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dilluns, 30 d’abril de 2018

Amilcare Cipriani. 1918.



Hoy se cumple el centenario de la muerte de Amilcare Cipriani, un tipo tozudo y consecuente. A los 15 años se largó de casa para unirse a Garibaldi y las tropas piamontesas para parar los pies a los austriacos y avanzar en la unificación de la futura Italia. El choque es en Solferino, allí combaten los franceses, y San Martino. Mientras Cipriani y Garibaldi, que consideran aquello más una Revolución que una batalla, se juegan el tipo en primer línea, Vittorio Emanuele II se lo mira desde un alto a cinco quilómetros de distancia fumándose un puro.

La escabechina de marras cierra la Segunda Guerra Italiana de la Independencia, abona el campo para la unificación y los estragos que provocan las nuevas armas estrenada para la ocasión, con cañones más precisos y con más potencia de fuego, llevan a Henri Dunant a crear la Cruz Roja Internacional.

Amilcare formará parte de la Expedición de los Mil para liberar Sicilia de Borbones y volverá a ponerse al lado de Garibaldi para liberar Roma. Esta vez les paran los pies a ellos en Aspromonte. Garibaldi cae herido y es hecho prisionero. Cipriani logra escapar a Grecia y ya que estamos se une al anarquista Emanouil Dadaoglou en su lucha contra la monarquía de Otón I. También le toca huir de Grecia para pasar por Londres y llegar a Egipto, donde formará parte de la expedición de Giovanni Miani a la búsqueda de las fuentes del Nilo.

Amilcare volverá para la tercera guerra de la independencia de 1866 para incorporar al Véneto y el Trentino. Acabada, se va a Creta a luchar contra los turcos y traba gran amistad con Gustave Florens, amistad que mantendrán codo con codo en la defensa de la Comuna de París, que la costará una herida y la deportación por siete años a una colonia penitenciaria en Nueva Caledonia junto a miles de communards.

Amnistiado en 1880, volverá a Italia a tiempo para ser encarcelado por conspirador. Pasará siete años encarcelado hasta ser liberado gracias a una insistente campaña popular que le tiene por referente moral. Su viaje en tren de Milán a Rimini convierte cada estación en una fiesta.

A la muy respetable edad de 53 años se marcha voluntario a Grecia a luchar contra los turcos. Cae herido y vuelve a Italia con orden guardar reposo y tomárselo con calma. Lo hará establecido en París y escribiendo en medio como La Petite Republique, L'Humanité y Le Plébéien. Socialistas revolucionarios, republicanos, sindicalistas, antimilitaristas, anticlericales y anarquistas le tienen por modelo a seguir. Será elegido varias veces diputado y todas ellas se negará a ocupar escaño mientras haya trono en Italia.

Amilcare Cipriani, progresivamente retirado de la vida pública entre el ruido de la Gran Guerra, morirá pobre y enfermo en una casa de salud en París a los 73 años de edad, tozudo y consecuente, acompañado en su funeral por  miles de franceses que los mismo eran italianos que griegos.

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