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dijous, 2 de març de 2017

Ignacio Montoya Alonso. 1982.


Hoy hace 35 años el sol aprieta en Lebrija. La necesidad también. Antonio López Alonso, 16 años, e Ignacio Montoya Alonso, 18 años, primos, se suben a la motillo y se van a por espárragos, su forma de contribuir a la mesa de una familia azotada por el paro.

Antonio e Ignacio llegan a Trebujena y se meten en una finca a rebuscar, a rebañar el campo. Ignacio ve una cabra y se baja para ordeñarla y recoger un poco de leche en una lata. A eso va cuando aparece una señora que la emprende a empujones con Antonio, que se van a enterar, que ahora mismo llama a la policía. Antonio se sube a toda prisa a la moto y arranca. Ignacio se olvida de la cabra y se agarra a su primo para salir a toda leche, la única que beberán.

Cuando al cabo de un rato pasan con la moto frente al cuartel de la Guardia Civil. Juan Macías Morante, el guardia que está de servicio en la puerta y que ya está al tanto de una llamada denunciando a dos chavales que intentaban ordeñar una cabra, da el alto. Los dos primos ponen cara de velocidad, aunque la moto no da para mucho.

Juan Macías Morante dispara tres veces. Una al aire y tres al bulto. Antonio López siente una punzada en la espalda y aprieta los dientes. Ignacio Montoya, jornalero analfabeto en paro, afloja los brazos y cae del vehículo en marcha. Antonio frena en seco para ver qué le ha pasado a su primo, que sangra a chorros.

Mientras Antonio intenta reanimar a su primo también se percata que le han herido de un balazo en la espalda. No le da tiempo a comprobar la gravedad de la herida, porque Juan Macías llega hasta ellos, coge a Antonio por los pelos y se lo lleva a rastras y puntapiés hacia el cuartel. Ignacio Montoya Alonso muere sobre el asfalto. Antonio López Alonso acaba en la UVI de la residencia sanitaria Fernando Zamacola, Cádiz, con una bala alojada en la columna. Salvará la vida.

Cuando le comunican la muerte de su hijo, la madre de Ignacio sólo puede mirar hacia abajo y gemir, 'me han quitado a mi pedacito de pan' dice en una Lebrija que estalla indignada. El pleno municipal decreta día de luto y huelga. El gobernador civil de Sevilla, José María Sanz-Pastor Mellado, amenaza con una sanción de 500 mil pesetas al consistorio si cuelgan un crespón negro en la bandera y con sanciones de 250 mil pesetas y apertura de expediente para posible cierre definitivo a todo comercio que baje persiana el día del entierro.

Habrá crespones negros y cerrarán todos los comercios, no sólo en Lebrija, también en Trebujena y Las Cabezas de San Juan. El alcalde de Lebrija, Antonio Torres Gracía, del Partido de los Trabajadores, le dice por megáfono al señor gobernador que se calle la boca. Unas 10.000 personas acompañan el cortejo fúnebre de Ignacio Montoya. La versión oficial mantendrá su cóctel de disparos al aire e infortunio.

El gobernador José María Sanz-Pastor Mellado, diplomático de carrera y nieto de los Condes de San Julián, acabaría dejando el cargo para pasar a delegado general del Gobierno de la Comunidad Autónoma y ya de regreso a la diplomacia fue ascendido por el presidente Rodríguez Zapatero a la categoría de Embajador de España, lo máximo en el ramo.

El alcalde Antonio Torres García se pasó al PSOE y ocupó el cargo durante 24 años. Al poco de abandonar la alcaldía lo colocaron en la Fundación Pública Andaluza Fondo de Formación y Empleo hasta su jubilación. En 2015 la juez Mercedes Alaya lo investigaba por haber cobrado más de 500 mil euros de la Fundación sin haber ido a trabajar. Un hijo suyo anda imputado por delitos de fraude fiscal y malversación de subvenciones públicas para cursos de formación de desempleados.

Sí, a menudo dan ganas de mandarlo todo a freír espárragos...si a veces no saliera tan caro ir a recogerlos...

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