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dijous, 22 de març de 2018

Harry Fisher. 2003.



Hoy hace 15 años se nos moría Harry Fisher. La vida se había enamorado de él y le dejó irse al poco de cumplir los 92. Fue una historia de amor mutuo que dio comienzo a temprana edad.

Harry nació en Nueva York y creció en un orfelinato. Enrolado en la marina mercante, el crack de 1929 le golpeó con 18 años. Se levantó de inmediato y juntó sus manos a otras manos. El 1930 entra en la Liga de Jóvenes Comunistas. Son jóvenes que paran desahucios y ponen sus cuerpos frente a la policía para proteger a las familias que ya bastantes golpes reciben al perder sus empleos y hogares.

Muy metido en la brega sindical, en 1937 es uno de tantos pacifistas que decide luchar contra el fascismo en tierra española. Enfrentarse al fascismo es defender la paz. Viaja en barco a Europa, cruza Francia en tren y pasa los Pirineos a pie para ir directamente al frente. Allí sirvió a las órdenes de Oliver Law en el Batallón Lincoln.

Oliver Law, veterano de la I Guerra Mundial, comandante del Batallón Lincoln, fue el primer afroamericano al mando de una unidad de tropas norteamericanas blancas. De hecho el Batallón Lincoln estaba integrado por blancos y negros norteamericanos, algo que no sucedió ni en la II Guerra Mundial, ya que persistía la segregación. Law cayó en Brunete y cuando acabada la II Guerra Mundial, Paul Robeson intentó llevar su vida al cine, la histeria anticomunista desatada por Joseph McCarthy y su caza de brujas lo impidió.

La vida, ya lo hemos dicho, estaba enamorada de Fisher, y salió ileso de las batallas de Jarama, Brunete, Teruel, Belchite y Ebro, pudiendo regresar a Estados Unidos para casarse con Ruth Goldstein, judía y comunista como él, para compartir más de 50 años de activismo y ver crecer a un hijo, una hija y tres nietos. Antes le dio tiempo para servir como artillero en un B-26 durante la II Guerra Mundial en un combate que, así creía, seguía debiendo a los españoles y a sus compañeros de viaje.

Harry y Ruth trabajaron para la agencia de noticias soviética TASS sin olvidar el compromiso con los más desfavorecidos y con la paz, que poder descansar en paz es todo lo contrario a morirse.

Ruth Goldstein falleció en 1993 y le hizo jurar a Harry que escribiría un libro sobre su experiencia española, que sería pecado no hacerlo. Cinco años después Harry Fisher publicaba Comrades, que se tradujo al alemán y al español (Camaradas: Relatos de un brigadista en la guerra civil española; Editorial Laberinto), un hermoso recuerdo hacia aquellos que se levantaron antes del alba para ofrecer sus vidas con la esperanza de evitar las millones de muertes que vendrían después.

El 22 de marzo de 2003 Harry Fisher volvía a pisar las calles nuevamente, nunca dejó de hacerlo, para protestar contra la guerra de Irak alentada por el inefable trío de las Azores, en realidad un cuarteto con Durao Barroso, elemento que empezó militando en el maoísmo para pasarse a la socialdemocracia desleída y acabar en Goldman Sachs. Al acabar la manifestación, sintiéndose cansado, fue ingresado en el St. Vincent's Hospital, el mismo hospital en el que un joven Harry Fisher fue ingresado un día de 1933 con la cabeza abierta por las porras policiales. Allí, ese mismo 22 de marzo, celebrando la primavera, su corazón dejó de latir sin dejar de sonreír.

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