Cercar en aquest blog

dimarts, 17 d’abril de 2018

Rosario Sánchez Mora. 2008.


Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.

Hoy hace 10 años nos dejaba Rosario Sánchez Mora, aquella muchacha que con 17 abriles se subió a un camión para ir al frente y detener al fascismo en su avance sobre Madrid, en Somosierra. Era julio del 36 y le hizo frente pegando tiros sin instrucción militar previa y cargando con un mosquetón de siete quilos.

Rosario Sánchez Mora había nacido en Villarejo de Salvanés, entre el Tajo y el Tajuña. Huérfana de madre, su padre accedió a mandarla a Madrid, a casa de unos amigos, a cuidar de sus niños y a aprender corte y confección. Su padre, Andrés Sánchez, era el presidente de Izquierda Republicana en Villarejo. Al año de llegar a Madrid se produjo el golpe de Estado fascista. Y allí estaba Rosario subida a un camión camino de Somosierra sin decirlo a nadie de su familia, al lado de otros jóvenes del barrio.

Tras quince días de intensos combates y tras ver morir a muchos conocidos, el frente se estabilizó y a Rosario la mandaron a la sección de dinamiteros, ubicada entre Buitrago y Gascones. Era la única mujer. Rosario la Dinamitera. Emilio González González, barrenero de Sama de Langreo, les enseñaba a fabricar bombas. La tecnología disponible no daba para mucho. Llenabas una lata de leche condensada con tornillos y clavos, vertías dinamita, cerrabas la lata lo mejor que podías no fuera a desparramarse y Emilio González colocaba el fulminante y la mecha. A veces hasta explotaban, aunque la precisión no estaba entre las cualidades del artefacto.

Rosario fue instruida en el manejo de los cartuchos de dinamita. No tenía mucho misterio. Le pegabas fuego a la mecha y cuando sentías el calor de la llama en la uña del dedo pulgar, te la sacabas de encima. El 15 de septiembre aprendió que la dinamita mojada es un mal asunto. Había llovido y el cartucho estaba húmedo, así que la mecha quemó por dentro. No notó el calor de la mecha, sólo un tenue silbido y una explosión que le arrancó la mano derecha por encima de la muñeca. Le salvaron la vida en la Cruz Roja en La Cabrera.

Rosario pasó por varios hospitales, y convaleciente en el de San José y Santa Adela, al saber que los fascistas estaban a las puertas de Madrid entrando por la Ciudad Universitaria, y mientras el Gobierno se piraba a Valencia, ella saltó de la cama y se fue de nuevo al frente con la X Brigada Mixta. La destinaron al Comité de Agitación y Propaganda y se encargó de la centralita del Estado Mayor de Valentín González El Campesino.

En aquellos días, Rosario entablará amistad con los poetas Antonio Aparicio, Vicente Aleixandre y Miguel Hernández, que había escrito su poema Rosario, dinamitera. También conoció a un joven sargento de la Sección de Muleross, Francisco Burcet Lucini. Se hicieron novios. Apenas unos paseos por el Retiro y Rosario se fue de nuevo a primera línea, haciendo de cartera. A las ocho de la mañana ella y otros compañeros cargaban las sacas de correspondencia y salían para Brunete.

El 12 de septiembre de 1937, Rosario y Francisco contraen matrimonio. Serán pocas semanas, lo justo para quedarse embarazada y ver como Francisco parte al frente de Aragón. No podrá ver nacer a su hija, Elena, el 22 de julio de 1938.

Rosario deja a Elena con la abuela y marcha a Alicante con su padre esperando un barco de la Sociedad de Naciones que no llegará nunca. Son dos de los 15.000 republicanos capturados en aquella ratonera. Los llevan al campo de concentración de Los Almendros. Allí fusilan a su padre.

Rosario puede volver a Madrid para ser detenida por unos falangistas de su pueblo. Es tiempo de cárcel y juicio sumarísimo. Pena de muerte conmutada por 30 años por adhesión a la rebelión. Sí, los fascistas, esos magos del humor.

Las Ventas (4.000 mujeres en una cárcel con capacidad para 400), Durango (convento convertido en prisión), Orúe (condenadas a trabajos forzados) y Saturrarán (encerradas en sótanos con el agua por los tobillos cada vez que sube la marea). Rosario saldrá en libertad el 28 de marzo de 1942, el día en que muere Miguel Hernández de España y cárcel.

Rosario tiene prohibido ir a Madrid. Va a Madrid, a reunirse de nuevo con su hija, que tiene ya cuatro años y no sabe quien es esa señora que la estruja con un amor que duele. Viven acogidas en el domicilio de Rufina Núñez, compañera de prisión. En Madrid se entera que Francisco, tras pasar por la cárcel de Barcelona, vive ahora en Oviedo, se ha vuelto a casar (Franco invalidó todos los matrimonios por lo civil) y tiene dos hijos.

Para ir tirando Rosario Sánchez empezó a vender tabaco americano de estraperlo (y repartir clandestinamente Mundo Obrero). Un día de 1953 un tipo se planta frente a ella. Es Francisco. 15 años después se abrazan con un amor que duele y que es también un adiós.

Rosario Sánchez Mora consiguió abrir un estanco en Vallecas y ahí trabajo 22 años hasta su jubilación, los ojos encendidos cada vez que miraba las mechas que vendía.

¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada