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dilluns, 28 d’agost de 2017

Alfons Vila i Franquesa. 1967.



Hoy hace 50 años moría en su exilio mexicano Alfons Vila i Franquesa, después de haber andado mucho con varios nombres desde que saliera de su Sant Martí de Maldà leridano natal. El padre de Alfons se dedicaba a la construcción y reparación de carros y carruajes, oficio que no atraía en absoluto al pequeño Alfons, más amigo de lápices y pinceles. Cuando quedó huérfano de madre a los doce años, se largó andando a Terrassa, a unos 120 quilómetros.

En Terrassa intentó ganarse la vida dibujando por los cafés sin demasiado éxito. Probó en Barcelona con igual fortuna, escasa. Harto de comer las sobras que le daban por la puerta de atrás de los cuarteles decidió pirarse a París. Como no le llegaba para billete alguno, se fue andando. Casi llega a la pata si no se hubiera colado en algún tren.

Los cafés de París tampoco daban para mucho, pero le permitieron trabar una gran amistad con un tal Humbert, chaval de su edad, anarquista, que va publicando cosas en revistas como Shumblerium. Son inseparables desde la pura fraternidad de sus 20 años. Cuando a Humbert lo detiene la policía francesa por desertor y desaparece para siempre en la oscuridad de unos calabozos, Alfons Vila decide regresar a Barcelona y rendir homenaje a su compañero firmando sus creaciones como Shum.

Shum forma parte de los grupos de acción libertarios que se enfrentan a los pistoleros de la patronal y es conocido entre sus amigos como El Poeta. Mientras un grupo de sus amigos prepara una acción poética contra el cafre Severiano Martínez Anido, Shum corre a avisarles a su piso de la calle Toledo sobre la inminente llegada de la policía, que está sobre aviso. Es abrir la puerta y producirse una explosión que hunde buena parte del edificio dejando cinco muertos.

Shum, que en esos años pasa por Joan Baptista Acher, es ingresado en el hospital gravemente herido y con las manos rotas. Le dedican todo tipo de atenciones para salvar su vida, le necesitan vivo para colgarle todos los muertos que puedan en cuenta y llevarlo en condiciones al garrote vil. Condenado a muerte lo encierran en el penal de El Dueso.

En El Dueso comparte celda con José Donday 'Pildorita', que hiciera de taxista en el muy chapucero asalto al Expreso de Andalucía que acabó en dos asesinatos y tres ejecuciones. Shum le ilustra la traducción que ha hecho de El fantasma de Canterville de Oscar Wilde y manda dibujos que publica L’Esquella de la Torratxa. Concha Espina encabeza una campaña pidiendo el indulto para Shum, campaña a la que se va sumando gente tan diversa como Valle Inclán, los hermanos Álvarez Quintero, Jacinto Benavente, Henri Barbusse, Emma Goldman, Santiago Ramón y Cajal o Ramón Acín. Al final le cambian la ejecución por una perpetua.

El Poeta de las Manos Rotas sale en libertad tras la proclamación de la II República y de nuevo en Barcelona, donde funda el grupo Els Sis junto a Helios Gómez, no cesa de dibujar poesía en publicaciones como La Humanitat, Papitu y La Campana de Gràcia y monta una exposición en la Sala Parès. Y decide unirse para los restos con Montserrat Ventós, que ya se venía con dos hijos de siete y tres años de una relación anterior, Antoni Prats Ventós (futuro pintor, escultor, dibujante y ceramista y Premio Nacional de Bellas Artes) y Ramon Prats Ventós (futuro pintor y dibujante).

Vocal de la Junta de Museos de Barcelona y miembro destacado del Sindicato Profesional de Dibujantes, Shum se alistó voluntario en defensa de la II República tras el golpe de Estado fascista y anduvo por el frente de Tardienta.

A Shum le tocó de nuevo cruzar la frontera, esta vez con toda la familia, y peregrinar por Francia de sur a norte. En París empieza a prepararse un libro con originales suyos, pero cuando las planchas van a entrar en imprenta los alemanes entran por los Campos Elíseos y Shum y compañía deben embarcar a toda prisa con destino a República Dominicana, propiedad de Trujillo.

En Santo Domingo la casa de Shum, que vive con lo puesto, es una especie de centro de acogida de exiliados españoles, siempre repleta de gente que comparte su pobreza. Incomodado por la policía de Trujillo, Shum se traslada al interior, a La Vega, sobreviviendo a base de yuca y arroz, volviendo a la capital un año después con todo lo que ha pintado. Consigue vender buena parte de su obra en varias exposiciones hasta poder pagar pasaje familiar rumbo a Cuba, en esos tiempos casino yanqui gestionado por Fulgencio Batista, más interesado en los dividendos de la ruleta que de las actividades de aquellos republicanos españoles que van llegando.

Shum consiguió publicar por fin el libro que quedó pendiente en París, editado con mucho amor por Manuel Altolaguirre, y vende bien sus dibujos en El Día Gráfico, Minerva y Lux, exponiendo en el Casal Català de Cuba. Es tal el éxito de Shum que Batista quiere sacarse fotos con él. Shum y familia vuelven a hacer las maletas para irse a Estados Unidos y no salir en la foto.

En Estados Unidos, Shum haría carteles de cine para la Metro Goldwyn Mayer, trabajaría en publicidad en Nueva York y cosechó elogiosas críticas por sus exposiciones. Su gran éxito son las ilustraciones de Por esas Españas. Cuentos tragicómicos, libro destinado a la enseñanza del español en los centros educativos estadounidenses.

Shum no quería acabar sus días y fue al sur, a México, a instalarse como un cónsul más en Cuernavaca. Allí siguió pintando y dibujando pese al dolor de la arteriosclerosis en aquellas manos mutiladas por una explosión en la Barcelona de los años veinte. Unos dedos doloridos que seguían procurando placer a tanta gente.

El 28 de agosto de 1967, Alfons Vila i Franquesa, también Joan Baptista Acher, también Shum en homenaje a un compañero que le hablaba de ser libres en cada decisión que tomamos, se echó a dormir la siesta en una tumbona. Y allí se quedó, hecho sueños que vivían en lápices y pinceles. 

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