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dilluns, 25 de setembre de 2017

Victoria Kent. 1987.


Fue la primera mujer en ingresar en el Colegio de Abogados de Madrid; la primera en abrir despacho propio como abogada laboralista y la primera en todo el orbe en ejercer como defensora ante un tribunal militar, añadiendo la desfachatez de ganar la causa. Además, su reforma del sistema penitenciario inspiraría años después el modelo escandinavo. Era española. Murió en el exilio, claro.

Victoria Kent Siano nació en Málaga, familia abierta de miras. Aprendió a leer y escribir en casa, con su madre, que prefería pagarle profesores particulares a mandarla a la escuela a aprender a rezar y coser. La inversión le permitió salir maestra de la Escuela Normal de Málaga, donde imparten dos mujeres excepcionales: Suceso Luengo y Teresa Aspiazu, que consideraban la educación un instrumento para formar personas que crecieran en igualdad. Defensoras del voto femenino, Aspiazu fue la primera mujer concejal del Ayuntamiento de Málaga.

Cosa bastante inaudita en aquel entonces, año 1917, sus padres la dejaron irse sola a Madrid, a estudiar, instalada en la Residencia de Señoritas que dirige María de Maeztu, mente brillante trizada por la guerra y el exilio, y matricularse en Derecho en la Universidad Central. Cursa carrera como alumna no oficial, recibiendo todo el apoyo de Luis Jiménez de Asúa, otro que murió en el exilio.

En 1930, Victoria Kent aparece en portada en todos los periódicos por defender a Álvaro de Albornoz ante el Tribunal Supremo de Guerra y Marina, que lo acusa de alentar el intento de sublevación republicana en Jaca. Y gana la libertad de su defendido.

Tras la proclamación de la II República será la primera mujer nombrada Directora General de Prisiones. Su idea es convertir los centros penitenciarios en centros de reinserción, no en una cloaca de castigo. Cierra 114 cárceles y manda construir el modélico centro de la Cárcel de Mujeres de Ventas, que el franquismo convertiría en centro de hacinamiento y sala de espera para el paredón de muchas mujeres.

Victoria Kent impulsa la mejora de la alimentación y la libertad de culto en las prisiones, la ampliación de los permisos por razones familiares, la substitución de las monjas carceleras por un cuerpo femenino de funcionarias y la prohibición del uso de grilletes y cadenas.  

Elegida dos veces diputada colabora en la redacción de algunos puntos de la Constitución. Lo de 'España es una República de trabajadores, liberal en el principio, democrática en el fundamento y social en la orientación', es suyo. También son suyas las disposiciones que equiparan hijos legítimos e ilegítimos, la igualdad de retribución salarial entre hombre y mujeres y las medidas de protección de la infancia y la maternidad.

En cambio se la vuelve a ver en portada de la prensa por su debate sobre el voto femenino con Clara Campoamor. Kent es contraria a ese derecho en aquel momento, por estimar al grueso de las mujeres del país poco preparadas para ejercerlo tras siglos de sumisión y educación católica. Ganará la visión de Campoamor de no posponer por más tiempo un derecho fundamental. La prensa no pierde ocasión de hacer chanza por ver debatir a dos mujeres.

El golpe de Estado fascista la llevaría al exilio, cruzando la frontera al cargo de cientos de niños de los que se encargó que no fueran abandonados a su suerte, creando refugios y guarderías para que pudieran ser atendidos. También llevó a cabo una ingente labor consiguiendo visados con destino América del Sur.

La ocupación nazi puso precio a su cabeza, condenada en rebeldía por el Tribunal contra la Masonería y el Comunismo a 30 años de cárcel e inhabilitación absoluta. La Cruz Roja la esconderá con identidad falsa en un piso cerca del Bois de Boulogne. Allí, en 1944, mientras acampan en el bosque, pasará unos días con los muchachos de La Nueve que acaban de liberar París.

Victoria Kent marcha al exilio mexicano en 1948 y trabaja en la Escuela de Capacitación para el Personal de Prisiones. En 1950 la reclama la ONU y recala en Nueva York. Allí se quedará, al lado de Louise Crane, la millonaria filántropa hija del que fuera gobernador de Massachussets y de la que fuera una de las fundadoras del MoMA. Crane corre con los gastos de la edición de la publicación mensual Ibérica por la Libertad, dirigida al exilio español y denuncia constante del régimen franquista.

Victoria Kent, ya octogenaria, volvió a España tras la muerte de Franco. La muerte le susurró que volviera a Nueva York para cerrar los ojos al lado de Louise Crane. Así lo hizo hoy hace 30 años. 'Yo no tengo otra pasión que España, pero no regresaré a ella mientras no exista una auténtica libertad de opinión y de asociación', había dicho en ese exilio que no parece acabarse nunca.

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