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viernes, 19 de julio de 2019

Eugenio Maggi



Centenario de la venida al mundo de Eugenio Maggi en un siglo XX problemático y febril recién destripado como los campos de Europa. El padre de Eugenio, Ettore Maggi, era un hombre decente. Obrero naval altamente especializado, se negó a afiliarse en el Partido Nacional Fascista y lo despidieron. Abrió un taller. Los fascistas se lo quemaron y a él le dieron una paliza. Eugenio Maggi, 10 años, se traslada con sus padres y sus cinco hermanos a Sestri Ponente, Génova. Sestri la Roja, que en 1903 tuvo al primer alcalde socialista de Italia, el ingeniero Carlo Canepa, reelegido varias veces hasta que dejó el cargo en 1922 tras recibir continuas agresiones de las patrullas fascistas. En 1943, con 66 años, entró en la Resistencia.

Eugenio se pone a trabajar con 14 años, primero en la torrefacción de café, luego de obrero en la San Giorgio, ensamblando automóviles y trenes, entablado amistad con Antonio Dettori, anarquista sardo que ha participado en las ocupaciones de fábricas, sometido a vigilancia policial, que será confinado a Ponza, se enrolará en la Resistencia y sobrevivirá a Buchenwald, dejándolo escrito en Memorie di un triangolo rosso, porque así lo prometió a su amigo del alma Umberto Raspi, partisano anarquista que no salió con vida de los campos.

Tras el armisticio de septiembre de 1943 con las fuerzas aliadas, Eugenio Maggi participa en el primer enfrentamiento armado contra tropas alemanas en Génova, al lado de sus amigos Vittorio Zecca y Giacomo Pittaluga. Zecca se integra en una brigada autónoma en los montes de Langhe; Pittaluga entra en la División Garibaldi de Coduri, a las órdenes de Eraldo Fico, hijo de un socialista asesinado por los fascistas; y Maggi se va con Dettori a la Brigada Errico Malatesta.

Buena parte del grupo de Maggi y Dettori cae en una redada en piazza Baracca, delatados por una infiltrada. La primera parada son las dependencias de la Dirección de Policía de Génova.

En comisaría, Eugenio Maggi pasa por las manos del comisario Giusto Veneziani, reputado torturador, sádico al frente de la brigada política. No hablará. Lo envían a la cárcel de San Vittore, Milán. Allí operan los legionarios de la Ettore Muti y sus sacas aleatorias para fusilar en Piazzale Loreto. El tal Ettore Muti fue secretario del Partido Nacional Fascista, condecorado por sus combates contra la inexistente aviación etíope y por sus bombardeos sobre la población civil española.

Eugenio Maggi es internado en el campo de concentración de Bolzano y de allí pasará a los campos alemanes de Flossenbürg y Dachau con el número 116335, mano de obra esclava para armar los V2. Sobrevivirá. El 29 de abril de 1945, cuando los norteamericanos llegan a Dachau, Maggi es un joven de 25 años y apenas 30 kilos de peso.

Tras recuperarse en un hospital de la Cruz Roja Internacional volvió a Italia, a la fábrica, a la lucha sindical. No buscaba más reconocimiento que el de los derechos laborales ni más medallas que la primera línea en el combate contra el fascismo, y ahí estaba en las revueltas populares en Génova de julio de 1948 y junio de 1960. Murió en paz cumplidos los 84 años de edad, en Sestri Ponente, en su cama, en su casa, en su calle, en la que se había enfrentado a tropas alemanas superiores en número y armamento, cuando asumió en tiempos problemáticos y febriles, vivir gratis no vale nada.

jueves, 18 de julio de 2019

Gino Bartali



'Tienes que hacer el bien, hijo, pero no hablar de ello, porque si lo haces te estás aprovechando de las desgracias ajenas para tu propio beneficio'.

Hace 105 años se venía al mundo Gino Bartali, humilde familia del campo toscano. Momento complicado para venirse al mundo, recién estrenada la Gran Matanza que ponía a Europa en barbecho para la siguiente.

Gino Bartali. Feo, fuerte y formal. Lo pusieron a trabajar en un taller de bicicletas. El dueño del taller le regaló una. Cuando montó en ella por primera vez aún no sabía que ganaría tres veces el Giro y dos veces el Tour. Y un montón de carreras.

