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divendres, 31 de març de 2017

Juan Miguel de Mora. 1921 - 2017


'La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida'.

Se nos ha muerto Juan Miguel de Mora, en México. Había nacido hace 95 años en Madrid de padre mexicano y madre española. Creció en México y sus padres lo enviaron a Francia a estudiar en francés. Estaba en París cuando los fascistas dieron su golpe de Estado en España y para acá se vino a defender la democracia. Se apuntó a las Juventudes Socialistas Unificadas y luego fue a alistarse al Ejército republicano. Le preguntaron la edad. Tenía 14 años. Le dicen que no, claro, que se vuelva con su madre.

Se vuelve con las JSU y lo ponen a escribir, de periodista, que se la da fenomenal. Trabaja en el diario de la Alianza Juvenil Antifascista. En 1938, a punto de cumplir los 17 años, viendo que la guerra está perdida, decide alistarse en las Brigadas Internacionales. Con la XV Brigada Internacional participa en la batalla del Ebro, en los combates de la Cota 666, una carnicería.

Un día se topa, literalmente, con dos soldados moros. Cae al suelo de topetón pero es más rápido y dispara primero. Mata a los dos. No hay nada épico en ello, sólo el miedo más atroz. El miedo que vivirá bajo las bombas o en la lucha cuerpo a cuerpo, cuando hunden una bayoneta en su cuerpo y cae inconsciente.

Despierta en un hospital en Falset y de ahí a Barcelona. Mientras se recupera llega la noticia del adiós de las Brigadas Internacionales. A él le dan el alta para que vuelva a México. Se niega y vuelve al frente, o lo que queda de él. En todo caso acaba al frente de una unidad que cierra la retirada para proteger a los civiles que van huyendo hacia la frontera francesa. Francia le premia por esa labor salvando vidas arrojándolo al campo de concentración de Saint Cyprien.

Juan Miguel de Mora no tardaría mucho en escapar del campo de concentración gracias al apoyo de algunos compañeros en el exterior, que se hicieron pasar por gendarmes que se lo llevaban detenido para interrogarlo. Cuando pudo se subió a un barco rumbo a su México.

En México trabaja de periodista, acaba siendo fundador del semanario La Voz de la Chontalpa y director del Diario de Tabasco, y se convierte en una figura intelectual muy respetada. Escribe novela, teatro y ensayo y dirige teatro, cine y televisión, además de acumular una sólida trayectoria académica, doctorándose en Hispánicas con una tesis sobre Lope de Vega. Es especialista en sánscrito, historia de China y literatura vietnamita.

Miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York, fue el primer corresponsal en lengua española en cubrir la guerra de Vietnam y siempre ha defendido la democracia y la libertad. Es por lo que se vino a España aquel julio del 36. Volvió a hacerlo en 1964, para colaborar con la oposición clandestina al franquismo. Siempre se escuchó su voz para denunciar la represión en México.

Entre sus textos sobre la experiencia en España ahí están Cota 666. Mi batalla del Ebro y La libertad, Sancho: testimonio de un soldado de las Brigadas Internacionales.

Escribió una vez Juan Miguel de Mora: 'Alberti cuenta que el 8 de noviembre de 1936, cuando la primera unidad de voluntarios extranjeros llegó a Madrid y dormían en el césped de un jardín público, un muchacho muy joven le preguntó si aquella ciudad, en la que estaban, era bonita. Porque probablemente moriría al día siguiente y quería saber en qué ciudad estaba.

Ese día Madrid estaba solo frente al mundo, como la única oportunidad de frenar a Hitler que desde el 18 de julio envió a Franco trimotores Junkers para pasar a los mercenarios marroquíes a España y siguió usando a Franco para medir hasta dónde llegarían Chamberlain y Daladier. Después los aviones, los tanques, la Legión Cóndor.

Al brigadista que quería saber cómo era aquella ciudad por la que probablemente moriría, se le pudo haber respondido que, en aquel preciso momento de la historia, Madrid era la ciudad más hermosa del mundo'. Y sí, llevamos un hermoso mundo en nuestra memoria.


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