Cercar en aquest blog

dimecres, 27 de desembre de 2017

Juan Gerardi. 1922.


'En nuestro compromiso se encuentra la devolución de la memoria. El trabajo de búsqueda de la verdad no termina aquí, tiene que regresar a donde nació y apoyar mediante la producción de materiales, ceremonias, monumentos, etcétera, el papel de la memoria como un instrumento de reconstrucción social'.
Juan Gerardi

Hoy hubiera cumplido, quizás, 95 años de edad. Juan Gerardi Conedera, obispo guatemalteco que prestó su voz a los humillados de su país. Hijos de italianos, ordenado sacerdote en 1946, ejerció en comunidades rurales y en la periferia capitalina. Aprendió kekchí para decir la misa a los que consideraba sus iguales e impulsó radios en lenguas mayas, frunciendo los ceños de muchas familias católicas de la oligarquía blanca.

El espanto se cernió sobre el país acabando los 70 y Gerardi lo denunció desde su posición, partiédose los hábitos en la educación para formar líderes civiles conscientes de sus derechos. Los que serían asesinado en aquellos años de infamia. La Administración USA, bajo mandato presidencial de Ronald Reagan, consideraba Centroamérica su patio trasero y daba barra libre a dictaduras militares para servir mejos a las corporaciones norteamericanas y reprimir supuestas conspiraciones del comunismo internacional. El mismo Reagan que tras volver de un viaje a Honduras manifestaba sorprendido a la prensa: 'He aprendido mucho. Os sorprenderá, pero resulta que todo aquello son países distintos'.

En Guatemala las operaciones de contrainsurgencia se cebaron en las poblaciones mayas, sindicalistas y activistas por los derechos humanos. El 29 de mayo de 1978, una concentración de campesinos mayas frente al Ayuntameinto de Panzós para reclamar la propiedad de sus tierras, en manos de terratenientes y multinacionales, es disuelta por el Ejército con fuego cruzado de ametralladoras y francotiradores, dejando medio centenar de muertos, incluyendo mujeres y niños, y otro tanto de heridos graves. Juan Gerardi no se calló.

El 31 de enero de 1980, un grupo de indígenas ocupan la embajada española en Guatemala para denuniciar la represión y vejaciones que sufren sus comunidades. La policía guatemalteca toma cartas en el asunto y lo zanja quemándolos en el mismo interior de la embajada con bombas de fósforo blanco. 37 personas arden vivas mientras se impide el acceso a bomberos y cuerpos de socorro. Juan Gerardi no se calló. Igual por eso, aprovechando un viaje al Vaticano, el dictador Fernando Romeo Lucas-García le prohibió volver al país.

En marzo del 82, hay golpe de Estado a cargo de un grupo de jóvenes oficiales que se siden dispuestos a acabar con la corrupción imperante y convocar elecciones en cuanto puedan y haya plenas garantías democráticas. La corrupción les gusta tanto que la adoptan y nunca encuentran el momento para eso de las elecciones. A finales de año, presidencia ya de Efraín Ríos Montt, un batallón de élite del Ejército irrumpe en la aldea de Las Dos Erres, decapitan a machetazos a los adultos, rompen las cabezas de los niños contra rocas y troncos y tras violar a las mujeres las entierran vivas, dejando un reguero de más de 250 muertes. Juan Gerardi, que ya ha vuelto al país, no se calla. El infierno sí es de este mundo.

Juan Gerardi tuvo que esperar a 1988 para poder crear la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala, poniéndose al frente del proyecto de Recuperación de la Memoria Histórica, un ingente trabajo de documentación y entrevistas que daría como resultado el informe Guatemala: nunca más, presentado el 24 de abril de 1998. Los cuatro volúmenes registran 161.500 personas asesinadas, 50.000 desaparecidas y 1.000.000 de exiliadas y refugiadas. Más del 90% de los crímenes fueron ejecutados por el Ejército y bandas paramilitares, el 90% de las víctimas eran civiles desarmados.