Con solo 22 años, Gino Bartali gana su primer Giro. Al año siguiente gana el segundo. Y al año siguiente gana su primer Tour. Mussolini lo convierte en símbolo de la grandeza de la Italia fascista. Una grandeza de blindados, plomo y ciencia homicida con alas que es todo lo contrario a la belleza y simple mecánica de una bicicleta.

La guerra pone fin momentáneo a sus triunfos ciclistas, aunque durante la guerra culminará sus mejores etapas. El conservador y católico Bartali recibe la llamada de su amigo Elia Dalla Costa, cardenal de Florencia habitual en las quinielas para ser Papa. Dalla Costa le propone un plan de entrenamiento para mantener en forma cuerpo y alma. Un plan, eso sí, que entraña sus peligros.

El plan consiste en hacer el trayecto Florencia - Asís, unos 400 kilómetros ida y vuelta, varias veces. En el monasterio de Asís le espera el editor Giorgio Nissim, que utiliza una vieja imprenta para imprimir documentos de identidad falsos. Esos documentos salvarán 800 vidas, 800 personas judías destinadas a los campos de exterminio. Esos documentos viajan ocultos en los tubulares de la bicicleta que pedalea Bartali.

Una red simple y bella como la mecánica de una bicicleta, formada por el cardenal Dalla Costa, el rabino Nathan Cassuto, el padre franciscano Rufino Nicacci, el editor e impresor Nissim y Bartali, ídolo italiano que salvó aquellas interminables etapas salvando controles, algún interrogatorio y algún disparo. Ninguno de los implicados en la red dijo nunca nada mientras vivió.

Los entrenamientos le sirven además para ganar el Giro de 1946, imponiéndose por 47 segundos a una nueva estrella, Fausto Coppi. Con 34 años aún tendría fuerza para ganar su segundo Tour, en 1948, siendo el único ciclista que ha ganado dos veces la ronda francesa con tantos años de diferencia. En 1949, Coppi, joven, ateo, algo anárquico, extrovertido, le gana el Giro al veterano y algo huraño Bartali, tras una prodigiosa escapada de 192 kilómetros en la etapa Cuneo - Pinerolo, 5.000 metros de desnivel subiendo la Madelaine, Vars, Izoard, Montgenévre y Sestriere por caminos de tierra. Ese 1949 Coppi gana también el Tour, cuando tras una caída que le hace perder más de media hora parece dispuesto a abandonar y Bartali le hace reconsiderar esa opción a bofetones.

Gino Bartali se retiró a su tierra natal, a vivir y compartir con sus vecinos, siempre discreto y poco hablador. Murió a los 85 años de edad en mayo del 2000. En 2003, los hijos de Giorgio Nissim encontraron un viejo y polvoriento dietario de su padre. Allí se detallaba el funcionamiento de una red clandestina que funcionaba a pedales y compromiso con la bondad. Decidieron hacerlo público.

Gino Bartali solo se lo había contado a su hijo Andrea a condición de guardarlo en silencio, porque tal como le dijo, 'yo quiero que me recuerden por mis logros deportivos. Los héroes reales son otros, aquellos que sufrieron en su alma, su corazón, su espíritu, su mente, por sus seres queridos. Ellos son los héroes reales. Yo soy solo un ciclista'. Uno de los más grandes.

martes, 16 de julio de 2019

Antonio Martínez Abellán



Ahí está Antonio Martínez Abellán rodeado de libros y música, el aire que respiraba. Y si no, afuera estaba el aire del campo para seguir respirando. Fieldman. Hombre de campo. Así firmaba algunos artículos este hijo de familia humilde de Jumilla que se esforzó en pagarle estudios de música para hacerlo feliz. Primero recibió clases de Alfredo Santos de la Rosa, compositor y director de la banda municipal. Luego amplió estudios en Valencia.

Creció respirando aires de circo y bohemia. Tocaba el piano en un circo y salía descalzo al campo, miembro de la Sociedad Vegetariana Española y articulista en la revista Acción Naturista. Y en un montón de publicaciones más de La Barricada a Fragua Social, de Musical Hermes a Musicografía. Sus críticas musicales se leían en el extranjero, mientras él ofrecía conciertos de piano, dirigía zarzuelas o escribía sobre Beethoven o la espiritualidad de la música.

