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dimecres, 29 de març de 2017

Esteban Muruetagoiena. 1982.


Los vecinos de Oiartzun andan preocupados. Hace dos días y el doctor Esteban Muruetagoiena, muy querido, no aparece por su consulta. Nadie sabe nada y hasta el alcalde toma cartas en el asunto. Tras muchas preguntas y muchas gestiones, tras mucho desdén al otro lado del teléfono, les comunican que Esteban Muruetagoiena ha sido detenido, con nocturnidad y alevosía. Bueno, eso último no lo dicen, pero fue así.

A Esteban Muruetagoiena no es la primera vez que lo detienen. Hace tres años se lo llevan acusado de haber atendido a un militante de ETA herido de bala. Lo absuelven por falta de pruebas.. Y alguien debe jurarse que las pruebas no deben ser obstáculo para la justicia que se imparte en los sótanos de la Audiencia Nacional, antes sótanos del Tribunal de Orden Público. Ya se sabe lo que pasa cuando construyes un hotel sobre un cementerio indio.

Esteban, 38 años, es sacado de su casa la madrugada del 16 de marzo y en aplicación de la Ley Antiterrorista pasará diez días incomunicado, trasladado primero a Donostia i luego a Madrid. No es el único detenido en el operativo. Bixente Ibarguren también está allí y se lleva adheridos al alma los gritos que provocan las torturas. Golpes, descargas eléctricas, asfixia con bolsas de plástico, andar en cuclillas, estrangulamiento de genitales... Esteban sufría poliomielitis y le obligan a caminar descalzo.

Cuando el 25 de marzo Esteban Muruetagoiena es puesto en libertad, sale a la luz del sol con la mirada perdida y la voluntad quebrada. Cuando vuelve a casa, su madre se estremece al mirarles al fondo de los ojos. Dos días después, el 28 de marzo, hoy hace 35 años, Esteban Muruetagoiena muere.

La indignación se adueña de Oiartzun, se denuncia un asesinato por torturas y se exigen responsabilidades. El gobernador civil llama de urgencia al doctor Faustino Alfageme, médico de cabecera que hace de forense en su casa para sacarse un sobresueldo. Que si le puede apañar una autopsia. Claro que puede.

La autopsia de Alfageme dictamina infarto de miocardio. Y santas pascuas. Esa será la nota oficial, la nota que reproducen sin más preguntas la mayoría de diarios nacionales. El abogado Txema Montero no se conforma con esa infamia y consigue la intervención de Amnistía Internacional y Anti Torture Research.

Los enviados internacionales alucinan pepinillos con Faustino Alfageme, que opera con un equipo forense digno de los ladrones de cadáveres de la época victoriana. El diagnóstico de infarto de miocardio requiere abrir el corazón y hacer un examen anatomopatológico. No lo ha hecho, claro, y su explicación es antológica, 'Yo me dije, ¿corto o no corto? Yo creo que se trata de la muerte de un compañero y lo más adecuado, como cristiano que soy, es no andar haciendo más cosas. Yo lo que quiero es que el corazón de este compañero suba cuanto antes al cielo'.

El tal Alfageme tampoco se ha molestado en tomar en consideración las manchas y hematomas en la piel y la hemorragia en el oído, uno de los signos característico de la fractura de base craneal. El informe internacional se presenta en rueda de prensa en París. El gobierno español seguirá en sus trece, impasible el ademán, inasequible al desaliento.

Al menos aquello sirvió para que en pocos años los forenses de carrera solicitaran la exclusión de los intrusos sin especialización y que se centralizaran en las capitales vascas los servicios de medicina legal. Entre 1960 y 2010 10.000 ciudadanos y ciudadanas vascas han denunciado torturas y malos tratos durante el período de incomunicación.

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