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dijous, 30 de març de 2017

Ramon Cambra Turias. 1917.


Esta semana se cumplía el centenario del nacimiento de Ramon Cambra Turias, un tipo enamorado de la vida y con el que la vida, esta vez sí, tuvo algún detalle. Nacido en Barcelona, a los 14 años se hizo libertario, poeta, vegetariano y antimilitarista. Vecino de Durruti y Luis Andrés Edo, trabaja de aprendiz en una imprenta y se afilia a la CNT.

A los 19 años entendió que a veces es necesario defender la vida con las armas, y lo hizo, con un fusil en las manos y un poema en los labios, desde una barricada en la plaza del Pes de la Palla, en julio del 36. Luego se fue con la Columna Ortiz al frente de Aragón, a parar tanques, esos ataúdes metálicos que te vienen a recoger a domicilio. Se trataba de acercarte a rastras hasta la máquina y pincharle las cadenas. Se acercó tanto que las cadenas le pasaron por encima y lo mandaron al hospital.

Se recuperó a tiempo para integrarse en la Columna Roja y Negra y perder la guerra. En Francia lo detuvieron en Arles y lo mandaron a pringar en una mina de carbón. Se dedicó a sabotear las cifras contables. Igual eso le sabía a poco y se escapó para formar parte de la Resistencia y dedicarse a sabotear puentes, facilitando el despliegue de las tropas británicas en Dieppe.

El grupo de Cambra, cincuenta compañeros de diversas procedencias, fueron traicionados por el radio operador y cayeron en una emboscada. Murieron todos excepto Ramon. Otro detalle de la vida, que lo mandó a sufrir torturas en campos de concentración del sur francés.

Un día un oficial de las SS le llama por su nombre y se lo lleva del campo. Parece llegada su última hora. Y la vida tiene con él otro detallazo. El oficial resulta ser un miembro de la Resistencia que ha venido a sacarlo de allí. Ramon Cambra vuelve a pasar la frontera, esta vez destino a Catalunya. Se instala en casa de la familia de Maria Serra Guillén, a la que conoció en 1933 y que será su compañera por los restos.

Ramon Cambra empieza a circular con nombre falso y se casa con Maria el año 1945, a los pocos días de finalizar la II Guerra Mundial. Trabaja de estibador, fotógrafo, lo que vaya saliendo, y ya de paso forma parte de la clandestina Agrupación de Fuerzas Armadas Españolas, algo así como en Ejército Republicano Secreto.

Ramon y Maria tendrán una hija, Montserrat, y para que la niña pueda llevar el verdadero apellido del padre, Ramon visita a un obispo para que le arregle los papeles sin que trascienda demasiado. El obispo acepta encantado. No lo hace por caridad cristiana, lo hace porque Ramon tiene pruebas evidentes de las relaciones sexuales que el pollo mitrado mantiene con algunas parroquianas.

Ramon, Maria y Montserrat, ya con los papeles en regla, se trasladan primero a Castres y luego a Hamburgo. Allí se instalan. Trabaja en correos, conduciendo un transporte nocturno, una manera de espantar las pesadillas que le provocan el recuerdo de sus muchos compañeros en el frente. Una noche sufre un aparatoso accidente y una vez más la vida le tiende la mano.

En 1970 entró en el Partido Socialdemócrata alemán con la idea de crear un grupo a la izquierda. No le dejan. La maquinaria de los partidos son como un tanque que aplasta todo lo que encuentra a su paso y le pasa por encima. No se rinde, y sin dejar su contacto con la CNT, publica artículos en Solidaridad Obrera y Tinta Negra, participa activamente en la reconstrucción de la Unión Libre de los Trabajadores Alemanes  de Hamburgo.

Ramón Cambra llevará una vida, junto a Maria, discreta y humilde, rodeado de animales, y al cumplir los 90 años renueva su carné de conducir, una de sus grandes pasiones, en un pacto de amor a la vida que tres años más tarde se despide de él dándole un tierno beso en la frente.

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