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dilluns, 18 de setembre de 2017

Juan José Bernete Aguayo. 1937.


A nadie le hizo daño, a nadie le quitó ná,
pues sólo quería un caballo pa correr en libertad.
Pedro Garfias.

Juan José Bernete Aguayo nació rodeado de hermanos en el cortijo de Bramadero, Córdoba, dominio del cacique Martínez Lora. No había ni tiempo ni dinero para la escuela, así que aprendió a leer con los periódicos que pasaban por sus manos. Pasar las hojas de los periódicos era como abrir ventanas al mundo. También aprendió a montar a caballo y a tirar con escopeta. Era un consumado jinete y tirador preciso.

A los 14 años ya se le habían muerto la madre y dos hermanos pequeños. A los 20 años podría haber tirado sobre el cacique dedicado al cultivo de hambre y miseria, pero prefirió tirar al monte con un compañero. Duraron poco, la Guardia Civil lo metió en un reformatorio de Alcalá de Henares. Allí se pasó tres años sin poder montar a caballo. Empezó a cabalgar sobre las ideas libertarias que le pasaban entra abrazos y textos otros compañeros de encierro.

La amnistía del Frente Popular lo pone en la calle y vuelve a su tierra para hacerla de todos. Afiliado a la CNT se parte el lomo y recorre los campos hablando de unidad y solidaridad, de un todos a una que prescinda de comendadores.

El golpe de Estado fascista lo encuentra segando en Marinaleda. Al galope se presenta en su pueblo para defender la II República y al galope se le suman compañeros hasta formar una improvisada caballería, la caballería de Juan José Bernete Aguayo, el capitán Chimeno. Al galope se enfrentan a los fascistas y echan abajo las puertas del cuartel de Fuente Palmera. Cuando algunos pretenden sacarse años de humillaciones de encima levantando un paredón, el capitán Chimeno se pone delante, que allí no se fusila a nadie porque se trata de levantar un mundo nuevo.

La caballería de Chimeno pasó por Almodóvar, Guadalcázar, Peñaflor...defendiendo a la población civil y hostigando a los fascistas. Juan José Bernete carga en primera línea y no pica espuelas en retirada hasta que lo sobrepasa el último de sus hombres, que adoran a ese joven de 24 años capaz de aglutinar a anarquistas, comunistas, socialistas y republicanos moderados a los que relata historias y recita poesías entre refriega y refriega. Desde Sevilla, Queipo de Llano lo pone el primero de su lista negra.

Los tiempos de ponen malos con el avance de los sublevados y el capitán Chimeno encabeza un peregrinaje para poner a salvo a cientos de civiles en zona republicana. Él les guía y su puntería permite cazar alimento. Posadas, Fuencaliente, Villanueva, Villafranca...en Villafranca conoce a Dolores Ortiz, apenas 16 años, y se enamoran, y firman una declaración de principios uniendo sus cuerpos, clavos de luna nos funden mi cintura y tus caderas...

El capitán Chimeno acaba incorporándose en el batallón Garcés, comunista, de la 73 Brigada Mixta. En una práctica bastante habitual en el ejército regular republicano, un fulano que no corre riesgos manda carga suicida contra nido de ametralladoras en una colina, en cerro Mulva, Fuente Obejuna. Por si la cosa no fuera bastante peliaguda, el tanque que debe cubrir el avance del capitán Chimeno hace una extraña maniobra y lo deja al descubierto. Una ráfaga le rompe la camisa y le abre el pecho. Murieron varios hombres que sin recibir orden alguna acudieron a rescatar su cuerpo. En un bolsillo llevaba un gorrito rosa para la hija que nacería tres meses después.

Juan José Bernete Aguayo, capitán Chimeno, fue enterrado con todos los honores en Villanueva de Córdoba. Luego los fascistas lo desenterraron para arrojarlo a una fosa común, patria de tantos.

dimecres, 13 de setembre de 2017

Emilio Herrera Linares. 1967.


Hoy se cumplen los 50 años de la muerte de Emilio Herrera Linares, granadino, hijo de padre militar y madre aficionada a la pintura. Católico practicante y monárquico, íntimo de Alfonso XIII. Presidente del Gobierno republicano español en el exilio. Ahora les cuento.

