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divendres, 10 de novembre de 2017

Aurora Maria Nascimento Furtado. 1972.



Hoy se cumplen 45 años del brutal asesinato de Aurora Maria Nascimento Furtado, joven militante de Acción Libertadora Nacional, grupo de guerrilla urbana creado por el poeta comunista Carlos Marighella, hijo de inmigrante italiano y nieto de esclava africana que optó por la lucha armada para enfrentarse a la dictadura militar surgida del golpe de Estado alentado por Estados Unidos. Agentes del Departamento de Orden Público y Social lo acribillaron en una emboscada en 1969.

Aurora era hija de buena familia con acceso a la carrera de psicología de la Universidad de Sao Paulo. Estaba metida en la Unión Nacional de los Estudiantes (UNE), la organización estudiantil más importante en Brasil, que en dictadura organizó la Marcha de los Cien Mil en protesta por el asesinato del estudiante de secundaria Edson Luís. Los militares respondieron deteniendo de una tacada a los 800 delegados del XXX Congreso de la UNE y torturando y desapareciendo a sus principales dirigentes.

Aurora Maria Nascimento tenía toda la vida por delante y en lugar de quedarse en casa y en la Universidad se fue ahí delante, a por la vida. Ingresó en Acción Libertadora Nacional en 1971. El grupo había copado portadas con el secuestro del embajador norteamericano en Río de Janeiro, Charles Elbrick, en 1969. Aurora participó en varias acciones armadas cuando la presión de la junta militar había ido eliminando a gran parte de los cabecillas guerrilleros.

Aurora fue herida en un encuentro con la policía y trasladad al siniestro Destacamento de Operaciones de Información - Centro de Operaciones de Defensa Interior. Era mujer, joven y universitaria, valiente. No hubo misericordia, era terreno conquistado. La sometieron a golpes, descargas eléctricas y ahogamientos en un cubo de agua sucia. Le arrancaron uñas y los pezones. Era una guerra de aniquilación. Le acabaron aplicando la corona de Cristo, una banda metálica a modo de torniquete que te va aplastando el cráneo hasta saltarte los ojos de las órbitas. Así murió.

Metieron su cuerpo sin vida en un coche y acribillaron cuerpo y vehículo para rubricar el informe oficial sobre un intento de fuga. Luego metieron el cadáver en un ataúd lacrado para entregarlo a la familia con orden tajante de darle sepultura sin más. La familia puso la vida y la memoria por delante y desobedeció. El informe del Instituto Médico Legal desveló todo el horror. No se desvelaron los culpables.


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