Especialista mundial en Juan Crisóstomo de Arriaga, aquel genio que empezó a deslumbrar a los 11 años y murió antes de cumplir los 20, Fieldman es un reputado conferenciante, gana premios literarios, dirige bandas musicales y ejerce de profesor en el Conservatorio de Murcia.

Anarquista, Antonio Martínez Abellán no se calla la boca por la represión de Casas Viejas, y el gobierno de la II República lo destituye de todos sus cargos. No pueden destituirlo de vivir, que de eso ya se encargarán otros. La guerra se llevará por delante su enorme biblioteca y todo su archivo musical. Frente a la guerra y el fascismo que se viene escribe La noble pasión de la música.

Acabada la guerra, Antonio Martínez, el gran defensor de las bandas municipales como estandartes de cultura popular frente a los emperifollados de palco real, el intelectual que escribe canciones infantiles y siempre lleva sandalias, el anarquista que toca el órgano en la iglesia, se queda sin aire que respirar.

Las autoridades locales lo acusan de escuchar radios extranjeras. Tal cual. El 16 de julio de 1939, hace 80 años, un grupo de falangistas se lo lleva junto a Jesús Jiménez Molina, Bartolomé Martínez Tomás y Francisco Teruel González por la carretera nacional de Jumilla a Yecla, hasta una finca conocida como el Plantón del Miedo. Allí los fusilan y los entierran.

Una mujer valiente, Josefa Guardiola, viuda de Francisco Teruel, empezará a llamar a muchas puertas para pedir la exhumación de los cuatro fusilados para su entierro en recinto sagrado. Hacía falta mucho valor para eso. Sólo una persona le hace caso, el cura Juan Cortés Férez. También le echa valor y saca adelante las gestiones necesarias para exhumarlos. En junio de 1964, Antonio Martínez, Jesús Jiménez, Bartolomé Martínez y Francisco Teruel son enterrados en el recinto del Pabellón de los Ahorcados del cementerio de Jumilla y el cura escribe en el registro como causa de la muerte 'fusilados por el bando nacional'. Poco antes de morir, Josefa Guardiola pidió ser enterrada con ellos.

lunes, 15 de julio de 2019

Cecilia García de Guilarte



Hace 30 años se nos moría Cecilia García de Guilarte, familia burgalesa con padre obrero en la industria del papel. La pequeña Cecilia tenía buena mano para escribir y su padre, anarquista, siempre la animó a ello. Le publicaron un escrito cuando sólo tenía 11 años y siguió acariciando las palabras, lanzándolas al mundo, en la España de los años 30. Cecilia G. de Guilarte, que también milita en el anarquismo, empieza a publicar en diversos periódicos y pronto empieza a publicar novelas cortas en La Novela Ideal.

Tras el golpe de Estado fascista, Cecilia se convierte en la única mujer corresponsal de guerra que cubre el Frente Norte. Lo hace en primera línea, compartiendo trincheras, miedos y esperanzas con los milicianos. Su hermano Félix, 17 años, cae defendiendo Irún. 'Ante los aparatos fascistas destrozados, ante los cadáveres carbonizados de los aviadores alemanes me he sentido más periodista que nunca', escribe Cecilia, que aún no ha cumplido los 21. Allí está, en medio de la batalla de Irún, bajo las bombas en Bilbo, defendiendo posiciones con el batallón Isaac Puente, entrevistando a un piloto alemán derribado.

En Portugalete se casará con el socialista Amós Ruiz Girón y cuando cae el Frente Norte huye embarazada en barco hacia Francia para volver a Barcelona, donde nacerá su hija Marina. Amós se queda luchando en Asturias hasta que salva la vida por los pelos huyendo en una barca a Francia. En Francia se encuentran una vez acabada la guerra. Cecilia sigue trabajando de periodista hasta que la ocupación alemana les hace escapar rumbo a México.

En México continuará escribiendo, artículos, guiones radiofónicos, ensayos, teatro, novelas, dirige diversas publicaciones, es una de las fundadoras del Ateneo Español de México y poco a poco se irá alejando del anarquismo.

Jefa del departamento de Extensión Universitaria y profesora de Historia del Arte y de Historia del Teatro en la Universidad de Sonora, realiza estudios biográficos sobre sor Juana Inés de la Cruz y Juana de Asbaje. Cada vez más anegada de nostalgia por su tierra, buscando una espiritualidad que la sosegará y tras sufrir un accidente que la pone al borden de la muerte, Cecilia decide volver a Tolosa en 1963. Su compañero se niega a volver mientras viva el general Franco.