Emilio Herrera empieza estudios de arquitectura, pero su pasión es la aeronáutica y se matricula en la Academia de Ingenieros de Guadalajara para graduarse como teniente con destino a la Escuela Práctica de Aerostación. Le chifla montar el globo y espolvorearse los bigotes con las nubes. Piloto de avión, globo y dirigible, será el primer español, junto al piloto y fotógrafo José Ortiz Echagüe, en cruzar a nado aéreo el estrecho de Gibraltar y creará la primera escuela de pilotos de hidroaviones.

Herrera tiene vocación científica y la aplica con denuedo a la aeronáutica. Acumula prestigio y lo invitan a cruzar el Atlántico como segundo comandante del Graf Zeppelin LZ 127. Le dará tiempo a ayudar a Juan de la Cierva en la construcción del autogiro, diseñar el Laboratorio Aerodinámico de Cuatro Vientos, integrarse en la Asociación de Militares Esperantistas, formar a los futuros ingenieros aeronáuticos españoles como primer director de la Escuela Superior de Aerotecnia y entablar amistad con Albert Einstein tras su visita a España, carteándose ecuaciones durante años.

La proclamación de la II República lo pilla al lado de Alfonso XIII. Decide seguir prestando servicio a su país y al nuevo Gobierno, que le nombra representante en la Conferencia de Desarme de la Sociedad de Naciones, mientras en sus ratos libres patenta una regla de cálculo para la resolución de problemas aerodinámicos, un sistema de doble proyección geográfica  y un flexicalculador para resolver funciones matemáticas e integrales elípticas. Y ya de paso empieza a proponer la posibilidad, y hacerla factible, de un viaje a la luna. El niño que fuera voraz lector de Julio Verne hablaba muy en serio.

Emilio Herrera inventa la escafandra estratonáutica, un modelo de uniforme y escafandra que años después servirá a la NASA para diseñar sus trajes de astronauta. Es un traje espacial con micrófono, sistema de respiración antivapor, visera compuesta por tres cristales que filtraban los rayos ultravioletas, sistema para filtrar el dióxido de carbono, termómetros y barómetros interiores y exteriores y articulaciones y herramientas para medir y recoger muestras. También diseña un globo capaz de ascender a los 26.000 metros de altitud y asomarse al balcón.

Emilio Herrera, miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, va a presentar su maravilloso proyecto aprovechando un curso de veranos que imparte en la Universidad de Santander. Escoge un mal día, el 18 de julio de 1936. Su amigo de correrías aéreas, el general Kindelán, le exige adhesión al Alzamiento. Herrera le contesta que debe lealtad al Gobierno legítimo de la República.

Herrera es responsable de las escuelas de aviación de la fuerza aérea republicana. Su hijo Emilio, 19 años, muere en combate pilotando un Polikarpov I-15. El final de la guerra le fue notificado durante una gira oficial que realizaba por América del Sur. Hay cierta tendencia en España a pagar el conocimiento con el exilio. Emilio Herrera se instaló en Francia con su mujer, de familia muy bien conectada con el Régimen y que se quedó a su lado, y con su hijo José, poeta y comunista, compañero de palabras de Miguel Hernández.

Emilio Herrera sobrevive con lo justo, con lo que va sacando de los artículos científicos que le van publicando y con lo que generan sus patentes. No le faltan suculentas ofertas. Su conocido de cuando surcaban el mar de arriba en dirigible, el general Wilhelm von Faupel le ofrece un cheque en blanco gentileza de Hitler para ponerse al servicio del III Reich en el Laboratorio de Vibraciones de Berlín. Emilio, educado, declina aceptar. No le gusta Hitler ni lo que propone el III Reich. Frente a los que imaginan cohetes que destruyen ciudades siempre quedan los que imaginan cohetes que descubren mundos.

Acabada la II Guerra Mundial asesora al Gobierno francés en temas de aeronáutica y astronáutica y es condecorado por la Academia de Ciencias de Francia. La UNESCO le nombra consultor para el uso pacífico de la física nuclear. Dimite del cargo el día que la ONU le abre las puertas a Franco.

Emilio Herrera Linares fue presidente del Gobierno republicano español en el exilio entre 1960 y 1962. En 1967, utilizando todos los contactos a su alcance fuera y dentro de España intenta proponer la celebración de un referéndum para que los españoles pueden elegir entre monarquía y república, y a partir de ahí trabajar en la reconciliación. Murió el 13 de septiembre de 1967, hoy hace 50 años, un desconocido en su país, al que había jurado la lealtad que le costó el olvido durante muchos años.