Dos días después de presentar el informe, mientras bajaba de su auto tras aparcar en el garaje de la parroquia, Juan Gerardi es asesinado a golpes en la cabeza con un tocho de cemento, quedando totalmente irreconocible al punto de ser identificado por su anillo episcopal.

La investigación del caso es un chiste malo, con la alteración de la escena del crimen a cargo de oficiales del Estado Mayor Presidencial, servicios de inteligencia, y testigos recibiendo amenazas en forma de llamadas telefónicas de advertencia o de paquetes bomba a domicilio. Las versiones de fiscalía no andaban a la zaga: le colgaron el muerto a un indigente, luego a un perro e incluso difamaron sobre un posible crimen pasional fruto de una supuesta homosexualidad de Gerardi.

En cambio las investigaciones de la Comisión para la Defensa de los Derechos Humanos en Centroamérica apunta a oficiales del servicio de inteligencia, encabezados por el coronel retirado Byron Lima Estrada y su hijo, el capitán Byron Lima Oliva. Esa pista es bloqueada con todas las de la ley por una comisión gubernamental constituida por el presidente Alvaro Arzú.

En 1999 toman el caso un nuevo fiscal y un nuevo juez. Intentan primar la honradez y lo pagan marchando al exilio cosidos a amenazas de muerte. Ronald Ochaeta, director de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado recibe la visita de unos individuos que le dejan de recuerdo en tocho de cemento y la amenaza de una pistola cargada sobre la sien de su hijo de cuatro años.

En el año 2000, el testimonio del miembro de los servicios de inteligencia Jorge Aguilar Martínez reafirma la implicación militar en el asesinato. En 2001 la jueza Flor de María García Villatoro ordena la detención de Byron Lima, padre e hijo, y del sargento del Estado Mayor Presidencial José Obdulio Villanueva Arévalo, acusado de ejecución extrajudicial. El fiscal Leopoldo Zeissig formaliza la acusación formal. Jueza y fiscal son hostigados por fuerzas del Estado y varios testigos deben huir al exilio, aún así se celebra el juicio. El Tribunal, ante la sorpresa general de un país sometido a la impunidad de los militares, los considera culpables de asesinato. En octubre de 2002 triquiñuelas legales revocan la sentencia y varios testigos son asesinados. Afortunadamente, en 2003 la Corte Suprema invalidaba la revocación y los tres inculpados cargaban con 30 años de prisión.

Las investigaciones continuaron porque el hilo apuntaba más allá de un coronel retirado y con serios problemas de salud. El sargento Villanueva Arévalo parecía dispuesto a tirar de ese hilo a cambio de rebajar condena. Ese mismo 2003, en un motín en la cárcel donde se encontraba, alguien lo decapitó y calló su boca para siempre.

El coronel Lima Estrada fue puesto en libertad anticipada en 2012 tras cumplir la mitad de sus 20 años de condena. Su hijo, el capitán Lima Oliva, auténtico virrey en el penal donde estaba recluido, moría baleado en el transcurso de un motín. Dicen que cada vez que calla una boca, Alvaro Arzú, ex presidente y actual alcalde de Ciudad de Guatemala, brinda con un suspiro.

dimecres, 20 de desembre de 2017

António Gonçalves Correia. 1967.


Ele levava a Liberdade               
a todo o lugar que ia.
A toda a gente que via
dizia em sinceridade
da sua ideia, a bondade.
António Pereira

Hoy se cumplen los 50 años de la muerte de António Gonçalves Correia. Murió tal como había vivido, en paz. En paz con el mundo y en guerra contra la tiranía. Era aquel hombre afable y determinado que recorría los pueblos de su Alentejo en bicicleta, visitando ferias y mercados para comprar pájaros. Luego se plantaba en medio de la plaza y los liberaba lanzando vivas a la Libertad. Los pájaros en vuelo saliendo de una jaula parecen una buena bandera.

António Gonçalves Correia, poeta, vegetariano, anarquista, pacifista, nacido en la aldea de Sao Marcos da Ataboeira, 'comunista peligroso' según los archivos policiales de la siniestra PIDE que tantas veces le detuvo con cualquier excusa. Las excusas mayormente eran sus escritos en diversas publicaciones, como por ejemplo La cuestión social, que él mismo había fundado en 1916 para defender la emancipación de la mujer, los derechos de los animales o el amor libre. Esas cosas que por lo visto te hacen peligroso.

