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dimecres, 24 de maig de 2017

Félix Martí Ibáñez. 1972.


'Al igual que una moneda logra todo su valor cuando se gasta, la vida logra su valor supremo cuando uno sabe cómo abandonarla con elegancia cuando llega el momento. Hay una cosa inestimable que me llevo de mi viaje alrededor del mundo, una que no se paga con dinero y por la que no pagué derechos de aduana: la humildad'.

Hoy hace 45 años un inesperado infarto se llevaba por delante a Félix Martí Ibáñez. Moría en Manhattan, pero podría haber muerto en cualquier parte del mundo que había recorrido. Bueno, en cualquier parte menos en España, a la que había jurado no volver mientras viviera el general Franco. The New York Times se refería a él en su obituario como a un gran humanista laico. Un gran humanista, eso ya no se decía, que fue médico en la Columna Durruti y tuvo responsabilidades de gobierno, como representante de la CNT, en la II República.

Hijo del pedagogo Félix Martí y la pianista Josefina Ibáñez, sobrino de Vicente Blasco Ibáñez, había nacido en Cartagena y se vino a estudiar el bachillerato a Barcelona. Creció entre libros y el gusto por la cultura. En Barcelona se licenció en Medicina y un año después se doctoró en Madrid  con la tesis 'Ensayo sobre la historia de la psicología y fisiología místicas de la India'. Nunca se conformó con los conocimientos de la medicina occidental, siempre iba más allá, en pos de todo conocimiento por el placer de adquirirlo y difundirlo.

Militante de las Juventudes Libertarias y afiliado a la CNT, ejercía la psiquiatría en su consultorio del barrio de Gracia, defensor de la eugenesia, el higienismo, la liberación sexual...mientras escribía sobre ciencia y medicina en medios anarquistas, rechazando la visión asistencialista de la sanidad para convertirla en instrumento de transformación social, fundamental para una sociedad sana y democrática. Conferenciante ameno y profundo creó clubes de conversación y predicó la paz allá donde pedían escucharle, que era en muchos sitios.

Miembro de la Asociación de Idealistas Prácticos, fue uno de los más activos impulsores de la Organización Sanitaria Obrera, una mutualidad que admitía afiliados como el resto de mutuas comerciales sin abandonar la asistencia gratuita a los obreros enfermos sin recursos. Las cuotas exigidas a los afiliados eran las más bajas del mercado y los ingresos para mantenerla en pie provenía de aportaciones voluntarias y de festivales organizados con este fin.  La Organización Sanitaria Obrera estableció convenios con farmacias y clínicas y amplió el número de especialidades, teniendo presencia en 12 barrios de Barcelona y 42 municipios catalanes.

Tras el golpe de Estado fascista y tras haber actuado como médico en las barricadas que detuvieron a los sublevados en Barcelona, Félix Martí, que tiene 25 años, será nombrado sucesivamente director general de Salud Pública y Servicios Sociales de la Generalitat, subsecretario de Sanidad de la República y director de Educación Sanitaria de Guerra en Catalunya. Aún le dio tiempo a poner en marcha la Federación Estudiantil de Conciencias Libres.

Desde sus responsabilidades en el gobierno reorganizó los servicios sanitarios para estructurar un nuevo sistema de medicina social y preventiva; promovió medidas para luchar contra la lepra, tuberculosis, rabia, paludismo y venéreas; creó centros de educación sexual para la juventud; un servicio de incineración de cadáveres; reorganizó el cuerpo de enfermeros psiquiátricos; se puso al servicio de Mujeres Libres en la creación de los liberatorios de prostitución y fue autor de la primera ley sobre interrupción voluntaria del embarazo.

Marchó como médico al frente del Ebro y fue herido en la cabeza, aprovechando buena parte de su convalecencia para participar en actos internacionales contra la guerra y el fascismo. A su vuelta se reincorporó como comandante del Cuerpo de Sanidad de Aviación Militar. A la guerra le quedaban cuatro días y la muerte estaba echada. Fue uno de los miles que cruzaron la frontera a pie.

En julio de 1939, Henry E. Sigerist, defensor de la medicina social y director del Instituto de Historia de la Ciencia en la Universidad Johns Hopkins, conocedor del inabarcable talento de Martí Sánchez, consigue evacuarlo de Europa destino a Estados Unidos.

Sin dejar de colaborar con la prensa libertaria en el exilio, Félix Martí Sánchez se convierte en una eminencia mundial en historia de la medicina que se rifan todos los congresos y universidades a lo ancho del globo. Nombrado profesor y Director del Departamento de Historia de la Medicina del Colegio Médico de Nueva York, en 1950 fundó la editorial MD Publications Inc., de donde saldría, seis años más tarde, la revista Medical Doctor News Magazine, MD, aún hoy un referente no igualado de publicación dirigida a la profesión médica abierta a todos los ámbitos de la cultura que servía a Martí Sánchez para seguir escribiendo con pasión de aquellas cosas hermosas que nos acompañan y sobreviven. Mientras, en España, teníamos a Antonio Vállejo-Nájera y al marqués de Villaverde. Se hace difícil sobrevivir a eso.

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