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dimecres, 31 de gener de 2018

Sant Felip Neri. 1938.



'Dos formaciones de seis aparatos cada una, a intervalos de dos horas, con el puerto de Barcelona y sus cercanías como objetivo, efectúan acción de bombardeo. Comandantes de las formaciones: capitán De Prato y mayor Lamanna. Total de horas de vuelo: 26.20’. Total del explosivo utilizado: 36 bombas de 250 kilos y 24 bombas de 20 kilos. Resultados obtenidos: objetivos alcanzados. Reacción antiaérea: precisa e intensa –intervención de la caza enemiga sin eficacia'. Diario del Ala Número 8 de la Aviazione Legionaria.

En enero de 1938, ahora se cumplen 80 años, las bombas caían inclementes sobre Barcelona como ninguna ciudad había visto hasta entonces. Era un prólogo. A lo largo del año que empezaba casi 400 incursiones aéreas sepultaron unas 3.000 vidas.

El 1 de enero de 1938, para dejar claros los propósitos para el año entrante, una escuadrilla de Savoia-Marchetti SM.81, los murciélagos, bombardea sin contemplaciones el casco antiguo. Por simple maldad. Esa misma noche se llega en vuelo directo desde Italia el general Giuseppe Valle, jefe de Estado Mayor del Aire, para probar personalmente las prestaciones nocturnas de los Savoia-Marchetti SM.79, los gavilanes, bombardeando el puerto de Barcelona. Aprueban el test con nota.

El Día de Reyes, los fascistas italianos vuelven a soltar sus regalos desde el cielo. El gobierno de la II República propone un acuerdo para eliminar los bombardeos de población civil del programa bélico. Los fascistas responden el 7 de enero bombardeando una escuela, la Escola del Mar, gentileza del capitán Rampaldi. Era más que una escuela, era una delegación del paraíso laico en la Tierra, la República hecha infancia por el pedagogo Pere Vergés i Farrés, hijo de la escuela moderna de Ferrer i Guàrdia. No había segregación por sexos, no había castigos, sólo amor por la belleza y el conocimiento. Ardió por los cuatro costados.

Entre el 8 y el 15 de enero las bombas caen sobre Poble Nou, El Guinardó, Sant Andreu i Can Tunis. A la ciudad se llegan unos diputados laboristas británicos a ver qué pasa. Los aviadores italianos no tienen mayor problema en mostrárselo y el día 19 se presentan a mediodía para dejarse ver bien y dejar un rastro de 170 muertes.

El gobierno republicano vuelve a insistir en dejar de bombardear a la población civil y hacen lo propio en Salamanca, Sevilla y Valladolid dejando 33 muertes para mostrar el horror al adversario y volver a poner sobre la mesa un acuerdo de no agresión aérea a las ciudades, limitando la guerra en el aire a los frentes bélicos. El general Franco, que sabe que Dios suele tener cierta tendencia a ponerse al lado de los ejércitos más y mejor armados, contesta: 'España no está en los edificios ni en las ciudades. Está en las ideas y en el numen de Franco. En la guerra estamos. Adelante, hasta por encima de nuestros muertos'. Si los vivos le importaban un carajo, ni te cuento los muertos. A la nota añade una postdata en forma de bombardeo inmediato sobre Barcelona que provoca 41 muertes más. Lo peor está por venir.

El 30 de enero los Savoia 79 ofrecen dos pases en horario infantil, en el centro y en la Barceloneta. Artefactos de 250kg caen a las 8.55 y a las 11.25. La segunda oleada bombardea las brigadas de salvamento que trabajan en los escombros que ha dejado la primera. Una bomba cae en la plaza de Sant Felip Neri hundiendo el refugio que en ese momento cobija a 42 personas, 30 de ellas niños y niñas de una guardería cercana que han corrido a protegerse. Morirán todas.

El ministro italiano de Asuntos Exteriores, el conde Ciano, entrega orgulloso el informe a su suegro el Duce: 'Han sido destruidos grandes edificios, el pánico rallaba en la locura y se han producido 500 heridos. Y eso que en el ataque sólo han intervenido nueve aviones Savoia 79 y la operación no ha durado más allá del minuto y medio'.

Las fotos de los cuerpos de los niños y niñas asesinados expuestos en Hospital Clínic para que los familiares los identifiquen parecen amargar un poco el té a Anthony Eden, Secretario británico de Asuntos Exteriores, que promete un tirón de orejas a Franco, pendiente desde el criminal bombardeo sobre Lleida. O se le olvida o a Franco y los suyos se la trae al pairo, porque en marzo se producirán tres días de bombardeos non stop que enterraran un millar más de vidas.

Los bombardeos sobre Barcelona no cesaron a lo largo del año y tuvieron un epílogo brutal en enero de 1939 como tarjeta de presentación a la entrada de las tropas fascistas en la ciudad. Con la excusa de dos buques con tropas republicanas que habían burlado el bloqueo naval de los nacionales, Junkers Ju 87, Messeerschmitt Bf 109 y Heinkel He-111 de la Legión Cóndor, dejan caer sobre la zona del puerto 370 toneladas de bombas entre el 21 y el 25 de enero. El 26 de enero los nacionales desfilan por la Diagonal.

Un desfile que pretende aplastar la memoria, el silencio es una bomba ensordecedora, y hace creer durante años que las huellas de la metralla en la iglesia de Sant Felip Neri son estigmas de supuestos curas fusilados por los rojos allí mismo. Unas heridas que ahí siguen, en un bello rincón de la ciudad, regadas por las risas de los niños y niñas que allí siguen jugando. La vida y la felicidad son una victoria sobre el fascismo.


Por cierto, gracias al amigo Sergi Bernal por la preciosa foto de Sant Felip Neri que aquí les dejo sin haberle pedido permiso sabiendo de su generosidad. Una abraçada, company!

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