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dimecres, 13 de setembre de 2017

Emilio Herrera Linares. 1967.


Hoy se cumplen los 50 años de la muerte de Emilio Herrera Linares, granadino, hijo de padre militar y madre aficionada a la pintura. Católico practicante y monárquico, íntimo de Alfonso XIII. Presidente del Gobierno republicano español en el exilio. Ahora les cuento.

Emilio Herrera empieza estudios de arquitectura, pero su pasión es la aeronáutica y se matricula en la Academia de Ingenieros de Guadalajara para graduarse como teniente con destino a la Escuela Práctica de Aerostación. Le chifla montar el globo y espolvorearse los bigotes con las nubes. Piloto de avión, globo y dirigible, será el primer español, junto al piloto y fotógrafo José Ortiz Echagüe, en cruzar a nado aéreo el estrecho de Gibraltar y creará la primera escuela de pilotos de hidroaviones.

Herrera tiene vocación científica y la aplica con denuedo a la aeronáutica. Acumula prestigio y lo invitan a cruzar el Atlántico como segundo comandante del Graf Zeppelin LZ 127. Le dará tiempo a ayudar a Juan de la Cierva en la construcción del autogiro, diseñar el Laboratorio Aerodinámico de Cuatro Vientos, integrarse en la Asociación de Militares Esperantistas, formar a los futuros ingenieros aeronáuticos españoles como primer director de la Escuela Superior de Aerotecnia y entablar amistad con Albert Einstein tras su visita a España, carteándose ecuaciones durante años.

La proclamación de la II República lo pilla al lado de Alfonso XIII. Decide seguir prestando servicio a su país y al nuevo Gobierno, que le nombra representante en la Conferencia de Desarme de la Sociedad de Naciones, mientras en sus ratos libres patenta una regla de cálculo para la resolución de problemas aerodinámicos, un sistema de doble proyección geográfica  y un flexicalculador para resolver funciones matemáticas e integrales elípticas. Y ya de paso empieza a proponer la posibilidad, y hacerla factible, de un viaje a la luna. El niño que fuera voraz lector de Julio Verne hablaba muy en serio.

Emilio Herrera inventa la escafandra estratonáutica, un modelo de uniforme y escafandra que años después servirá a la NASA para diseñar sus trajes de astronauta. Es un traje espacial con micrófono, sistema de respiración antivapor, visera compuesta por tres cristales que filtraban los rayos ultravioletas, sistema para filtrar el dióxido de carbono, termómetros y barómetros interiores y exteriores y articulaciones y herramientas para medir y recoger muestras. También diseña un globo capaz de ascender a los 26.000 metros de altitud y asomarse al balcón.

Emilio Herrera, miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, va a presentar su maravilloso proyecto aprovechando un curso de veranos que imparte en la Universidad de Santander. Escoge un mal día, el 18 de julio de 1936. Su amigo de correrías aéreas, el general Kindelán, le exige adhesión al Alzamiento. Herrera le contesta que debe lealtad al Gobierno legítimo de la República.

Herrera es responsable de las escuelas de aviación de la fuerza aérea republicana. Su hijo Emilio, 19 años, muere en combate pilotando un Polikarpov I-15. El final de la guerra le fue notificado durante una gira oficial que realizaba por América del Sur. Hay cierta tendencia en España a pagar el conocimiento con el exilio. Emilio Herrera se instaló en Francia con su mujer, de familia muy bien conectada con el Régimen y que se quedó a su lado, y con su hijo José, poeta y comunista, compañero de palabras de Miguel Hernández.

Emilio Herrera sobrevive con lo justo, con lo que va sacando de los artículos científicos que le van publicando y con lo que generan sus patentes. No le faltan suculentas ofertas. Su conocido de cuando surcaban el mar de arriba en dirigible, el general Wilhelm von Faupel le ofrece un cheque en blanco gentileza de Hitler para ponerse al servicio del III Reich en el Laboratorio de Vibraciones de Berlín. Emilio, educado, declina aceptar. No le gusta Hitler ni lo que propone el III Reich. Frente a los que imaginan cohetes que destruyen ciudades siempre quedan los que imaginan cohetes que descubren mundos.

Acabada la II Guerra Mundial asesora al Gobierno francés en temas de aeronáutica y astronáutica y es condecorado por la Academia de Ciencias de Francia. La UNESCO le nombra consultor para el uso pacífico de la física nuclear. Dimite del cargo el día que la ONU le abre las puertas a Franco.

Emilio Herrera Linares fue presidente del Gobierno republicano español en el exilio entre 1960 y 1962. En 1967, utilizando todos los contactos a su alcance fuera y dentro de España intenta proponer la celebración de un referéndum para que los españoles pueden elegir entre monarquía y república, y a partir de ahí trabajar en la reconciliación. Murió el 13 de septiembre de 1967, hoy hace 50 años, un desconocido en su país, al que había jurado la lealtad que le costó el olvido durante muchos años.

En 1993 sus restos de trasladaron a su Granada natal en un acto con un comité de honor presidido por Juan Carlos I, que le debe tener tanto apego a la ciencia como a los referéndums. Emilio Herrera había recibido otro homenaje tras su muerte seguramente más de su agrado. En 1969, Neil Armstrong, tras pasear por la luna, se baja a la Tierra y corre a abrazarse con un señor que trabaja en la NASA y atiende por Manuel Casajust Rodríguez, que había sido colaborador de Herrera. Un Armstrong emocionado le da las gracias por haber trabajado con el hombre que inventó el traje de astronauta. Y le regala unas piedras que se ha traído de allá arriba, hechas de la arcilla de la que están hechos los sueños.

(PD. La roca lunar fue donada al Museo del Aire de Cuatro Vientos y desapareció en 2004. País de chorizos).




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