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dilluns, 19 de febrer de 2018

Francisco Trigo Domínguez. 1898.



Hoy se conmemoran los 120 años del nacimiento de Francisco Trigo Domínguez. No, creo que no hay notas en la prensa del día, más ocupada en la letra que Marta Sánchez le ha puesto al himno patrio. Francisco Trigo Domínguez nació en Nerva, Huelva, el año del desastre. El desastre colonial, no el himno con letra. Era hijo de Adulfa Domínguez y don José María Trigo, comerciante de vinos, hombre de orden, alcalde de Nerva a las órdenes de Miguel Primo de Rivera como uno de los hombres de buena voluntad de Unión Patriótica que acabaría apuntándose a Falange.

Francisco Trigo Domínguez respetaba a su padre y llegó a escribir un libro sobre su trabajo al frente del municipio, pero no comulgaba con sus ideas. A los 17 años publicó su primera obra de teatro, Amor y guerra: drama en tres actos, y a los 18 se sacaba el título de perito químico y se fue a trabajar por su cuenta a Melilla. En Melilla se casa con Rosalía Martín Álvarez y tendrán a Amando, Angelita, Adulfa y Amapola.

Francisco Trigo llega a Madrid con su plaza de funcionario como auxiliar técnico en el Hospital del Rey. Y eso que no era mucho de reyes. Francisco milita en la CNT y es uno de los impulsores del Sindicato de Sanidad e Higiene de Madrid, dispuesto a una revolución que transforme la sanidad en España. También es miembro del grupo de la FAI Los Libertos, junto a Melchor Rodríguez y Celedonio Pérez. Todos ellos pusieron su vida en juego para evitar sacas y tiros en la nuca de adversarios políticos durante la guerra, que igual fusilando ganas una guerra, pero no una revolución.

Trigo era miembro del Comité Revolucionario que luchó en Cuatro Vientos cuando la sublevación de los capitanes Galán y García Hernández en Jaca. Le costó un Consejo de Guerra e ingreso en La Modelo de Madrid hasta la llegada de la II República. Volvería a pasar por prisión en 1931 y 1933, que la República también tiene sus hombres de orden.

La noche del 18 de julio de 1936, Francisco Trigo es enviado a Zaragoza a ver qué pasa con esos rumores de golpe de Estado. Al llegar a las puertas de Zaragoza los rumores se han convertido en órdenes a grito pelado de '¡apunten, fuego!'. La ciudad ha sido tomada y Francisco Trigo se vuelve corriendo a defender Madrid.

Trigo combate contra el fascismo en la carretera de Extremadura y Frederica Montseny asume el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social creado en noviembre de 1936 (Sanidad estaba metida en el Ministerio de Trabajo y a partir de 1939 y hasta 1977 se empaquetó en Gobernación). Montseny le ofrece a Trigo las competencias ministeriales en Madrid mientras el Gobierno huye a Valencia. Trigo asume la responsabilidad y se queda en Madrid.

Al frente de la sanidad madrileña salvará muchas vidas, las de personas enfermas y heridas en precarias condiciones y las de personas opuestas a la República por las que intercederá, agrupando bajo su mando sanitarios de todas las ideologías. Así, por ejemplo, intercedió por el médico especialista Juan Torres Gost, en las listas para pasar por saca, y lo puso al frente del Hospital Nacional de Enfermedades Infecciosas (Hospital del Rey). Valoraba más sus conocimientos al servicio de un bien común que su ideología. O garantizó la protección vía ministerial de las monjas de hospital con formación sanitaria. Igual las monjas le dieron más las gracias a Dios por su suerte que al propio Trigo, pero seguro que a Trigo eso le importaba una higa.

Francisco Trigo creó y organizó el primer Batallón Anti-Gas de España y salvo un intervalo en el que volvió al frente, mantuvo responsabilidades sanitarias cada vez más amplias a medida que todo se derrumbaba. Antes del derrumbe total recibió ofertas del extranjero para subirse a un avión y emigrar con puesto de trabajo asegurado. Se quedó en Madrid hasta el final, escapando al puerto sin salida de Alicante para ser detenido y enviado a los campos de concentración de Campo de los Almendros y Albatera.

A los pocos meses lo enviaron de vuelta a su Nerva natal con toda la familia para iniciar los trámites de depuración. El cura lo denunció y acabó en los calabozos del Ayuntamiento del que su padre había sido alcalde. 'Habiendo desempeñado elevados cargos en Madrid durante el dominio rojo' empezó su calvario de cárcel y destierro por delito de auxilio a la rebelión.

Al auxilio a la rebelión se le sumó un expediente del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo que le acusaba de haber sido miembro de la logia España Democrática ¡en 1921! Y sí, lo había sido durante un año, dándose de baja por falta de pago de la cuota, que el salario de entonces no le daba para todo.

Trigo Domínguez fue confinado a Santoña, impartiendo clases particulares para ir tirando y sufriendo los rigores del clima cantábrico. Trigo está delicado de salud de tanta pernoctación carcelaria los últimos años y su mujer y su hija Amapola, a la que las nuevas autoridades han rebautizado María Dolores, están enfermas. El 1944 le conceden traslado a Alicante para trabajar en una empresa de seguros. El 1948 da por concluida su pena de confinamiento.

En 1965 el expediente de Trigo quedaba más o menos limpio a ojos del Gobierno, que nunca le permitió recuperar responsabilidad alguna en Sanidad, lo que en cierta manera ayuda a explicar la enfermedad de un tejido social capaz de emocionarse con los ripios rojigualdos de Marta Sánchez, vate nacional.

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