Cecilia G. de Guilarte continuó escribiendo en España, participando activamente en la vida cultural, o como pudiera llamarse aquello, de su tiempo. Murió en 1989, manteniendo el interés de estudiosos de universidades mexicanas y norteamericanas que le han dedicado varias tesis doctorales. En España, en 2007, Julen Lezamiz y Guillermo Tabernilla publicaban Cecilia G. de Guilarte. Reporter de la CNT. Sus crónicas de guerra (Ediciones Beta), brillante testimonio de una época por una mujer que pasados los años dejó de ser revolucionaria, pero nunca dejó de ser mujer, y eso ya es resistir.

viernes, 12 de julio de 2019

Luís Perea Bustos



Hace 5 años se nos moría Luís Perea Bustos. Su vida es algo parecido a un milagro. Luís Perea Bustos, hijo de familia campesina de Socuéllamos, Ciudad Real. Huérfano de madre fue criado por la abuela. Creció fuerte, buen mozo, buena gente.

A los 18 años, tras el golpe de Estado fascista, se alista voluntario para defender la II República. Es enviado a defender la Casa de Campo y cae herido. Apenas recuperado de las heridas lo mandan al frente de Teruel. Luego participa en la batalla del Ebro y el final de la guerra lo pilla en Barcelona. Huye a pie hasta Francia, camino de los campos de concentración de Saint-Cyprien y Barcarès.

Luis Perea se alista al ejército francés y cae prisionero de los alemanes. Pasa 9 meses en Belfort, en tareas de cocina. Un buen día lo suben al tren junto a sus compañeros. No saben dónde van. Al final del trayecto les reciben hombres armados, golpes y perros que descuartizan a los que bajan enfermos. Saben pronto que han venido a morir reventados por jornadas de esclavo que empiezan a las cuatro de la mañana, mal nutridos con patatas y nabos hervidos que no quieren los cerdos, trabajando para la industria de guerra del III Reich. Son los rojos españoles.

Luis Perea Bustos se convierte en el prisionero 3612 de Mauthausen y su vida entra en modo aleatorio. Un día el prisionero 3612 se juega la vida entrando una botella de alcohol en el campo. El alcohol es para dar una friegas a su compañero Miguel Aznar, abatido por la bronquitis, al que esconden enterrado en arena caliente y tapado con sacos de cemento para que se vaya recuperando mientras el resto sigue trabajando y cubriendo su ausencia. Todos se juegan la vida con esa acción, pero saben que no hacerlo es darla ya por perdida. Cualquier síntoma de debilidad o enfermedad significa acabar en la enfermería para ser sometidos a brutales 'experimentos médicos', como inyecciones de gasolina en el corazón.

Con el cuerpo hecho a los golpes, su juventud y su buena traza trabajando en la pavimentación de calzadas le permiten sobrevivir. El 5 de mayo de 1945 recibe a las fuerzas de liberación. Lleva consigo el traje a rayas de prisionero, que teñirá de azul y utilizará como vestido durante años.

Luís Perea y Miguel Aznar sobreviven a Mauthausen y sus caminos se separan hasta que en 1988, en un acto de homenaje a los deportados republicanos, Perea y Aznar se reconocen, se abrazan, lloran y ríen como niños.

Luís Perea Bustos, que rehízo su vida en Francia junto a María, española de la emigración, siempre prestó su testimonio para que el olvido no engullera a los republicanos españoles asesinados en Mauthausen y Gusen. Su última voluntad fue ser incinerado para despedirse de la vida hecho humo y ceniza, como todos los compañeros que vivieron en él.

jueves, 11 de julio de 2019

Magda Portal



Yo soy un mar porque no hubiera sido un río.
Un mar sin cauces,
de verdes alegrías
y de profundas soledades.
Un mar abarcador
de la vida y la muerte,
del que parten y al que confluyen
todas las fuerzas de la vida.
Yo soy un mar,
pupilas de crepúsculo
y voz de aurora
como ese mar azul
al que yo desperté en mi primer viaje.

