con la ultraderecha y por ordenar cargar contra estudiantes de instituto que se quejaban por los recortes en educación.

Alejandra Soler tuvo que esperar a sobrepasar el siglo de edad y a que dejara el cargo la corrupta Rita Barbarie para recibir la distinción de hija predilecta de la Ciudad de Valencia y la Alta Distinción de la Generalitat Valenciana. A principios de este año Alejandra Soler aparecía en el balcón del Ayuntamiento de Valencia para hablar a los allí congregados de fraternidad y los valores humanistas que siempre defendió puño en alto.

Alejandra Soler Gilabert murió el pasado 1 de marzo a la edad de 103 años para seguir viva en la luz en la mirada de cualquier chica de instituto que sale a la calle y las plazas por una educación para todos. Ahí está, imponiéndose a las tinieblas.


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