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jueves, 11 de julio de 2019

Magda Portal



Yo soy un mar porque no hubiera sido un río.
Un mar sin cauces,
de verdes alegrías
y de profundas soledades.
Un mar abarcador
de la vida y la muerte,
del que parten y al que confluyen
todas las fuerzas de la vida.
Yo soy un mar,
pupilas de crepúsculo
y voz de aurora
como ese mar azul
al que yo desperté en mi primer viaje.

Hace 30 años se nos moría Magda Portal, venida al mundo en el distrito de Barranco, Lima, huérfana de padre a los cinco años y abocada a la pobreza con sus tres hermanos y su madre, que saca la familia adelante como puede trabajando de costurera, metiendo a la hija mayor en las monjas y vendiendo la casa a pedacitos hasta perderla por completo. La madre, Rosa Amelia Moreno del Risco, que deja a Magda una gran herencia: una dignidad insobornable, que la llevarán a 11 años de destierros y exilio y año y medio de cárcel; los cuentos que les lee cada noche y la primera visión del mar envuelta en sus brazos.

Magda trabaja desde los 16 años en lo que va saliendo y asiste como alumna libre a la Universidad Mayor de San Marcos, a escuchar, a aprender, a trabar amistad con otros jóvenes, un tal César Vallejo, o un tal Alcides Spelucin, poeta que morirá en el destierro. Y se ve inmersa en las luchas estudiantiles, en toda la represión que provocan y le alimenta aún más la conciencia social.

Magda escribe poemas y cuentos y alguna cosa le publican. A los 23 años gana los Juegos Florales de la Universidad. Cuando los organizadores abren el sobre firmado con seudónimo y descubren que se trata de una mujer, le dan el premio a Alberto Guillén, que ha quedado segundo, y se inventan un premio mención especial para Magda. El día de la entrega de premios, cuando el presidente Augusto B. Leguía se dispone a hacer la entrega, Magda Portal se da media vuelta y los deja con un palmo narices.

Unida al también poeta Reynaldo Bolaños, más conocido por su seudónimo, Serafín Delmar, Magda pone el feminismo en el centro de la revolución socialista que anhela para Perú, promueve las Universidades Populares, recorre las más recónditas aldeas para leer poesía y hablar de un mundo de iguales, y recibe todo el cariño y respeto de un hombre bueno, Juan Carlos Mariátegui, marxista, fallecido sin haber cumplido los 36 años, que le publicará sus primeros libros de poemas.

Acusados de complot comunista, Magda y Serafín emprenden el camino del exilio y ella se afilia al APRA cuando la formación de Haya de la Torre aún da el pego tirando de antiimperialismo y orgullo nacional. Cuando regresan a Perú en 1930, a Serafín le caen 20 años en prisión por supuestas conspiraciones. Magda será detenida 4 años más tarde y encarcelada durante año y medio. Le abren la puerta de presidio para volver al exilio. Recorre el continente llamando a una revuelta de hombres y mujeres libres.

Volverá a Perú en 1945 como directora del Movimiento Nacional para la Educación de las Mujeres. Y APRA le empieza a oler a chamusquina. En el Congreso de 1948 sus dirigentes consideran que como las mujeres no pueden votar, ni hay prisa para ello, no pueden militar en el partido, que ya les regalarán el carnet de simpatizante. Magda Portal les llama fascistas en la cara, da media vuelta y los manda a paseo.

Magda se centra en la creación literaria y será la representante del Fondo de Cultura Económica de México. Escribe una novela, La trampa, sobre su decepcionante militancia en APRA y las traiciones de los dirigentes a las clases populares. En 1985, siendo presidenta de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas, APRA llega al poder con Alan García y le proponen volver, que ya puede militar si quiere. Les contesta con un poema diáfano: ‘Yo avanzo, no retrocedo’.

Magda Portal, apariencia frágil, luz en los ojos, murió a los 89 años de edad. Sus cenizas, solo hay cenizas allí donde ha habido fuego, fueron aventadas al mar de Barranco, el mismo que vio por primera vez siendo niña envuelta en los brazos de su madre.


para quien mis brazos
se abrieron en cruz
y las arañas del sueño tejieron
la seda infinita de la amnesia

conquistador ilusionado
de mis tribus salvajes de tristeza
donde llevaste la religión de una
alegría nueva como los aeroplanos
sobre las selvas vírgenes
Hoy el traje de nuestras almas
es el arco iris de la sonrisa

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