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dimarts, 13 de febrer de 2018

Josefina Samper Rojas. 1927-2018.



Se nos ha muerto Josefina Samper Rojas, hija de minero de las Alpujarras almerienses emigrado a Orán buscando pan. A los 4 años llega Josefina con el resto de la familia a Orán, esperando tres años para poder entrar en la escuela, que no hay plazas para los emigrantes. A los 12 años cuida de la hermana y se emplea en un taller de confección mientras su madre va lavando por las casas. Y se afilia a las Juventudes Socialistas Unificadas. Que menos.

Empiezan a llegar exiliados a las costas de Orán, fondeados en la costa, alejados del puerto por orden de las autoridades francesas. Josefina es una de las niñas que se acercan en pequeñas barcas a los barcos medio escorados para llevar alimentos y dinero recaudado en los barrios populares para ayudar a los más necesitados. Visto lo visto, a los 14 años se afilia al PCE y jugándose la piel distribuye España Popular y con otros chavales se organizan para avisar, simulando un concierto de latas, las llegadas de la policía en busca y captura de republicanos españoles.

Como parte de un grupo de mujeres de apoyo a inmigrantes y refugiados le encargan un buen día atender a tres jóvenes evadidos de un campo de concentración. Y se enamora de uno de ellos, Marcelino. Ella tiene 17 años y él, Marcelino Camacho, hijo de ferroviario soriano que cruzó la sierra a pie para plantarse en Madrid a defender la II República, tiene 26 años y llega con apenas 28 quilos de peso. Se casarán a las puertas de las Navidades de 1948.

Josefina crea una cooperativa con otros emigrados. Hacen zapatillas de rafia, que el camino se hace al andar. Así van tirando hasta que en 1957 indultan a Marcelino y vuelven a España. En España indultaban a los fugados de los campos de concentración para darse el gusto de poderte detener. Marcelino no tardará en frecuentar las cárceles, esa cadena de paradores nacionales del franquismo. Entre rejas transcurrirán 14 años de su vida. Josefina se une a otras mujeres para crear en 1965 el Movimiento Democrático de Mujeres en defensa de los presos políticos. Y dan voz a las mujeres, lo que tiene un mérito incalculable en esos años de murmullos.

Josefina y Marcelino vivían en un cuarto piso sin ascensor, en Carabanchel. Ahí vivieron hasta poco antes de la muerte de Marcelino en 2010, atendidos por un cuidador. En Carabanchel tenía Marcelino la segunda residencia, la cárcel. Así Josefina ahorraba en autobús. No ahorraron ni un céntimo en defender derechos. Nunca faltó un plato en la mesa y una cama limpia para los que salían de Carabanchel, cárcel de paso.

En ese piso de Carabanchel cosía pantalones Josefina, para una sastrería y para Marcelino. En los dobladillos y en dobles bolsillos le metía papeles a trocitos del partido. Luego otro día le llevaba celo. Y Marcelino reconstruía los papeles para leerlos, plastificados y todo. Y en ese piso de Carabanchel Penélope tejía jerseys de lana de cuello alto. ¿Quién los tejerá ahora para abrigar a los desnudos en los tiempos árticos que se avecinan?

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