Hace 30 años se nos moría Magda Portal, venida al mundo en el distrito de Barranco, Lima, huérfana de padre a los cinco años y abocada a la pobreza con sus tres hermanos y su madre, que saca la familia adelante como puede trabajando de costurera, metiendo a la hija mayor en las monjas y vendiendo la casa a pedacitos hasta perderla por completo. La madre, Rosa Amelia Moreno del Risco, que deja a Magda una gran herencia: una dignidad insobornable, que la llevarán a 11 años de destierros y exilio y año y medio de cárcel; los cuentos que les lee cada noche y la primera visión del mar envuelta en sus brazos.

Magda trabaja desde los 16 años en lo que va saliendo y asiste como alumna libre a la Universidad Mayor de San Marcos, a escuchar, a aprender, a trabar amistad con otros jóvenes, un tal César Vallejo, o un tal Alcides Spelucin, poeta que morirá en el destierro. Y se ve inmersa en las luchas estudiantiles, en toda la represión que provocan y le alimenta aún más la conciencia social.

Magda escribe poemas y cuentos y alguna cosa le publican. A los 23 años gana los Juegos Florales de la Universidad. Cuando los organizadores abren el sobre firmado con seudónimo y descubren que se trata de una mujer, le dan el premio a Alberto Guillén, que ha quedado segundo, y se inventan un premio mención especial para Magda. El día de la entrega de premios, cuando el presidente Augusto B. Leguía se dispone a hacer la entrega, Magda Portal se da media vuelta y los deja con un palmo narices.

Unida al también poeta Reynaldo Bolaños, más conocido por su seudónimo, Serafín Delmar, Magda pone el feminismo en el centro de la revolución socialista que anhela para Perú, promueve las Universidades Populares, recorre las más recónditas aldeas para leer poesía y hablar de un mundo de iguales, y recibe todo el cariño y respeto de un hombre bueno, Juan Carlos Mariátegui, marxista, fallecido sin haber cumplido los 36 años, que le publicará sus primeros libros de poemas.

Acusados de complot comunista, Magda y Serafín emprenden el camino del exilio y ella se afilia al APRA cuando la formación de Haya de la Torre aún da el pego tirando de antiimperialismo y orgullo nacional. Cuando regresan a Perú en 1930, a Serafín le caen 20 años en prisión por supuestas conspiraciones. Magda será detenida 4 años más tarde y encarcelada durante año y medio. Le abren la puerta de presidio para volver al exilio. Recorre el continente llamando a una revuelta de hombres y mujeres libres.

Volverá a Perú en 1945 como directora del Movimiento Nacional para la Educación de las Mujeres. Y APRA le empieza a oler a chamusquina. En el Congreso de 1948 sus dirigentes consideran que como las mujeres no pueden votar, ni hay prisa para ello, no pueden militar en el partido, que ya les regalarán el carnet de simpatizante. Magda Portal les llama fascistas en la cara, da media vuelta y los manda a paseo.

Magda se centra en la creación literaria y será la representante del Fondo de Cultura Económica de México. Escribe una novela, La trampa, sobre su decepcionante militancia en APRA y las traiciones de los dirigentes a las clases populares. En 1985, siendo presidenta de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas, APRA llega al poder con Alan García y le proponen volver, que ya puede militar si quiere. Les contesta con un poema diáfano: ‘Yo avanzo, no retrocedo’.

Magda Portal, apariencia frágil, luz en los ojos, murió a los 89 años de edad. Sus cenizas, solo hay cenizas allí donde ha habido fuego, fueron aventadas al mar de Barranco, el mismo que vio por primera vez siendo niña envuelta en los brazos de su madre.


para quien mis brazos
se abrieron en cruz
y las arañas del sueño tejieron
la seda infinita de la amnesia

conquistador ilusionado
de mis tribus salvajes de tristeza
donde llevaste la religión de una
alegría nueva como los aeroplanos
sobre las selvas vírgenes
Hoy el traje de nuestras almas
es el arco iris de la sonrisa

miércoles, 10 de julio de 2019

Erich Mühsam



'Ningún hombre puede ser vuestro guía.
Hermanos: La acción os salvará'.

Hoy hace 85 años encuentran a Erich Mühsam ahorcado de una viga de las letrinas del campo de concentración de Orianenburg. El campo de concentración está en pleno centro de la ciudad de Orianenburg. Salías a pasear por el centro y veías a los prisioneros, pero por lo visto los vecinos preferían mirar hacia otro lado. Bueno, volvemos al cuerpo inerte de Mühsam. Suicidio, dicen los informes de los oficiales al mando. Y voy yo y me lo creo.

