Cercar en aquest blog

dimecres, 21 de febrer de 2018

La Rosa Blanca. 1943.



Hoy hace 75 años dos jóvenes reciben una somanta de palos en dependencias de la Gestapo. En realidad este 2018 cada día se cumplen 75 años de una escena similar. Los dos jóvenes son los hermanos son Hans Scholl, 24 años, estudiante de medicina, y Sophie Scholl, 21 años, estudiante de biología y filosofía.

Dos días antes, el 18 de febrero de 1943, Hans y Sophie van dejando octavillas en la Universidad de Munich llamando a la resistencia pasiva contra el III Reich. Los dos conocen bien el III Reich. Hans había entrado en las Juventudes Hitlerianas. Aguantó poco, y posteriormente fue enviado como enfermero al frente ruso, conociendo de primera mano los desmanes de las SS. Sophie también había entrado en la Liga de Muchachas Alemanas, sección femenina de las Juventudes Hitlerianas. Sus convicciones cristianas y un padre arrestado por un comentario en público crítico con Hitler, les llevan a crear el grupo Rosa Blanca, por el poema de Clemens Brentano.

La Rosa Blanca son los hermanos Scholl; Christoph Probst, 23 años, estudiante de medicina; Alexander Schmorell, 25 años, estudiante de medicina que estaba en el Ejército cuando se anexionó Austria y conoce a Hans y Christoph en el frente ruso; Willi Graf, 25 años, estudiante de medicina; y el profesor de musicología y psicología Kurt Huber, 49 años.

Las acciones de la Rosa Blanca pueden parecer poco heroicas. Durante su corta existencia redactaron seis octavillas, textos muy elaborados, en los que confluían la Biblia, Lao Tsé, Goethe, Schiller o Novalis. Eran un llamamiento a la inteligencia alemana a una sublevación pacífica que terminara con el horror nazi. Las octavillas se mandaban por correo. La inteligencia alemana no estaba en casa, porque nunca hubo acuse de recibo.

Sophie Scholl sube a la galería del segundo piso de la Universidad y arroja octavillas sobre los estudiantes que empiezan a salir de clase. Un bedel lo ve y llama a la Gestapo. Hans y Sophie son detenidos allí mismo.

Tras las primeras sesiones de interrogatorios cae el resto del grupo y son arrestados varios amigos que han colaborado de alguna manera con ellos. El 22 de febrero, Christoph Probst y los hermanos Scholl son juzgados por la mala bestia de Roland Freisler, presidente del Tribunal Popular, adicto a la pena de muerte. Freisler dirigía farsas judiciales obligando a los acusados a no llevar cinturón, provocando que tuvieran problemas para sostenerse los pantalones y así poder humillarlos.

El juicio dura poco. Condena a muerte por alta traición. Esa misma tarde Probst y los hermanos Scholl son guillotinados en la cárcel de Stadelheim. Schmorell, Graf y Huber también serán decapitados antes del verano. Otros amigos del grupo fueron ejecutados, encarcelados o deportados. Sí, abrazarse a las palabras cuando la barbarie se acomoda en el silencio, es heroico.

No consuela mucho, pero el 3 de febrero de 1945 Roland Freisler andaba en faena en el tribunal, en Berlín, ansioso de firmar la sentencia de muerte del teniente Fabian von Schlabrendorff, implicado en un atentado contra Hitler. La aviación aliada bombardea la ciudad. Una de las columnas del tribunal cae y aplasta a Freisler. En cierta manera, el peso de la justicia había caído sobre él.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada