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dimecres, 1 de març de 2017

Jean Pierre Leiba. 1984.


Jean Pierre Leiba, 28 años, ciudadano francés, inicia su jornada habitual como empleado de mantenimiento en la estación ferroviaria de Hendaya. Conversa despreocupadamente con tres compañeros de trabajo, refugiados vascos. Igual hablan del curro, o del fin de semana que ya se echa encima, porque nadie le reconoce especial interés por la política.

En eso están cuando se acercan dos desconocidos y le pegan dos tiros, uno entra por la axila y el otro le revienta el corazón. Jean Pierre Leiba muere en el acto y sus asesinos se marchan a pie y cruzan tan ricamente la frontera. Burlan sin problemas el control francés y se dejan detener sin aspavientos por la policía española en Irún. Los dos individuos son Mariano Moraleda Muñoz y Daniel Fernández Maceña. Antes de acabar la jornada hay dos detenidos más, Juan Luis García Anuarde y Vicente Manuel Fernández Fernández.

Mariano Moraleda Muñoz y Daniel Fernández Maceña son viejos conocidos de la policía por su historial delictivo. Hay confianza. Les dicen que son del GAL. Alfonso Guerra, asesorado por José Barrionuevo, zanja el asunto diciendo que en todo caso son opositores a entrar en el GAL. Hace tiempo que los asesinos contratados por el Estado han ido perdiendo pedigrí, si en el inicio eran mercenarios curtidos en la OAS y luego ya fueron entrando sicarios de mafias menores, al final ya sirve cualquiera sin escrúpulos para apretar un gatillo sin preguntar.

La policía francesa solicita la entrega en el mismo puesto fronterizo del presunto asesino y desde la comisaría de Irún les responden que avec la calme, que ya llevan ellos el caso. El caso es que tras los primeros interrogatorios y atisbo de investigación sale una línea verde charol que lleva al cuartel de Intxaurrondo bajo la cobertura del comandante Enrique Rodríguez Galindo y el sargento primero Enrique Dorado Villalobos, agente del servició de información que en 1995 acabó expulsado de la Benemérita por acumular delitos varios (contrabando, atraco y tortura). Eso sí, el Estado le concedió paga vitalicia al reconocerlo como 'inútil psicofísico'...

Mariano Moraleda Muñoz y Daniel Fernández Maceña forman parte del comando Jauzubia, financiado por el empresario ultraderechista Víctor Manuel Navascués Gil, que ha hecho fortuna con el contrabando. Navascués tenía una empresa de seguridad (Empresa Nacional de Vigilancia y Seguridad, que lo mismo trabaja para la Administración que para clubes de alterne) en la estaba empleado Pedro Luis Miguéliz Dabadie, que junto a Dorado Villalobos habían untado a agentes de la Guardia Civil para relajarse ante el tránsito de alijos.

Los miembros del comando Jauzubia se defienden alegando que actúan por 'motivos patrióticos' y que probablemente se han equivocado de persona al matar a Jean Pierre Leiba, que son cosas que pasan. La investigación también pasa de tirar del hilo verde charol y carga el muerto en la cuenta exclusiva de Fernández Aceña y Moraleda Muñoz. Les caen 29 años y cumplen 18. A Navascués Gil, que ha estado 7 meses fugado, lo absuelven. Su abogado es Ángel López Montero, el mismo que defendió a Antonio Tejero Molina por el 23F. Entre patriotas anda el juego.


(A Moraleda Muñoz se le pierde la pista tras salir de la cárcel, en cambio Fernández Aceña reapareció en los medios a finales del año pasado al ser detenido por la Guardia Civil en su domicilio en Segovia tras anunciar por las redes sociales su intención de hacerse explotar en un autobús en nombre de DAESH tras años de acercamiento al terrorismo en nombre de Alá...Dios los cría...).

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