En 1993 sus restos de trasladaron a su Granada natal en un acto con un comité de honor presidido por Juan Carlos I, que le debe tener tanto apego a la ciencia como a los referéndums. Emilio Herrera había recibido otro homenaje tras su muerte seguramente más de su agrado. En 1969, Neil Armstrong, tras pasear por la luna, se baja a la Tierra y corre a abrazarse con un señor que trabaja en la NASA y atiende por Manuel Casajust Rodríguez, que había sido colaborador de Herrera. Un Armstrong emocionado le da las gracias por haber trabajado con el hombre que inventó el traje de astronauta. Y le regala unas piedras que se ha traído de allá arriba, hechas de la arcilla de la que están hechos los sueños.

(PD. La roca lunar fue donada al Museo del Aire de Cuatro Vientos y desapareció en 2004. País de chorizos).




dijous, 7 de setembre de 2017

Francesc Ballester Orovitg. 1957.



A Francesc Ballester Orovitg El Explorador lo pusieron a trabajar de carpintero muy joven y el se puso a estudiar esperanto. El golpe de Estado fascista lo pilla con 15 años militando en las Juventudes Libertarias de L'Hospitalet y la guerra lo manda al frente de Aragón en la 143 Brigada Mixta. Acaba preso en Tortosa.

Francesc Ballester consiguió escapar y pasar a Francia. No tenía intención de huir del fascismo, así que se enroló en el maquis y volvió al combate en Barcelona militando en el Movimiento Libertario de Resistencia al lado de buena gente como Celedonio García y Josep Lluís Facerías. Con Celedonio participó en el Pleno Nacional clandestino de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias celebrado en el sótano de un bar de la calle Valverde y con Facerías en algunas expropiaciones bancarias.

En 1947, Ballester participa en la redacción, impresión y difusión de octavillas contra la Ley de Sucesión, esa que a primera hora de la tarde de hoy pervive en Felipe VI. Parece poca cosa. No lo era. También intentará, con Facerías, eliminar a la mala bestia del comisario Eduardo Quintela. La acción fracasa por pura pobreza. Literalmente. Cuando van a llenar el depósito de la camioneta que se han agenciado para salir al paso de Quintela se encuentran con todas las gasolineras de Barcelona cerradas por falta de suministros.

La represión no da respiro y el grupo pasa a Francia para tomarse uno. Vuelven a la carga en noviembre de 1947. No lo tienen fácil. Primero los detiene la gendarmería en Latour-de-Carol y se pasan dos semanas en el calabozo. Cuando salen y se reúnen en el Mas Tartas, base de grupos libertarios en plena montaña a pocos pasos de la frontera, les explota una granada mientras revisan el material y Ballester tiene que ser hospitalizado por una fea herida en la rodilla. Peor parte lleva Mariano Puzo Cabero, que pierde mano izquierda y pulgar derecho.

En 1948 el Movimiento Libertario de Resistencia acaba disolviéndose mientras sus miembros van cayendo uno a uno. Ballester es detenido en mayo y encarcelado en La Modelo. Pasará un año ahí dentro, aprovechando para organizar la ayuda a los presos coordinado con Quico Sabaté hasta su libertad provisional. El nombre ya lo dice, provisional, más aún cuando formas parte del grupo de los hermanos Sabaté y te dedicas a buscar abogados dispuestos a defender a los presos anarquistas.

Fue detenido de nuevo en 1949 y sometido a tortura en los sótanos de Vía Layetana. Le cayeron seis años de los que cumpliría tres, suficiente hospitalidad para largarse a Francia y no volver más.

En Alès, en el Gard, volvió a la carpintería y el esperanto, tallando madera y escribiendo en numerosas publicaciones, militando en la CNT y llevando una vida sencilla de gestos amables con sus vecinos. El hombre que sobrevivió al frente de Aragón, las cárceles y comisarías del franquismo, las encerronas policiales y los interrogatorios, la lucha de la guerrilla libertaria, moriría hoy hace 60 años en el descarrilamiento del tres París - Nîmes. Murió como había vivido, de pie, porque minutos antes había cedido su asiento a una mujer, que salvó la vida en el accidente, en un último gesto que hablaba de él.

dilluns, 4 de setembre de 2017

Restituto Cabrera Flores. 1967.


Metro noventa de estatura, piel aceituna, inteligente, hombre que hablaba lo justo para dejar al margen las tonterías. Restituto Cabrera Flores lo tenía todo para mirar a su alrededor con displicencia y dedicarse a vivir cómodamente y sin sobresaltos. Pero pasa que cuando miraba a su alrededor le incomodaba la injusticia y le daba por querer a los que sufrían.