En 1917 puso en marcha en Vale de Santiago la Comuna da Luz. Vivían de lo que cultivaban y hacían calzado con la idea de cultivar y calzar bondad, fraternidad y bien común, aunque a veces al pasar de la teoría a la práctica te pises los cordones y vayas de traspiés en porrazo. Aún perdura algo de aquella luz encendida por 15 personas en apenas 3 kilómetros de tierras compartidas.

Eran malos tiempos para la utopía. El 5 de diciembre de 1917, Sidónio Pais encabeza un golpe de Estado militar que acaba con él de presidente. En apenas un año desmantela el sistema parlamentario, impone censura de prensa y mete a 20.000 personas en la cárcel.

El 18 de noviembre de 1918 la Unión Obrera Nacional proclama la huelga general, que en general es un fracaso. En Vale de Santiago, no. Los campesinos ocupan tierras al grito de vivan los soviets y la revolución social. El Ejército no tarda en aparecer. Hay mediación entre huelguistas y autoridades para que los ocupantes de tierras las devuelvan pacíficamente a sus propietarios a cambio de no tomar medidas represivas y compensar tanta hambre atrasada de alguna manera. Los campesinos acceden y vuelven a casa. La mayoría son deportados a África, que será por tierras.

A Gonçalves Correia le culpan de haber inspirado la revuelta y es detenido y encarcelado el 29 de noviembre, mientras las fuerzas de seguridad proceden a clausurar y disolver la Comuna da Luz. Antes de acabar el año, el 14 de diciembre, José Júlio da Costa, el hombre que había mediado con toda su buena fe entre campesinos huelguistas y autoridades militares, se va a la Estación de Rossio y le pega cuatro tiros a Sidónio Pais, que deja de ser presidente ipso facto.

En 1926, mientras unos proclaman el Estado Novo, Gonçalves Correia crea la
Comuna Clarão en Albarraque, dedicada a la floricultura y la horticultura. Y a respirar, que la dictadura implantada es el asma de las aspiraciones populares. Comuna Clarão será un punto de encuentro de opositores al Régimen y refugio de perseguidos. Gonçalves Correia vio con cierta tristeza como su nuevo proyecto de pequeño paraíso, su terra de fraternidade, desaparecía a principio de los años 30 por desavenencias internas.

António Gonçalves Correia siguió viviendo. Hasta los 81 años. Aún vive, dicen, en cada niño que desvía su trayecto sobre la marcha para no pisar a una hormiga. Aún vive, por ejemplo, en las páginas de la biografía A Revolução é a minha namorada escrita por Alberto Franco.

dijous, 14 de desembre de 2017

Pedro Álvarez. 1992.


La noche del 15 de diciembre de 1992, mañana se cumplen 25 años, el joven Pedro Álvarez, 20 años, familia humilde de La Verneda, empleado como reponedor en Carrefour, acompaña a su novia Yolanda, que seguro le desnuda con siete razones, hasta su casa en la avenida de Catalunya en L'Hospitalet. Llevan cuatro años juntos, se acercan las Navidades y el futuro parece algo tan real como los besos que se dan.

Cuando Pedro da media vuelta y enfila el camino de vuelta a casa de sus padres, un Opel Vectra blanco pasa a toda velocidad y casi se lleva por delante a Yolanda, que le suelta improperios. El conductor frena en seco, baja del vehículo, discute con la muchacha y la tira al suelo de un guantazo. Pedro vuelve a toda prisa sobre sus pasos para interceder, que ya bastantes hostias da un sueldo escaso. Discuten. El conductor iracundo ya viene caliente por un rifirrafe que acaba de tener con un guardia de seguridad del Hospital de Bellvitge. Y para desahogarse saca una pistola y le pega tres tiros a Pedro, uno en la cabeza. Pedro Álvarez ingresa cadáver en el hospital.

