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dimarts, 13 de març de 2018

Miquel Boixó. 1943.




Miquel Boixó Geli nació en Banyoles, hijo de carlista y beata, en una casa hecha al luto. Cuatro hijos murieron antes de cumplir el año y otro antes de cumplir los doce. Miquel era más de vivir. Se hizo pastelero, era un excelente nadador y amaba el teatro. Miembro activo de la Joventut Artística de l'Ateneu Republicà interpretó entre llamaradas de aplausos al Lucifer de Els Pastorets. Igual le cogió gusto al personaje y por eso se hizo comunista, pensaría su madre.

El golpe de Estado fascista lo agarró a las puertas de cumplir 26 años y en octubre del 36 ya estaba en el frente de Aragón alistado en la Carlos Marx, a las órdenes de José del Barrio, que posteriormente se integraría en la 27ª División. La novia de Miquel, Francisqueta Sarquella, se cortó el pelo y disfrazada de hombre se fue al frente con su amor, transportando correo. Hasta que fueron descubiertos y Francisqueta volvió a Banyoles.

Miquel Buixó participó en las ofensivas sobre Huesca, Zaragoza, Belchite y Teruel, recibiendo hostias a tutiplén. La dinámica siguió en el frente del Segre y en Gandesa. Miquel, era más de vivir, aprovechó un permiso para casarse con Francisqueta Sarquella, novios desde los tiempos felices del teatro y las zambullidas en el lago. Volvieron a zambullirse una vez más, uno en el cuerpo de la otra, y nacería Jordi Buixó Sarquella.

En plena retirada, Miquel tuvo tiempo para pasar por Banyoles por última vez, despedirse de familiares y salvar la vida de cuatro curas en trance de ser fusilados, que sería comunista pero quería mucho a su madre y no le iba a dar un disgusto la última vez que se veían.

Al poco de pasar a Francia, Miquel pudo marchar a Moscú y reclamar a su esposa, suegro y cuñada. La madre de Francisqueta murió en tierra francesa, en el campo de concentración de Angoulême. Miquel, junto a otros 27 militares republicanos españoles, fue enviado a la Academia Militar de Frunze.

La irrupción de la Wermacht en la Unión Soviética lleva a los Boixó Sarquella a Uzbekistán. Allí dormirán juntos por última vez. Miquel Boixó forma parte de un comando de paracaidistas, en su mayoría catalanes, con misiones de alto riesgo tras las líneas enemigas en Crimea. Su grupo es lanzado cerca de la población de Shúbino. La operación es un desastre. El grupo cae en campo abierto y, rápidamente localizado por tropas alemanas, es aniquilado el 13 de marzo de 1943, hoy hace 75 años.

El descalabro de la operación parece ir más allá de incompetencias de mando o la mala suerte. Siempre se ha sospechado que los soviéticos tenían un infiltrado en la fuerzas alemanas de la zona y mandaron al grupo de comunistas catalanes al matadero, piezas sacrificables para que el agente doble pudiera aportar información a los alemanes y ganarse su confianza.

Los testimonios y peticiones de los habitantes de Shúbino consiguieron que se levantara un monolito en 1966 con los nombres de aquellos guerrilleros que hablaban una lengua extraña y se llamaban Miquel Boixó, Josep Fusimanya, Pere Panchamé, Joan Armenteros, Joan Pons, Josep Peral, José Luis Vara. A Boixó le acabaron concediendo honores póstumos, escribieron su nombre en piedra, aunque los mejores homenajes siguen sido ponerle su nombre a una Biblioteca Popular en Banyoles, la gente de Shúbino bailando, los cuerpos zambulléndose en el agua y salpicando al sol.

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