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dimarts, 7 de març de 2017

Josep Xarles Santaló. 1936 - 2017.


A finales del año pasado se nos moría Manel Andreu, referente de la lucha vecinal en Barcelona. Esta semana se nos ha muerto uno de sus compañeros de lucha en la dignificación de los barrios, ahí donde late la ciudad, Josep Xarles Santaló. Ellos dos fueron presidente y vicepresidente segundo respectivamente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona en 2001, mano con mano con vecinos y vecinas, currantes del bien común.

Josep Xarles Santaló se vino de l'Empordà a Barcelona con 16 años. Y se metió en la parroquia de Sant Medir. En ese recinto nacieron las Comisiones Obreras y se refundó la CNT. Los hombres y mujeres de buena voluntad tienen estas cosas.

En 1971 es uno de los fundadores del Centro Social de Sants, en la calle Olzinelles, centro con las puertas abiertas, para poder entrar buscando refugio y para poder salir buscando solidaridad, calle a calle, puerta a puerta, creando barrio y resistencias, que va todo junto; trenzando el anhelo de unas mejores condiciones para transitar el día a día con la lucha antifranquista, que también iba junto.

Josep Xarles era ese señor pulcro, empleado de banca, que no perdía la calma ni la firmeza de unos planteamientos colectivos, encargado de negociar con los malos, con las autoridades, herederas de tantos cementerios que querían transformar las grandes ciudades en uno más. Y le advertían que no se andara con comunistas, que se le iba a caer el pelo, y a él lo que le daba miedo era que se le cayeran las esperanzas.

No se le cayeron. Al menos no todas, y ahí están las realidades del parque de la España Industrial, la recuperación del Vapor Vell o un espacio para utopías como Can Batlló. Todo eso serían restos de especulación, ese cáncer urbano, sin la determinación pausada e incansable de personas como Josep Xarles Santaló. Se despide de nosotros en la iglesia de Sant Medir, para recordarnos que lo más parecido que encontraremos al paraíso está en la Tierra. Y que hay que currárselo, hombro con hombro, para que no te expulsen de él.

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