Todas las pruebas llevan a la detención de un tal José Manuel S.F. Resulta que el tal José Manuel S.F. es policía nacional, adscrito a la Brigada de Protección Ciudadana, y todas las pruebas (identificación por Yolanda, es propietario de un Opel Vectra blanco, las pruebas balísticas coinciden con las de las armas utilizadas por las fuerzas de seguridad del Estado) dejan de ser concluyentes. José Manuel S.F. es inmediatamente puesto en libertad y todo atisbo de investigación se va al garete. Desde medios policiales se insinúa que Pedro Álvarez igual andaba metido en asuntos de drogas y luego pasa lo que pasa.

La supuesta investigación, que lleva a cabo la propia policía nacional, obvia pruebas y se salta procedimientos. La titular del Juzgado de Instrucción numero 5 de L’Hospitalet, María José Magaldi, hermana de la actual fiscal jefe de Barcelona, Ana Magaldi, da carpetazo al asunto. María José Magaldi fue ascendida a la Audiencia Provincial de Barcelona, de la que fue presidente su cuñado Javier Béjar García.

Juan José Álvarez, el padre de Pedro, ha dedicado la tristeza de los años sin su hijo a pedir justicia y evitar que el caso caiga en el olvido. El calvario empezó la misma madrugada en que le comunicaban que Pedro estaba ingresado grave en Bellvitge. Nadie acompañó a la familia al hospital. Tuvieron que cruzar Barcelona en coche a toda angustia, incluso les cayó una multa por exceso de velocidad. Y desde entonces un topar continuo en el muro de las instituciones, ahí donde te lapidan a cantos de indeferencia.

El director de cine Pedro Costa intentó abordar el caso Pedro Álvarez en el programa de investigación Al filo de la ley que presentaba Rosa María Mateo en Antena 3, allá por el año 1993. El reportaje ya estaba hecho y a punto de emisión cuando una serie de llamadas obligaron a dejarlo en el congelador.

El caso, tras ser reabierto y vuelto a cerrar por la Audiencia en 2000, puede prescribir en cualquier momento. No prescribe en cambio la Plataforma Pedro Álvarez y su denuncia de la impunidad y los abusos de poder. En ese caminar, mañana, como cada año desde hace ya demasiado tiempo, a las 11 horas habrá flores en la sonrisa de Pedro y a las 20 horas un paseo a su lado por Barcelona.

dimecres, 13 de desembre de 2017

Amparo López Jeán. 1942.


Aunque somos reclusas / y no lo deben olvidar / no cometimos falta / pues no ofendemos la verdad. / Ellos se venden al traidor / y no se paran a pensar/ que en la vida todo cambia / y esto tiene que cambiar.

Se cumplen 75 años de la muerte de Rita Amparo López Jeán, en el exilio, el cuerpo derrotado de cansancio y tristeza. Había nacido en Culleredo. Allí su madre ejercía de maestra. Su madre, Adela Cruz Ramona Jeán Toca, tenía sangre aristocrática francesa. Se la traía al pairo y había dejado el de Jeán original en un simple Jeán. Su padre, Sabino María López Núñez, era abogado y secretario del concello de Santa María de Oza.

Para escándalo de las buenas familias de A Coruña en casa de los López Jeán se hablaba en gallego y así fue educada Amparo. Y ya puesta a cabalgar sobre el escándalo aquella niña de familia bien cabalgaba caballos a pelo por el campo. Acompañó a su madre viuda en su traslado docente a A Coruña y se convirtió en la primera mujer bachiller de la ciudad, además de estudiar música y pintura. Se convirtió en maestra como su madre y venga que dale con el escándalo al juntarse sin casarse con el escritor y periodista César Alvajar Diéguez, para más inri masón republicano.

Amparo y César acabaron casándose para que el escándalo no pisoteará a los hijos e hijas por venir, que estamos en Galicia y 1918. Nacerán Ana María, Javier, Amparo, María Teresa y Agustín, que morirá a los pocos meses.

Amparo López Jeán es una de las fundadoras en 1933 de la Agrupación Republicana Femenina de A Coruña y en 1935 se convierte en la primera mujer que milita en el Partido Galeguista. La Agrupación Republicana promueve la paz, la fraternidad, la justicia social y la democracia, con especial atención a los derechos de las mujeres, a las que se destinan un sinfín de actividades para llevarlas a un primer plano de la vida pública.

