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dijous, 20 d’abril de 2017

Georgi Getchev. 1897.


Hoy hace 120 años nacía Georgi Getchev, un tipo fiel a sus principios, unos principios sencillos, no callar ante la injusticia, que no estaba dispuesto a cambiar por otros. Frente a esos principios ciertos músculos del Estado oponen otros igual de simples, hacerte callar la boca, ya sea con un culatazo en los dientes o bien cerrándote los periódicos. O las dos cosas a la vez.

Georgi Getchev nació en Haskovo, activa ciudad búlgara con el punto de vista comercial puesto en oriente próximo. A Getchev le ponía más la poesía que el comercio, y se hizo anarquista. Cursó estudios superiores en la Academia de Bellas Artes de Sofía y al cumplir los 17 años publicó su primer libro de poemas.

Muy activo en círculos literarios y libertarios en su ciudad, cuando Bulgaria se mete de cabeza en la I Guerra Mundial a ver si sacan algún beneficio, Getchev se mete de cabeza en grupos antimilitaristas y se declara insumiso, que es como declarar otra guerra más justa.

Perseguido por sus ideas, se puso a redactarlas al frente de las publicaciones El Despertar y Anarquista, además de colaborar en Sociedad Libre, órgano de la Federación Anarquista Comunista Búlgara. Tras el golpe de Estado de 1923, perpetrado por la fascista Unión Nacional de Alejandro Tsankov, fue condenado a muerte por enfrentarse a las nuevas autoridades, que en los siguientes tres años se llevaron por delante a más de 20 mil opositores.

Getchev se refugiaría en Francia y no volvería a su país hasta la amnistía de 1928, creando la revista literaria semanal Pensamiento y Voluntad, todo un referente cultural en los ambientes más progresistas y puerta de entrada de los grandes clásicos de la literatura francesa y rusa que tanto ama Getchev. Las autoridades siguen si cogerle cariño y en 1935 le cierran la revista tras el golpe de Estado promovido por el grupo Zveno, próximo a militares de extrema derecha poco creyentes en las bondades de la democracia.

Georgi Getchev sobrevivió al fascismo y la II Guerra Mundial escribiendo poesía y cuentos infantiles para darse de bruces con la toma del poder por el Partido Comunista. Tampoco se calla cuando algo no le gusta y reclama un arte libre. Lo meten en el campo de concentración de Béléne, en medio del Danubio, junto a 600 anarquistas más.

Las presiones de la Unión de Escritores conseguirán su libertad y las presiones del Estado conseguirán atosigarlo con más detenciones e interrogatorios hasta su muerte, un poco harto ya, en 1965, fiel a la poesía de sus principios.

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