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dijous, 30 de novembre de 2017

Carme Serrallonga. 1997.


Hoy hace 20 años de la muerte de Carme Serrallonga, nacida en Sant Martí de Provençals, en una familia con los posibles para ponerla a estudiar en la Escuela Francesa de Gran Vía, de donde salió hablando un francés perfecto, y matricularla en el Instituto Alemán para aprender una lengua que vestía mucho. A los 22 años ya estaba licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. De la Universidad sale sabiendo griego, latín, hebreo y árabe, a los que con el tiempo añadirá el inglés y el italiano, siempre en modo autodidacta, aprendiendo con un diccionario, una gramática y unas buenas lecturas. Decidió compartir todo su saber y contagiar las ganas de aprender.

En 1932, años de la II República, participa en la fundación del Institut Escola, centro pedagógico a imagen y semejanza del Instituto Escuela de Madrid que recoge las semillas de la Institución Libre de Enseñanza. Josep Estalella la llama a participar en esa tarea y Carme responde con entusiasmo. Estalella es un prestigioso físico y químico que ya ha trabajado en el Instituto Escuela de Madrid y ahora dirige el de Barcelona. Josep Estalella morirá de pena en 1938 antes de cumplir los 60, superado por una guerra en la que adivina un futuro aún peor.

En 1939 las nuevas autoridades de la Victoria cierran el Institut Escola y apagan las luces en las escuelas. Carme Serrallonga, y varios compañeros y compañeras, encienden una bombilla. En una casa particular crean la escuela Isabel de Villena para continuar con su labor pedagógica. Sí, a veces es posible proclamar la república en el vientre de una dictadura.

La escuela Isabel de Villena, dirigida por Carme Serrallonga, más adelante mano a mano con Ricard Albert, miembro durante la guerra del Servicio de Salvación de Bibliotecas y responsable de preservar de la barbarie los archivos de Macià que ha pasado por los campos de concentración franceses, no tendrá sede fija. Va ocupando casas de la parte alta de Barcelona hasta su instalación en Esplugues de Llobregat en 1978.

La escuela Isabel de Villena está en la parte alta de Barcelona pero abre sus puertas a niños y niñas de la parte baja de la ciudad. Carme Serrallonga llegará a vender su casa para afrontar los gastos de la escuela sin dejar fuera a nadie. Es una escuela laica, en catalán, basada en el coeducación y en dar la palabra a los alumnos. Está prohibido el silencio en clase. Hay profesores de música, teatro, mimo y mucho gusto por la palabra. Siempre hay una aula vacía. Cuando los inspectores se presentan, las niñas se quedan sentadas y los niños van volando a esa aula, no vayan a verlos en promiscuidad, y los profesores dicen que son alumnos de repaso.

En los años 60 imparte clases de ortofonía en la Escuela de Arte Dramático Adrià Gual que han fundado Ricard Salvat y Maria Aurèlia Capmany, y de la mano de la Capmany entra en el mundo editorial para hacer traducciones del alemán. Traduce a su venerado Bertolt Brecht y también a Goethe, Böll o Döblin. Y se lanza con el inglés y el italiano, con E.M. Foster o Pirandello, que siempre son un buen sitio al que lanzarse.

También tradujo literatura infantil y juvenil, con especial mención para sus traducciones de Michael Ende. Eternamente joven, al cumplir los 84 años se regaló aprender ruso para poder leer a Chejov en su lengua madre, y ya puesta tradujo a Anna Akhmatova, fiel hasta el final a su amor por las palabras, esos pequeños seres cargados de música y significado que te cosquillean por dentro.

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