La familia Alvajar López se separó cuando en 1936 nombraron a César gobernador civil en Soria. Ya no volverían a estar todos juntos. Ana María y Javier se quedaron en A Coruña y el resto se trasladó a Soria. Tras el golpe de Estado fascista de julio del 36, Ana María, primer violín de la Orquesta Sinfónica de A Coruña y empleada en el Ayuntamiento, fue depurada. Javier fue reclutado en el bando nacional y desertó para cruzar al bando republicano. No lo consiguió y vivió escondido por las aldeas.

Amparo López y César Alvajar, con sus hijas Amparo y Teresa, huyeron a Madrid, de ahí viajaron a Valencia y acabaron en Barcelona. En Valencia la Amparo hija se casa con el escritor Arturo Cuadrado y Amparo madre vuelve a ejercer de maestra. En Barcelona, Amparo López Jeán colabora en los comités de ayuda a los soldados gallegos y se encarga del cuidado de grupos de niños y niñas refugiados hasta que ella misma debe cruzar la frontera francesa con los restos de su familia.

Amparo López fue internada en Argelès y su esposo César desplazado a Normandía. Amparo Alvajar y su marido Arturo Cuadrado partieron al exilio argentino, y ella, traductora y escritora, vivió en varios países europeos como representante de la ONU hasta su muerte en Portugal. María Teresa no pudo pasar la frontera y volvió a A Coruña disfrazada de soldado con el capote que le prestó un soldado gallego al que le dio lástima aquella muchacha de 17 años que estaba en los huesos. En A Coruña fue denunciada y encarcelada durante cinco meses, uno de ellos en el calabozo por cantar una canción con la música de la Joven Guardia Roja a la que unieron sus voces otras reclusas. Javier seguía escondido para evitar la represión.

César Alvajar consiguió sacar a Amparo de campos de concentración y se instalaron en Normandía, trabajando en una fábrica textil. En 1940, Ana María y María Teresa consiguen escapar a Francia y un 14 de abril se produce el reencuentro familiar. La felicidad dura poco, por eso es mayúscula, y la ocupación alemana los empuja hasta Montauban. A los 57 años de edad, cansada y cargada de morriña, Amparo López Jeán deja de respirar el 12 de noviembre de 1942. Lo seguirán haciendo sus hijas y su hijo.

Ana María publicó un libro de poesía y una parte de sus memorias, Soltando lastre. Javier fue alcalde socialista de Carral en 1983. María Teresa mantiene la memoria viva de su familia, y cuando puede se arranca a cantar aquellas estrofas que le costaron un mes adicional de calabozo.

Los restos de Amparo López Jeán fueron trasladado primero a París para reposar el lado de su marido, muerto también en el exilio, y finalmente, en 2006, fueron llevados al cementerio de San Amaro, A Coruña, frente al mar de su Galicia. El concello de Culleredo le puso su nombre a una calle. A veces, algunas veces, la memoria de las calles nos habla de quienes somos, ¿eh, Mariano?...en la vida todo cambia y esto tiene que cambiar...

dilluns, 4 de desembre de 2017

Manuel José García Caparrós. 1977.


Hoy hace 40 años, el 4 de diciembre de 1977, unas doscientas mil personas se manifiestan pacíficamente por las calles de Málaga clamando por la autonomía de Andalucía. Hay familias enteras venidas de toda la provincia. La manifestación tiene todos los permisos gubernativos en regla y los partidos parlamentarios exhiben consenso y concordia. Los partidos han dado el visto bueno a que se cuelguen banderas andaluzas en los edificios oficiales.

Francisco ‘Pancho’ Cabezas, presidente de la Diputación, se pasa el acuerdo por el forro y no la cuelga. ‘Pancho’ Cabezas, falangista, próximo al Frente Anticomunista Español, gran amigo de Enrique del Pino, líder local de Fuerza Nueva. Cabezas ostenta el cargo avalado por el anterior gobernador civil, el psiquiatra José González de la Puerta, un tipo que ha centrado su mandato en limpiar Málaga de perros callejeros. Literalmente. Canis lupus familiaris. Bueno, y ya puestos, limpiarla también de elementos subversivos. El primo psicópata de Mr. Proper, vamos. Cosas de psiquiatra.