Restituto Cabrera Flores, el Negro Cabrera, había nacido en El Callao, Perú, y quería ser médico, como también lo serían su hermanos Carlos y su hermana Manuela. Era un estudiante brillante, pero su condición de cholo y sus ideas izquierdistas le cerraron la universidad en Lima y marchó a Buenos Aires, un camino que también seguirían su hermano y su hermana.

Matriculado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, asiduo del bar Los Estudiantes, meollo de las inquietudes políticas de toda una generación, se pagó los estudios trabajando lo mismo de estibador en el puerto como de asistente de luchadores de pressing catch en el Luna Park.

Era un tipo amable, atento y muy querido que hizo las prácticas en el Hospital Rawson. Allí atendió a los heridos del bombardeo de plaza de Mayo de 1955 y allí se desempeñó tras licenciarse. Cabrera Flores curaba a la gente, pero era el mundo el que estaba enfermo y también quiso dedicarle desvelos.

Igual por eso aceptó irse, recién casado, a Taco Pozo, provincia del Chaco, en el Norte Grande Argentino, a sueldo de una compañía maderera que quería sanos el máximo tiempo posible a sus obreros sometidos al trabajo a destajo. El Negro Cabrera se dedicó a sanar cuerpos y espíritus, ejerciendo también de maestro que enseñaba a leer y escribir y ayudándoles a organizarse para reivindicar sus derechos. Los reivindicaron y al Negro Cabrera los patronos lo despidieron. Siguió en el Chaco, en Tres Isletas, creando una cooperativa con otros dos médicos. Los patronos no les dejaron en paz y Cabrera hizo las maletas. Le esperaba una Revolución cubana en marcha.

El Negro Cabrera se va con su esposa y su hija de meses a prestar sus servicios como médico para echar adelante la Revolución, trabajando como especialista en medicina interna y cardiología en el Hospital Provincial de Santiago de Cuba. Además de su trabajo como médico, introduciendo nuevos métodos y creando las consultas ambulatorias voluntarias nocturnas, también imparte clases de actualización para médicos y clases para alcanzar el sexto grado en la escuela del hospital. Y cuando tiene un rato libre se va a cortar caña.

Al Negro Cabrera le dolía América. A nadie le sorprendió cuando manifestó su intención de irse con el Che a Bolivia, a la guerrilla que debería empezar operando por la zona montañosa cercana a Santa Cruz cruzada por el Ñancahuazú para ir ampliando bases en Argentina, Chile y Perú. La idea era entrenarse sobre el terreno para acabar estableciéndose en Ayacucho en un grupo al mando de Juan Pablo Chang Navarro el Chino.

El 14 de febrero de 1967 llegó al campamento de Ñacahuazú y en el poco más de medio año que estuvo en la guerrilla ocupó su tiempo más en andar y cuidar enfermos que en disparar su fusil. Mientras se van sumando contratiempos, el Che deja al Negro Cabrera en el grupo de retaguardia que comanda Juan Vitalio Acuña, el grupo que es aniquilado por tropas bolivianas mientras intentan cruzar por el Vado del Yeso. La acción no es muy heroica. Los guerrilleros, en el mejor del caso con el agua hasta la cintura, son sometidos a una sesión de tiro al patito.

El Negro Cabrera consiguió escapar entre la confusión dejándose arrastrar por las aguas del río. Estuvo cuatro días caminando por la selva en un vano intento de contactar con la columna del Che, hasta que el 4 de septiembre de 1967, hoy se cumplen 50 años, topó de bruces con tropas de la compañía Toledo de la Cuarta División. Exhausto, levantó los brazos en señal de rendición. La soldadesca interpretó el gesto a su manera y abrió fuego a discreción. Había recompensa por cada guerrillero muerto.

Acribillado y agonizante en el suelo, Restituto Cabreras Flores es rematado de un tiro en la cabeza por un sargento sanitario. Tras comprobar que iba armado con un cortaúñas, cuatro limones y frutos del bosque, su cuerpo fue expuesto al público como un trofeo y luego enterrado en paradero desconocido. El cuerpo del Negro Cabrera fue recuperado en junio de 1999 y pudo ser enterrado en Santa Clara para mantener vivo el recuerdo de aquel médico al que le dolía el mundo y decidió donar su cuerpo y su alma a la Revolución para encontrar una cura que parece no llegar.