Erich Mühsam se vino al mundo en Berlín, padre farmacéutico que ordena a su hijo estudiar para seguir la tradición familiar. El joven quiere ser poeta y acaba expulsado por ir a clase con las alas puestas. De vuelta a Berlín, empieza a escribir y publicar, luciendo fina ironía y ansias de vivir plenamente.

En Berlín comparte vida y vivienda con el escritor Johannes Nohl y se mete de lleno en el grupo Nueva Sociedad de los hermanos Julius y Heinrich Hart, empeñados en construir un mundo basado en la fraternidad. Ahí conoce a Gustav Landauer, que se convierte en su hermano mayor. Animado por Landauer pasa una temporada en una comuna de artistas en Ascona, Suiza. En Ascona nace su producción teatral con 'Los estafadores' y su manía por editar revistas para propagar la idea de una sociedad de iguales. Y empieza a pasar por comisaría, claro.

Erich Mühsam se traslada a Munich, en la muy conservadora Baviera, y edita la revista Kain y se convierte en un popular autor de canciones de cabaret. Sigue rezumando humor e ironía para cargar contra los poderosos y las autoridades  y alertar sobre el viento enrarecido que se cierna sobre Europa amenazando temporal.

La Gran Carnicería estalla y, un mal día lo tiene cualquiera, Mühsam, el antimilitarista y enemigo de las consignas nacionales, luce ramalazo patriota y se alinea con el káiser. Hasta que respira un poco, cuenta hasta diez, piensa, y se le pasa el nacionalismo, oponiéndose a la guerra y poniéndose al frente de huelgas contra el asesinato en masa de obreros en el frente. Acaba entre rejas.

Firmado el armisticio, Mühsam es puesto en libertad a tiempo para subirse a un camión y propagar la proclamación del Consejo de Baviera. A Mühsam le ofrecen un ministerio y rehúsa, que está por desarrollar los consejos obreros, mientras Landauer se propone 'la reconstrucción de las almas por la palabra'. Una República con poetas (Mühsam y Ernst Toller) y pacifistas (Landauer) topa con el control del Partido Comunista y la irrupción de los paramilitares Freikorps.

Landauer es arrestado y asesinado a pedradas en la prisión de Stadelheim. Toller es condenado a 5 años. Acabará en el exilio, gastando todas sus fuerzas y dinero en ayudas a los refugiados republicanos españoles. Atrapado en una profunda depresión en un mundo sin escapatoria posible, se suicida en una habitación del Hotel Mayflower de Nueva York en 1939. A Müsham le caen 15 años.

Hasta la amnistía general de 1924, Mühsam aprovecha el encierro para escribir más obras de teatro y poesía. La amnistía también ha beneficiado a un tipo llamado Adolf Hitler que también ha aprovechado su encierro para escribir, pero no precisamente poesía, si no escatología neuronal, que tiene más compradores.

Mühsam edita La Antorcha, clamando unidad de acción contra la derecha y disparando mordacidad contra el ascenso del nazismo, ese virus que se propaga con la condescendencia. Mühsam encabeza las listas con los nombres de los más de 5.000 detenidos en las primeras horas tras el incendio del Reichstag. Su destino, de paliza en paliza, son los campos de concentración de Sonnenburg, Branderburg y Oranienburg.

Erich Mühsam responde a los apaleamientos y torturas con risas y canciones. Le rompen los dientes a culatazos y le imprimen una cruz gamada en el cráneo con un hierro candente, le hacen cavar su propia tumba y simulan su fusilamiento. No pueden con él. Theodor Eicke, recién nombrado organizador y administrados de los campos de concentración alemanes, ordena una última paliza. Los hermanos Ehrath y Konstantin Werner, funcionarios metidos a tropas de asalto, se ensañan y rematan el cuerpo exhausto con una inyección local. Luego lo cuelgan por el cuello en las letrinas. Pero, creo, ni así pueden con él.

'Y si hay que morir, muere, corazón mío;
pero muere sin odio,
corazón grande y puro.
Si vives y puedes luchar, no mueras;
pelea por la libertad;
canta la esperanza, canta el mañana de luz,
canta con las alas abiertas.
Así aletea el corazón en el pecho
y así vela para unirse con mi amor
y ser venganza...'.