Cercar en aquest blog

dilluns, 26 de febrer de 2018

Alphonse de Lamartine. 1848.



'Sólo el egoísmo tiene patria ¡La fraternidad no la tiene!'
Alphonse de Lamartine

Una República, en sí misma, puede ser bien poco. Si no la mimas, ni la desinfectas, si no cuidas el mantenimiento, se avería, viene un tipo bajito con ardores de estómago y se nombra emperador. O un tipo bajito con bigote y voz aflautada y se nombra generalísimo.

Hay maneras de proclamar una República. Eso dice mucho. La II República Francesa la proclamó un poeta, Alphonse de Lamartine. Lamartine era pacifista. Abandonó la política muy decepcionado, todos querían guerra. Murió pobre. 'Amé, fui amado: basta para mi tumba', dejó dicho.

Estamos en el muy revolucionario año de 1848. En Francia calienta trono Luis Felipe de Orleans, amigo de sus amigos, los de arriba. De jefe del gobierno tiene a François Guizot, amigo de sus amigos, los de arriba. Es eso que llaman monarquía constitucional. La crisis campa a lo grande, cierran las fábricas y los de abajo pasan hambre.

El 22 de febrero hay gran manifestación de estudiantes y trabajadores pidiendo el sufragio universal y la dimisión de Guizot. Marchan hacia la Asamblea Nacional, un parlamento de juguete. El rey decreta estado de sitio y el Ejército toma posiciones. Pero mira por donde la Guardia Nacional se pone en medio, se evitan los tiros y unos se vuelven a casa y otros a los cuarteles.

El 23 de febrero la Guardia Nacional ya no se pone en medio, se pone delante de los manifestantes, que se animan y suben el tono de las reclamaciones. El rey tiene un detalle y se niega a utilizar la fuerza del Ejército para evitar una masacre. Para calmar el patio, echa a Guizot y ordena formar otro Gobierno. Esa noche, cerca del Boulevard des Capucines, manifestantes y Ejército vuelven a encontrarse. A un oficial se le dispara su arma reglamentaria, los demás le siguen y el encuentro acaba con 75 muertos y 80 heridos. Entre los de siempre, claro, la gente.

El 24 de febrero se levantan 1.500 barricadas en París y la gente se acerca con muy mal café a las Tulleries. El mariscal Bugeaud les espera impaciente con ganas de que se le dispare su arma reglamentaria, pero el rey vuelve a tener otro detalle y prefiere abdicar, pasándole el marrón a su nieto de 9 años y a su nuera, la condesa de Orleans.

Los republicanos y las fuerzas de izquierda se niegan a una regencia, apoyados por el pueblo de París que irrumpe en la Asamblea Nacional. La familia real entiende el mensaje, hace las maletas y se largan a la campiña inglesa. Así llegamos al día 25 de febrero, con Lamartine proclamando la República.

El gobierno provisional de la II República se lo curra y decreta el sufragio universal masculino, la jornada laboral de 10 horas, reconoce el derecho al trabajo para todos los ciudadanos y, aportaciones de Lamartine, quedan abolidas la esclavitud y la pena de muerte. Y se fijan elecciones para el 23 de abril.

Gracias al sufragio universal masculino, que lleva a votar a los campesinos, gana la derecha y quedan fuera del gobierno radicales y socialistas. Las medidas impopulares que empiezan a caer como chuzos traen manifestaciones, barricadas y la declaración del estado de sitio. A finales de año es elegido presidente Luis Napoleón Bonaparte, sobrino del Napoleón de toda la vida. Luis Napoleón le coge gusto al cargo y da un golpe de Estado.

A partir de un plebiscito de voto restringido, sólo votan los de arriba, celebrado el 7 de noviembre de 1852, Luis Napoleón Bonaparte empieza a actuar con el nombre artístico de Napoleón III. Pues eso, la República, si no la cuidas, viene un tipo con mostacho y acaba de emperador. Una República, esa cosa pública, requiere cuidados y mimos, que luego pasa lo que pasa. Por otra parte, siendo optimistas, tras la finiquitada II República francesa, llegó una tercera, y una cuarta, y una quinta... quieras que no por aquí abajo eso siempre anima un poco.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada