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dijous, 8 de març de 2018

Santiago Carod Lerín. 1988.



Hace 30 años se nos moría Saturnino Carod Lerín. Se lo habían propuesto muchas veces y no le dio la gana darles el gustazo. Se marchó tranquilo, como quien anda por la montaña, ya cumplidos los 85.

Saturnino era de Moneva, Zaragoza. Gente de campo. A los seis años ya echaba un mano en el campo y a los 12 empujaba el arado, empezando a sentir la vida como una guerra. Nunca fue a la escuela de los libros. Fue a segar por Castilla y a buscar trabajo por Francia antes de cumplir los 18.

El trabajo lo encontró en Barcelona, en la obra, y en los andamios aprendió a leer y escribir, y aprendió de fraternidades con otros compañeros de la CNT haciendo frente a los pistoleros de la patronal. La represión desatada en tiempos del general Miguel Primo de Rivera le aconsejó marchar de nuevo a Francia en espera de tiempos mejores. Llegaron con la II República y la amnistía.

Saturnino se dedicó a organizar a los trabajadores del campo del Bajo Aragón junto a Florentino Galván. A Florentino, muerto en el exilio, los fascistas le fusilaron a un tío que se le parecía mucho creyendo que era él. A Saturnino no les dio tiempo a fusilarlo, y eso que el golpe de Estado lo cogió en Zaragoza. Salió corriendo el 19 de julio y no paró hasta llegar a Tortosa.

En Tortosa formó la Columna Carod - Ferrer, Carod por él y Ferrer por José Ferrer Bonet, comandante de la Guardia Civil. Marcharon al frente con la Columna Ortiz y por el camino liberaron Alcañiz, Caspe, Calanda, Alcorisa y Moneva. En su pueblo querían fusilar al cura, Enrique Guallar, y Saturnino les paró los pies. Era amigo de Guallar desde niño y la amistad y la infancia son cosas sagradas.

Militarizado y a las órdenes de su compañero Victoriano Castán, participó en la ofensiva de Huesca, la batalla de Belchite y el frente de Teruel. Salió vivo para terminar acorralado en el puerto de Alicante y llevado al campo de concentración de Albatera.

Carod y Castán consiguen huir de Albatera y pasan a Francia, que los aloja en sus campos de concentración. Escapan a finales de 1940. Podrían haber mandado a los franceses a paseo, pero van y se meten en la Resistencia.

Saturnino Carod será uno de los miembros de la Red Ponzán que tantas vidas salvó cruzando la frontera con España. A Saturnino cruzar esa frontera casi le cuesta la suya. Haciendo de enlace es detenido en Barcelona en agosto de 1941, delatado por el inefable Eliseo Melis. Pasa 8 años en prisión a la espera de un consejo de guerra que lo condena a muerte. Y aparece un sacerdote llamado Enrique Guallar que declara a su favor. Le dejan la condena en 25 años que empiezan a pasar entre las paredes de las cárceles de Figueres, La Modelo de Barcelona y San Miguel de los Reyes. Saldrá a los 11 años, aunque en los siguientes años las autoridades se encargan de recordarle que allí tiene una segunda casa.

Sólo le dejaron en paz en 1965 al echar la firma en los cinco puntos con la Confederación Nacional de Sindicatos. Ya fuera de foco se ganaba la vida trabajando de acomodador. En 1976 es uno de los que ponen manos a la obra en la asamblea confederal de Sants para reconstruir la CNT y para poner en marcha el Ateneo Libertario de La Verneda. Y siguió paseando tranquilo por la vida sin bajar nunca la mirada hasta el 7 de marzo de 1988.

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