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dimarts, 8 de maig de 2018

Carmen Casco de Lara Castro. 1993.



Doña Coca. No, no hablamos de una telenovela. Hablamos de pasiones verdaderas. Hablamos de Carmen Casco de Lara Castro, Doña Coca, así la llamaban. Y así la recuerdan en Paraguay a los 25 años de su muerte. Hija de un militar al que la patria mandó a la Guerra del Chaco para tiempo después mandarlo al destierro por liberal.

Carmen estudió en colegio de María Auxiliadora y creció aferrada a unos sólidos valores cristianos que hablaban del apoyo mutuo y poner la voz al servicio de los perseguidos. Los mantuvo toda su vida, y no era fácil en el país al que sacudió con un golpe Alfredo Stroessner, dejándolo aturdido durante 35 años.

Carmen trabajó de maestra, se casó con el abogado Mariano Luís Castro y fue madre de seis varones. El mismo año de su boda accede al poder el general Higinio Morínigo, simpatizante del fascismo que proscribió al Partido Liberal por traición a la patria esa de marras. Aunque Carmen no se metió de cabeza en la política hasta 1954 con Stroessner inaugurando su mandato de represión y terror. Lo hizo luchando por los derechos de la mujer paraguaya y uno de sus resultados fue la asociación cultural de Amparo a la Mujer.

Desde la asociación se trabajó por la igualdad de salarios y los derechos de la maternidad. María Campos Cervera, Beatriz Méndez de Prieto, Mary del Pino y María Elena de Pérez estaban con Carmen en ese empeño y ofrecían también asesoramiento jurídico a las madres solteras. Un empeño que ayudó lo suyo a conseguir el derecho al voto en...1962...

Carmen militaba en el Partido Liberal Radical, pero su política no era de partido, era de calle, más aún cuando el Parlamento era una especie de juguete roto pese a la dignidad que aportó Carmen como diputada. La dignidad de la mujer es una dignidad universal y Carmen fue una de las fundadoras y presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en tiempos muy duros para los derechos y los humanos en general.

La Comisión, reconocida y apoyada por Amnistía Internacional, era un madero de esperanza para miles de presos políticos en la hacienda de Stroessner. Ahí estaba su voz en foros internacionales, mientras su casa servía de refugio para muchos huidos. Nunca dejó de visitar a los presos para recoger su testimonio y ayudar en lo que pudiera, nunca dejaron de detenerla. Y ayudó a conseguir, principiando los 70, que los presos dispusieran de colchones, camas y retretes en sus celdas o centros de retención. Y así, sin descansar, consiguieron desmantelar el campo de concentración de Emboscada que hacinaba a 500 personas.

Carmen Casco de Lara siempre fue partidaria de crear un frente democrático consistente que enfrentara sin miedo a Stroessner y sus operaciones de maquillaje constitucional. En 1989 un golpe de Estado echa a Stroessner y la calle aúpa a Doña Coca a senadora, que agradece el gesto encabezando los trabajos para derogar varias leyes de la dictadura. Carmen Casco de Lara Castro había llevado adelante cada uno de sus propósitos sin sobreactuar, que Doña Coca no es una telenovela.

Carmen murió el 8 de mayo de 1993 a  los 75 años de edad, a causa de una diabetes, llevaba tantos años luchando por los demás que cuando le tocó hacerlo por ella no le dio importancia, era así.


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