La manifestación llega al Palacio de la Diputación Provincial. En el balcón sólo ondea la bandera española y empiezan los abucheos. Por eso y porque en los portales de la Diputación hay un grupo de fascistas, camisa azul y brazo en alto, insultando al personal protegidos por numerosos efectivos de la Policía Armada. En pleno intercambio de patronímicos altisonantes, el joven Juan Manuel Trinidad Berlanga, escayolista de profesión, se encarama al balcón y cuelga la bandera de Andalucía. Alguien da la orden y la policía carga disparando pelotas de goma y botes de humo. Hasta que se aburren. Y sacan las pistolas. Y un cabo dispara sobre Manuel José García Caparrós, 18 años, trabajador en la fábrica de cerveza Victoria, militante de CC.OO, que cae muerto allí mismo.

La policía continua la juerga y llega a ametrallar la fachada del Hospital Civil, que atiende a numerosos heridos. Esa misma noche dimite ‘Pancho’ Cabezas y desaparece del mapa, inmune a cualquier responsabilidad, amparado por sus buenas relaciones con Girón de Velasco y Utrera Molina.

El periodista Rafael Rodríguez califica los hechos de asesinato desde los micrófonos de Radio Juventud, lo cual enfurece mucho al ministro de Interior, Rodolfo Martín Villa, instalado en su dinámica de ‘lo suyo son asesinatos, lo nuestro son errores’. Al día siguiente un grupo de guardias civiles entran en los estudios de Radio Juventud y le dan una paliza a Rafael Rodríguez, por bocazas.

El gobernador civil, Enrique Riverola Pelayo, promete una investigación hasta sus últimas consecuencias, caiga quien caiga. Martín Villa encarga la investigación al subdirector General de Seguridad, José Sáinz González, bregado en la Brigada Político Social de Bilbo, estrella invitada en muchos interrogatorios y reconocido torturador, medalla de oro al mérito policial en 1979 y distinguido con la Pantortilla de Oro por la Peña Campurriana de Santander (sic).

El caso lo instruye Mariano Fernández Ballesta, notorio franquista que desarrollará una plácida carrera judicial. Al mes de papeleo decide dejarlo en manos de la jurisdicción militar. Los familiares son tratados por los tribunales como pelotas de ping-pong. Una comisión parlamentaria no llega a ninguna conclusión y los partidos parlamentarios exhiben consenso y concordia. En los siete años y medio que dura la instrucción nadie es juzgado. A los ocho años el sumario es sobreseído y acaba desapareciendo misteriosamente de los archivos de la Audiencia Provincial de Málaga.

En realidad la comisión parlamentaria sí sacó conclusiones. Concluyó que mejor callarse la boca. Se sabe que el autor del asesinato es un cabo primera del que sólo traslucen sus iniciales. M.P.R. Felizmente jubilado y fenecido hace unos años. 40 años después el Congreso sigue prefiriendo callar la boca y vetar algunas actas de la investigación pese a los intentos por aportar luz de la diputada de Unidos Podemos, Eva García Sempere, y pese a las investigaciones de la secretaria judicial Rosa Burgos, vertidas en Las muertes de García Caparrós, trabajo ampliado del precedente La muerte de García Caparrós, ambos editados por la revista malagueña El Observador.

En 2002, el alcalde del PP de Málaga, Francisco Manuel de la Torre Prados, inaugura una placa en memoria de Manuel José García Caparrós. O por lo que algunos entienden por memoria. Es una placa de mala muerte. Está colocada en un lugar equivocado, le han escrito mal el nombre y no hay mención alguna a cómo murió. El señor alcalde era diputado de UCD y miembro de la comisión que enterró en cal viva los informes sobre el asesinato de García Caparrós en 1978. Primero te matan con plomo y luego a culatazos de infamia.