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dimecres, 15 de març de 2017

Helios Ziglioli. 1927.


Hoy hace 90 años nacía en Lovere, a orillas del lago Iseo, Helios Ziglioli. Familia pobre con padre ausente, emigrado a Francia para poder enviar algo de dinero y madre que se mata a trabajar. Helios crece con los abuelos y con un buen maestro de escuela que le habla de un mundo de iguales, una gran familia que se ayuda y no deja a nadie al margen.

Al cumplir los 20 años se marcha a París al encuentro del padre. Se encuentra con un comunista iracundo e intransigente y descubre otra familia en los exiliados anarquistas españoles. A ellos se abraza y decide unirse a la lucha antifranquista, dispuesto a combatir a la bestia que toleran las democracias occidentales en su propia casa. Llámale idealismo, llámale tendencias suicidas.

Helios Ziglioli quiere cruzar la frontera y vela armas en Mas Tartàs, base anarquista pirenaica a cinco kilómetros de la frontera española, entre el Puigmal y la Collada de Tosses. Desde aquí habían partido 50 guerrilleros en 1947 con la intención de cargarse al general Franco en su visita al Alt Llobregat. Un desastre. Había tanta niebla que se perdieron y se acabaron tiroteando entre ellos pensando que eran la Guardia Civil.

A partir de 1948 las visitas de los gendarmes al Mas Tartàs comienzan a ser habituales, descubriendo alijos de armas y explosivos. El 4 de junio de 1949, la visita de los gendarmes coincide con la estancia de Helios, que acaba detenido y condenado a dos meses de cárcel.

Tendrá que esperar hasta el 4 de septiembre para salir de Toulouse rumbo a España integrado en el grupo de acción Los Primos, liderado por los hermanos Saturnino y Gregorio Culebras Saiz, y guiados por las montañas por Ramon Vila Capdevila, un crack en lo suyo, héroe de la Resistencia que rechazó la Legión de Honor y murió tiroteado por la Guardia Civil en 1963 en Rajadell.

La idea es que los más curtidos vayan a Barcelona para contactar con el grupo de Josep Sabaté y el resto, entre ellos Helios, regresen a Francia con Ramon Vila dinamitando instalaciones eléctricas y así vayan fogueándose en la resistencia armada al fascismo.

El grupo, la verdad, no parece estar del todo preparado para las largas caminatas, y bajando por Berga y Manresa, en la carretera de Rocafort a Pont de Vilomara, deciden que mejor hacen parar al primer coche que pase por allí y lo requisan.

El primer coche que pasa es el del industrial Josep Pujol Viñas, que también pasa de parar y acelera. El grupo abre fuego y saca al coche de la carretera para descubrir que con el tiroteo han herido a la sirvienta que acompaña a Pujol Viñas, Emilia Cuadrado. Le meten prisa para que la lleve al hospital. Ya han desvelado su presencia en el territorio y el factor sorpresa empieza a irse al garete.

Tras caminar toda la noche llegarán a la inmediaciones de Castellar del Vallès. Ahora la idea es que Saturnino Culebras y Joan Busquets vayan en tren a Barcelona mientras el resto descansa y se aprovisiona. Culebras y Busquets se dirigen a la estación de tren de Matadepera para seguir con el plan y, menudo plan, descubren que no hay estación de tren en Matadepera. Unos vecinos, sospechando de unos desconocidos tan despistados, han llamado a la Guardia Civil, que no tarda en llegar en gran número. Culebras y Busquets escapan por los pelos.

El resto del grupo, que no sabe nada de lo sucedido, manda a Ziglioli a por comida a Castellar. La idea es que se haga pasar por turista. Un turista que levanta sospechas al salir cargado de barras de pan, butifarras y tocino. Alguien pasa informe del guiri al cuartelillo.

Helios reparte las provisiones entre los que tienen previsto ir a Barcelona y los que se vuelven para Francia, él, Ramon Vila y Manuel Sabaté. Y se ofrece para acercarse al día siguiente a Matadepera a comprar más comida.

Cuando al día siguiente baja a comprar ya le están esperando y lo detienen. En el cuartel de Terrassa le llueven hostias por todas partes y es torturado con saña. Hecho una piltrafa y esposado, tres guardias lo llevan de vuelta a Castellar, al Mas del Castell, para enseñárselo y meterle miedo a Dolors Argemí, la Lola del Castell, de quien se sospecha ha tenido contacto con los maquis. Por si tiene la tentación de darles cobijo o alimentos.

Helios Ziglioli apenas se mantiene en pie. Tiene una sed atroz y pide un poco de agua. Dolors Argemí le ayudará a beber de un vaso que no puede sostener y Helios pronunciará sus últimas palabras, simples, nada épicas, 'muchas gracias, señora', temblando des del fondo de una mirada que empieza a despedirse de la luz.

Los guardias civiles, frustrados por la firmeza de Dolors, se vuelven por donde han venido llevándose a Helios a rastras. No tienen intención de cargar mucho tiempo con este joven italiano de 22 años, alto y de buenos modales, y a la vuelta de la carretera le pegan un tiro en la nuca. Cargan su cuerpo en un carro de estiércol y lo entierran en la parte del cementerio de Castellar destinada a los suicidas y no bautizados.

El grupo Los Primos caerá en pleno en los días siguientes. Saturnino Culebras y Manuel Sabaté fueron condenados a muerte y fusilados el 24 de febrero de 1950. A Gregorio Culebras, Manuel Aced, José Conejos, Juan Busquets y Miguel Acevedo les cayeron 30 años a cada uno. Era el final de un camino plagado quizás de malas ideas, pero fieles a una idea clara y resplandeciente como un vaso de agua cuando te quema la sed.

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