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dilluns, 4 de setembre de 2017

Restituto Cabrera Flores. 1967.


Metro noventa de estatura, piel aceituna, inteligente, hombre que hablaba lo justo para dejar al margen las tonterías. Restituto Cabrera Flores lo tenía todo para mirar a su alrededor con displicencia y dedicarse a vivir cómodamente y sin sobresaltos. Pero pasa que cuando miraba a su alrededor le incomodaba la injusticia y le daba por querer a los que sufrían.

Restituto Cabrera Flores, el Negro Cabrera, había nacido en El Callao, Perú, y quería ser médico, como también lo serían su hermanos Carlos y su hermana Manuela. Era un estudiante brillante, pero su condición de cholo y sus ideas izquierdistas le cerraron la universidad en Lima y marchó a Buenos Aires, un camino que también seguirían su hermano y su hermana.

Matriculado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, asiduo del bar Los Estudiantes, meollo de las inquietudes políticas de toda una generación, se pagó los estudios trabajando lo mismo de estibador en el puerto como de asistente de luchadores de pressing catch en el Luna Park.

Era un tipo amable, atento y muy querido que hizo las prácticas en el Hospital Rawson. Allí atendió a los heridos del bombardeo de plaza de Mayo de 1955 y allí se desempeñó tras licenciarse. Cabrera Flores curaba a la gente, pero era el mundo el que estaba enfermo y también quiso dedicarle desvelos.

Igual por eso aceptó irse, recién casado, a Taco Pozo, provincia del Chaco, en el Norte Grande Argentino, a sueldo de una compañía maderera que quería sanos el máximo tiempo posible a sus obreros sometidos al trabajo a destajo. El Negro Cabrera se dedicó a sanar cuerpos y espíritus, ejerciendo también de maestro que enseñaba a leer y escribir y ayudándoles a organizarse para reivindicar sus derechos. Los reivindicaron y al Negro Cabrera los patronos lo despidieron. Siguió en el Chaco, en Tres Isletas, creando una cooperativa con otros dos médicos. Los patronos no les dejaron en paz y Cabrera hizo las maletas. Le esperaba una Revolución cubana en marcha.

El Negro Cabrera se va con su esposa y su hija de meses a prestar sus servicios como médico para echar adelante la Revolución, trabajando como especialista en medicina interna y cardiología en el Hospital Provincial de Santiago de Cuba. Además de su trabajo como médico, introduciendo nuevos métodos y creando las consultas ambulatorias voluntarias nocturnas, también imparte clases de actualización para médicos y clases para alcanzar el sexto grado en la escuela del hospital. Y cuando tiene un rato libre se va a cortar caña.

Al Negro Cabrera le dolía América. A nadie le sorprendió cuando manifestó su intención de irse con el Che a Bolivia, a la guerrilla que debería empezar operando por la zona montañosa cercana a Santa Cruz cruzada por el Ñancahuazú para ir ampliando bases en Argentina, Chile y Perú. La idea era entrenarse sobre el terreno para acabar estableciéndose en Ayacucho en un grupo al mando de Juan Pablo Chang Navarro el Chino.

El 14 de febrero de 1967 llegó al campamento de Ñacahuazú y en el poco más de medio año que estuvo en la guerrilla ocupó su tiempo más en andar y cuidar enfermos que en disparar su fusil. Mientras se van sumando contratiempos, el Che deja al Negro Cabrera en el grupo de retaguardia que comanda Juan Vitalio Acuña, el grupo que es aniquilado por tropas bolivianas mientras intentan cruzar por el Vado del Yeso. La acción no es muy heroica. Los guerrilleros, en el mejor del caso con el agua hasta la cintura, son sometidos a una sesión de tiro al patito.

El Negro Cabrera consiguió escapar entre la confusión dejándose arrastrar por las aguas del río. Estuvo cuatro días caminando por la selva en un vano intento de contactar con la columna del Che, hasta que el 4 de septiembre de 1967, hoy se cumplen 50 años, topó de bruces con tropas de la compañía Toledo de la Cuarta División. Exhausto, levantó los brazos en señal de rendición. La soldadesca interpretó el gesto a su manera y abrió fuego a discreción. Había recompensa por cada guerrillero muerto.

Acribillado y agonizante en el suelo, Restituto Cabreras Flores es rematado de un tiro en la cabeza por un sargento sanitario. Tras comprobar que iba armado con un cortaúñas, cuatro limones y frutos del bosque, su cuerpo fue expuesto al público como un trofeo y luego enterrado en paradero desconocido. El cuerpo del Negro Cabrera fue recuperado en junio de 1999 y pudo ser enterrado en Santa Clara para mantener vivo el recuerdo de aquel médico al que le dolía el mundo y decidió donar su cuerpo y su alma a la Revolución para encontrar una cura que parece no llegar.

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